Autor: Francisco Valdéz Seminario
Estudiante de Derecho de la Universidad del Pacífico.

El grupo de los 75 con Guillermo Fariñas y Orlando Zapata como miembros más emblemáticos, es solo la más reciente manifestación de un grupo muchísimo más grande de valientes cubanos que se han atrevido a oponerse al régimen de los hermanos Castro y a su brutal represión política. Verdaderos cubanos, gente valiente dispuesta a morir frente al pelotón de fusilamiento gritando ¡viva Cuba libre!

En la primavera del 2003 se capturó y condeno de manera arbitraria y absolutamente desproporcional a estas 75 personas; juicios de un día y penas de 28 años. En el camino han muerto algunos, otros siguen presos bajo promesa de ser liberados y algunos ya fueron cobardemente desterrados. Me permití tomar como título para este artículo el del documento que surgió como respuesta a las tesis del congreso del Partido Comunista de Cuba de 1997. (Encontré también de invalorable utilidad el artículo “Apuntes para la historia del movimiento disidente en Cuba” de Adolfo Rivero Caro).

La valiente respuesta fue redactada por Vladimiro Roca, Marta Beatriz Roque, Felix Bonne Carcacés y René Gómez Manzano. El gobierno había invitado expresamente a la población a dar su opinión. El resultado de este desafío ideológico fue típico: todos a la cárcel. Muy a la Mao y su Revolución Cultural. Las tesis desarrolladas en ese congreso planteaban que el Partido Comunista de Cuba era “el partido de los derechos humanos”, curioso sin duda cuando vemos las violaciones sistemáticas a los mismos a lo largo del régimen totalitario Castrista. Los líderes del Comité Cubano Pro Derechos Humanos, rostro visible de la disidencia cubana, han venido siendo hostigados y encarcelados sistemáticamente desde su fundación en 1976. No olvidemos que en abril de 1980 con la manifiesta impopularidad del régimen que llevó a los sucesos de la embajada del Perú, Ricardo Bofill, Elizardo Sánchez, Adolfo Rivero, Enrique Hernández y Edmigio López Castillo son encarcelados.

No quiero dejar de mencionar a otros valientes disidentes cubanos. Mario Chanes de Armas, asaltante al Moncada y expedicionario del Granma que, al no simpatizar con el comunismo y rechazar todos los cargos que se le ofrece es condenado a 30 años de cárcel. Hubert Matos condenado a  20 años de cárcel por oponerse al giro comunista de la revolución. Marta Frayde, repugnada por los abusos de la UMAP, el monolitismo ideológico y la creciente represión renuncia a su embajada en París; 20 años de cárcel. Finalmente Gustavo Arcos Bergnes, quien regresa a Cuba para presentar la renuncia a su cargo y se le condena a 20 años; hasta el día de hoy sigue en la isla y desde allí dirige el Comité Cubano Pro Derechos Humanos.

No pretendo con este artículo defender la inocencia de esta gente: los juicios de todos ellos fueron una farsa, las penas a las que fueron condenados amenazan al resto de los cubanos ¿Qué duda cabe de ello? ¿Pero de qué son culpables entonces? Definitivamente de atreverse a pensar de manera distinta en un régimen totalitario; algo que nunca es muy práctico si le tienes cariño a tu vida. También de no perder la esperanza de vivir en una Cuba libre, de resistir caer en la espiral autodestructiva del alcoholismo y dependencia al meprobamato que permea a toda la sociedad cubana, a no tomar la solución fácil de suicidarse en una isla donde, si bien el gobierno no da información real, se rumorea que se tiene una de las tasas de suicidios más altas del mundo. Recomiendo leer la reveladora crónica de Lygia Navarro en Etiqueta Negra “Bienvenidos a Cuba, la isla más triste del mundo”.

Son, definitivamente, culpables de exigir que se respete su “constitución”, la cual aparece como producto del intento de los gobiernos satélites Soviéticos por conseguir legitimidad y reconocimiento de occidente a mediados de los 70, y claro también influyó que Brezhnev ya había decidido que todos los países alineados con la URSS necesitaban una. Estas “constituciones” fueron redactadas a la luz de la firma de los Acuerdos de Helsinki de 1975, en cuyo Principio 7 del Acta Final: “respeto por los derechos humanos y otras libertades fundamentales, incluyendo la libertad de pensamiento, consciencia, religión o creencia”, irónicamente se pretendía acatar. No olvidemos tampoco el descaro de pretender concordar con el artículo 21 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre; “La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas…”. Seamos honestos, el sistema electoral en Cuba, y en básicamente todos los países que estuvieron bajo influencia Soviética, recuerda la famosa frase de Henry Ford en referencia a su modelo T “el cliente puede tener su automóvil del color que desee, siempre y cuando desee negro”, y es que sí pues: en Cuba puedes escoger a quien quieras siempre y cuando sea el candidato del Partido Comunista de Cuba.

Lamentablemente Cuba es una isla con tendencia a desterrar a quienes le desean bien, que más claro que el destierro del gran héroe cubano José Martí.

El destierro, figura que se origina en la antigua Grecia, siempre me ha resultado insolentemente arbitrario, me imaginó que nunca comprenderé como un grupo de personas te puede quitar el derecho a vivir en el lugar donde naciste, con la gente que creciste, hablando tu idioma y comiendo tu comida. A pesar de esto, me voy a permitir verlo con buenos ojos en este caso. Los Castro saben que sus manos están manchadas de sangre, bastante de ella inocente, también que la Unión Soviética colapsó hace ya casi 20 años y que los abusos rampantes de su régimen no se están dejando pasar impunemente. Desterrar a los disidentes es aceptar que se les tiene miedo, que se les reconoce la capacidad de levantar al pueblo cubano contra la opresión, que se teme que años de dictadura no han logrado matar el deseo de libertad de todo un pueblo. La dictadura no puede permitirse otro disidente muerto, el totalitarianismo perverso está teniendo miedo, sabe que no es invulnerable ni omnipotente y que ya no puede solucionar su falta de apoyo popular y legitimidad con falsos juicios, cárcel y muerte. Me atrevo a decir que el régimen que viene destruyendo a Cuba como nación tiene sus días contados.

¡Viva Cuba libre!

¿Cómo citar este artículo?
VALDÉZ SEMINARIO, Francisco. La Patria es de Todos. Publicado el 19 de julio de 2010. http://enfoquederecho.com/la-patria-es-de-todos/ (visitado el dd/mm/aa a las hh:mm).

5 COMENTARIOS

  1. A manera de recomendación, cuidado con algunos temas formales: no se puede escribir “constitución”, con minúscula. En general muy de acuerdo con la postura, aunque no creo que la conclusión final se sustente en ningún hecho presentado en el artículo. En cuba la represión ha estado presente desde que se consolidara la Revolución y no veo algún hecho importante que sustente la apreciación final. Parece un artículo ideológico o político, por ratos.
    Cuba es un caso muy paradójico, pero en lo tocante a las libertades políticas la situación es indefendible, por lo que reitero, coincido con tu posición. De todas formas el artículo está bueno, pero no le veo el análisis jurídico ni tampoco el politológico, en caso se haya tratado de realizar.

    • Para quien escribió el comentario del 19 de julio a las 3:34. Si vas a corregir la forma como otros escriben, quizás sería bueno que primero te fijes en como tú mismo escribes. Cuba se escribe con mayúscula por ser el nombre de un país, y no con minúscula como lo has escrito tú en el 4 renglón de tu comentario.
      Saludos cordiales,
      FLMQ

  2. anónimo: agradezco las correcciones, aunque no termino de estar de acuerdo contigo en relación a no poder escribir constitución con minúsculas. La mayúscula implicaría reconocerle una legitimidad que dificilmente tiene, es más, ese es uno de los puntos principales aquí. El artículo no pretendía ser ninguna de las dos cosas que mencionas, pretendí simplemente dar una breve reseña sobre el tema y mi opinión al respecto. Sigo pensando que este destierro masivo sí es un síntoma de la insostenibilidad del actual régimen y sobre todo, que los Castro dudan de su sostenibilidad. Lógicamente es una posición debatible.
    Idabell: muchas gracias

  3. Disculpa, olvidé colocar el nombre en la primera entrada.
    1. Por un tema de formalidad, creo igual debería escribirse Constitución con mayúscula. Si crees que es una aberración de Constitución sería bueno usar comillas, por una cuestión de utilidad. En minúscula se confunde con otros significados, diferentes al cual haces referencia. Además, es poco común, por decir lo menos, que alguien que analice cosas de Derecho decida libremente tachar Constituciones. La nuestra no lleva la firma del Presidente, quien además está en la cárcel, y es producto de un golpe de estado, igual creo que merece su “C”, aunque se pida su cambio por ilegítima.
    2. No entiendo por qué dices que la Constitución de Cuba no tiene legitimidad. Y ahí hay un tema interesante, la Constitución Cubana contempla en su artículo 1° como fin de la República, el goce de libertad política, por lo que muchos de los actos del gobierno estarían atentando contra la Constitución, y no al revés.
    3. Aunque con pena, creo que los destierros no son síntoma de la debacle del gobierno. No creo que se haya llegado a un punto de inflexión, lamentablemente. Como te comentaba, estas cosas han pasado desde hace mucho, y peores crisis han habido. Por eso decía que no encontraba nada en tu artículo que indicara lo contrario. Aunque está bien redactado y en efecto es más un comentario que un análisis jurídico o politológico. El riesgo con esa clase de publicaciones es que al final se sustente en el: “a mi me parece que..”

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