Autor: Fernando Berckemeyer Olaechea
Abogado. Fundador y ex Director de Enfoque Derecho.

En medio de todos los disturbios con motivo del intento del Gobierno de detener las prácticas de capitalismo salvaje de la minería informal en el Perú – y que, según está detalladamente documentado, van desde la casi total deforestación de todo un departamento, hasta el uso de mano de obra infantil y semi esclava- nadie ha gritado más fuerte que el silencio de quienes habitualmente se presentan como las defensores del medio ambiente y de las comunidades autóctonas frente a los abusos de la minería.

Con su voltear la mirada han dejado clarísimo que lo que les importa no es los vertimientos sistemáticos de mercurio, ni la destrucción de los ecosistemas en donde viven las comunidades, ni si los trabajadores laboran en condiciones dickensianas, mientras ello no les signifique la oportunidad de agarrar a una empresa grande, mejor todavía si es trasnacional o representativa de un grupo económico importante, con las manos en la masa – o en algo que por lo menos se le parezca.

Bien vistas las cosas, no es de extrañar. Al menos no si uno toma en cuenta la ideología que nutre – y no sólo en el sentido intelectual- a la mayoría de los elocuentes mudos de los últimos sucesos: la misma que sostiene que los empresarios (sobre todo los grandes) son gentes innatamente explotadoras, mientras que los que no tienen grandes recursos (que, por cierto, y aunque a los nostálgicos del marxismo no se les ocurra, también pueden ser empresarios y estar aspirando a crecer) son intrínsecamente buenos e inocentes. Esta es la base que sostiene todas las variantes de la idea de la lucha de clases y de la mentalidad que permitió que, por ejemplo, nuestro actual presidente pudiera traerse abajo a la que era la candidata favorita en la última elección con tan solo colgarle verosímilmente el nombre – aparentemente deshonroso en el Perú- de “la candidata de los empresarios”.

Admitir que el interés del empresario lo pueden tener todos, ricos y pobres (que no en vano la abrumadora mayoría de empresas en el Perú son pequeñas e informales); que el afán de negocio y de lucro no sólo está en las trasnacionales; y que, en este afán, tanto los más grandes como los más chiquitos son capaces de abusos, sería, claro, romper el esquema maniqueo. Y este esquema funciona demasiado bien como herramienta electoral, como manera sencilla de comprender el mundo y como carnada de fondos internacionales, como para dejarlo ir. Aunque eso suponga, desde luego, dejar pasar tranquilitas a 18,000 hectáreas arrasadas en Madre de Dios o a 50 toneladas de mercurio vertidos anualmente en los ríos de los que, naturalmente, se alimentan las comunidades nativas de la región.

Desde luego que el precio de esta mentalidad es obstruirle el paso al individuo y, por lo tanto, a la meritocracia y al desarrollo. Sólo en las sociedades donde lo que importan son los hechos de las personas, en lugar de sus enmarques socioeconómicos, existen los incentivos para que estas dejen lo mejor de sí – desde su sudor y sus talentos, hasta su capital- en el camino; y no lo peor – como el abuso, que cuando uno sabe que se le presumirá inocente tiende a empujar más de lo que normalmente se atrevería.

Cervantes, que fue hombre pobre toda su vida, lo puso inmejorablemente en los consejos que da don Quijote a Sancho cuando este es nombrado gobernador de la ínsula Barataria: “hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia, que las informaciones del rico”, procurando “descubrir la verdad por entre las dádivas y las promesas” de este último, y los “sollozos y las importunidades” de aquel. Lo que no es más que una forma literaria de decir que la justicia debe ser ciega respecto de las personas, y no la dama fisgona que, representativamente, tenemos en el vitral de nuestro Palacio de Justicia y – al menos en lo que toca a los contextos socioeconómicos- en la mente de tan buena parte del establishment político e intelectual nacional.

¿Cómo citar este artículo?

BERCKEMEYER OLAECHEA, Fernando. Ni lágrimas ni dádivas. En: Enfoque Derecho. 30 de abril de 2010.http://enfoquederecho.com/ni-lagrimas-ni-dadivas/(visitado el dd/mm/aa a las hh:mm).

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