Hace unos días estaba revisando el diario El Comercio y me crucé con una noticia que no pudo dejar de interesarme: entre enero y junio de este año la Dirección de Investigación de Robo de Vehículos de la Policía Nacional del Perú (DIROVE) ha sido capaz, mediante la interceptación y desarticulación de bandas organizadas de asaltantes, de recuperar el 72% del total de vehículos que habían sido robados en ese lapso de tiempo[1]. Creo que todos hemos escuchado alguna vez que alguien cercano ha sido víctima de estas bandas de asaltantes o, peor aun, nosotros mismos hemos sido las víctimas, en el mejor de los casos, del robo de un simple espejo y, en el peor, de todo el carro. En el Perú, por diversas razones, la Policía es una de las instituciones más desprestigiadas, no solo por la corrupción que la caracteriza, sino también por su ineficiencia y aparente falta de capacidad para lidiar con los problemas que agobian a nuestra sociedad y para cumplir con sus fines.

Por lo expuesto, la noticia a la que he hecho referencia debe resultar de interés para todos. A mí me llamó la atención que frente a la ineficiencia que siempre se le adjudica a la policía, los logros de la mencionada dirección resultan bastante aceptables y al leer la noticia en mención no pude dejar de preguntarme cómo es que esto era posible. Luego recordé una experiencia que me permitió esbozar una posible respuesta o al menos una explicación parcial a la eficiencia con la que la DIROVE ha venido actuando.

Hace ya varios meses mi tía fue víctima de un asalto. Se compró una camioneta nueva y luego de un par de semanas de estrenarla, cuando se encontraba realizando el pool del colegio de mis primas, un misterioso carro se detuvo repentinamente delante de ellas. Del carro se bajaron tres hombres con pasamontañas y pistolas, las amenazaron, las bajaron de la camioneta y se la llevaron. Después de pasar por esta desagradable experiencia mi tía hizo lo que tenía que hacer: se contactó con su compañía de seguros y fue a la comisaría a realizar la denuncia. Tres semanas después la llamaron de la compañía de seguros y le informaron que la camioneta había sido ubicada por la policía y estaba abandonada en un arenal en Chimbote. Aparentemente los ladrones la habían usado para asaltar un banco y luego de cumplir con su finalidad habían optado por dejar la camioneta en medio de la nada.

Dramas aparte, lo interesante de todo este caso es que cuando mi tía fue a hablar con la gente del seguro y de la policía, se entero a través de una conversación con alguno de sus representantes que la compañía de seguros le iba a pagar a la policía una especie de “bono” de 5 mil dólares por haber recuperado la camioneta, cosa que tiene sentido ya que de lo contrario hubieran tenido que pagarle unos 30 mil dólares a mi tía por ser ese el 80 o 90% del valor del vehículo. Más aun, le dijeron que se trataba de una práctica bastante extendida.

Creo que está claro que el pago de este “bono” no fue por los honorarios de los policías y era totalmente ilegal. La policía a través de sus direcciones tiene el deber de servir a la ciudadanía y cumplir con una serie de finalidades. En principio los ciudadanos no tendríamos por qué pagar ningún tipo de contraprestación por este tipo de servicio público dado que pagamos impuestos; por lo tanto el pago de este “bono” sólo sería una de las tantas formas de corrupción tan institucionalizadas en la policía, organización que utiliza todos los medios a su alcance para “financiar” sus actividades y los bolsillos de sus integrantes. En todo caso no podemos negar que 5 mil dólares por recuperar un carro representa un incentivo atractivo para cualquier organización dedicada a la realización de este tipo de actividades.

Todo esto puede llevarnos a reflexionar: desde hace años que las ciudades más importantes de nuestro país atraviesan grandes olas de violencia y delincuencia, problema que la policía no es capaz de solucionar ni de enfrentar de manera coherente ni eficiente. A lo largo de las últimas semanas el gobierno ha dado una serie de medidas (criticadas por muchos por tan solo maquillar el asunto y no enfrentar los verdaderos problemas estructurales de fondo), entre las cuales está enviar a más efectivos policiales a las calles para que puedan enfrentar los problemas que realmente agobian a la ciudadanía. Mi pregunta es: ahora que está tan de moda dar todo en concesión, ¿por qué no dar los servicios realizados por direcciones como la DIROVE en concesión?

En nuestro país abundan las empresas de seguridad por lo que probablemente no sería difícil conseguir buenos concesionarios. Las compañías de seguros o las víctimas pagarían a estas empresas por recuperar el carro robado, por lo que  la empresa tendría un fuerte incentivo ya que mientras más carros fuesen recuperados, más ganancias obtendría, ya no habría un problema de corrupción como el que actualmente se da entre las compañías de seguros, y la DIROVE y más efectivos policiales podrían abocarse a otras tareas, como, por ejemplo, patrullar las calles contribuyendo a disminuir el índice de este tipo de delitos. La idea puede ser cuestionable, sin embargo, dado el estado actual de las cosas creo que vale la pena discutirla. Si es viable desde un punto de vista legal es un tema que será discutido en un próximo artículo.


[1] http://elcomercio.pe/impresa/notas/recuperan-72-vehiculos-robados/20100906/634716

¿Cómo citar este artículo?

VALDIVIA MONTES, Andrés. Sobre robos vehiculares y concesiones. En: Enfoque Derecho, 12 de setiembre de 2010. http://enfoquederecho.com/sobre-robos-vehiculares-y-concesiones/ (visitado el dd/mm/aa a las hh:mm).

2 COMENTARIOS

  1. Interesante y atrevido artículo. El enfoque que le diste a la forma ilegal de financiación de la PNP es atrevido y, al mismo tiempo, saludable.
    Sin duda, el bono que paga la compañía de seguros a la policía es una invitación a la jugarreta del secuestro de automóviles.
    Peor aún, existen casos en que la PNP atribuye delitos falsos a personas con antecedentes penales. Todo en busca de limpieza de imagen de la institución a través del juego mediático en la prensa escrita y televisiva.
    Lúgubre situación en que vivimos.
    Ojalá artículos como éste demuestren que los ciudadanos estamos al tanto de lo que sucede con la corrupción de la PNP.

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