Por: Alonso Barreda
Estudiante de Derecho PUCP. Ex miembro de THEMIS.

Todo sucedió el Domingo 19 de Septiembre a las 15:00 horas en Parque Roosevelt (esto queda en la cuadra uno de la avenida Alvarez Calderón). En Pleno corazón de San Isidro.  Habían cinco amigos conversando adentro de una camioneta apagada en los estacionamientos adyacentes al parque. En medio de la conversación se prende y empieza a rotar un pito de marihuana. Pasan dos minutos, y con el pito consumiéndose recién por la mitad, llega un serenazgo en moto que se cuadra a diez metros y sospechosamente empieza a vigilar la situación. Pasan tres minutos más, y con el pito ya apagado por la mitad, llega una camioneta de la municipalidad con tres serenazgos y un policía dentro. Ante la paranoia generada, en parte por la marihuana y en parte por la situación, los cinco amigos deciden bajarse del carro para conversar afuera y ver qué pasaba. Pero, por la evidente salida de humo desde la camioneta los serenazgos y la policía deciden intervenir.

Tras cinco minutos de trámite con los efectivos la salida fue simple. Tres argumentos jurídicos les dieron a entender que no tenían nada que hacer en el lugar. Primero, la cantidad total de marihuana que había era menor a los ocho gramos de posesión personal permitidos por el artículo 299 del Código Penal. Segundo, el carro estaba apagado de tal forma que el consumo se dio dentro de propiedad privada y no en la vía pública ni dentro de un vehículo motorizado en tránsito. Tercero, quien manejó hasta el lugar, misma persona que manejará después, no consumió marihuana de tal forma que al no encontrarse bajos los efectos de esta sustancia no se violó ni violará ninguna disposición del Código de Tránsito.

En resumen, lo que sucedió fue que ante un grupo de amigos que se reúnen a conversar (y sí, con un huiro de por medio) los serenazgos y la policía actúan rápida pero inefectivamente. En cuestión de diez minutos hay tanto una moto como una pick-up, componiendo un total de cinco agentes. Pero, al momento de tratar de imponer la ley, se dan cuenta que no pueden hacerlo ya que técnicamente no tienen ley alguna que imponer. Es decir, lo que realmente ocurrió fue un inefectivo despliegue de recursos ante una situación totalmente inofensiva y totalmente legal.

Después que se retiraran los serenazgos y la policía escuché de uno de mis amigos un argumento que, aunque no jurídico, mil veces superior a cualquiera de éstos: ¿Con qué descaro vienen cinco tombos a tramitarnos por fumar una planta entre nosotros y sin molestar a nadie, cuando hace dos días asesinaron a un señor a tres cuadras? Me quedé pensando y me pregunté: ¿Dónde habrán estado esos mismos cincos efectivos hace 48 horas? ¿Quizás tramitando inefectivamente a otro grupos de amigos? ¿Quizás tratando de dirigir el tránsito pero creando un asqueroso y estresante atracón? Quien sabe..

Si es que todavía no es obvio, lo confieso: estuve presente en esta situación, yo era uno de los cinco amigos en el parque. Sin embargo, aquí el tema no es analizar, positiva o negativamente, el consumo o la posible legalización de las drogas (Para eso los invito a visitar: http://www.enfoquederecho.com/?q=node/458). Personalmente, alguna vez he probado marihuana y aunque no la consumo, ni la consumí este domingo, no tengo ningún problema ni prejuicio respecto de quienes lo hacen. Creo que el qué hacer con su cuerpo es una decisión personal que cada uno tiene, siempre y cuando afronte las consecuencias de sus actos.

El tema a analizar aquí es la efectividad del despliegue de recursos policiales. No estoy diciendo que la policía deba hacer la vista gorda en escenarios en donde podría, y debería, aplicar la ley. Todo lo contrario, lo que argumento es que en un país en donde la sociedad sufre por tanta violencia y en donde día a día somos testigos de crímenes en dónde se balea a una niña en plena luz del día o se mata gente sólo para robarle el celular considero realmente ilógico e ineficiente el rol que cumple una parte de las fuerzas policiales al momento de dirigir el tránsito, tramitar a quienes fuman marihuana o tocar timbres pidiendo que los vecinos bajen el volumen de sus radios o televisores.

Te invito a reflexionar conmigo. ¿Cuándo fue el último día que abriste el periódico y encontraste una noticia como esta: “Cambista baleado”, “Mató a cuchillazos” o “Asesinado por un celular”? Sigamos, ¿el mismo día que leíste esa noticia circulabas por las calles de Lima en medio de su irritante y estridente tráfico? Y, ¿cuándo descubriste su causa pensaste en qué hace un policía parando la circulación de carros en un óvalo, cuando precisamente el diseño de óvalo hace que el tráfico fluya? o ¿Que bruto este tombo, que no se da cuenta del atracón que ha creado dos cuadras atrás, como secuela de parar el tráfico en este cruce? ¿Por qué no deja a los semáforos dirigir el tránsito si, en teoría, están perfectamente sincronizados para hacer circular el tráfico en un macro-nivel?

Simplifiquemos el tema. Si hubiera la cantidad necesaria de policías, que estuvieran bien remunerados y debidamente incentivados para cumplir con su trabajo, entonces que presten sus servicios a cabalidad para hacer cumplir todas y cada una de las disposiciones de la ley. Pero, tal como está la situación hoy en día y ante la falta de recursos con que cuenta la policía, creo que ésta debe de priorizar su rol de brindar seguridad previniendo el crimen y asegurando la persecución del delito. Ahora te pregunto, ¿Prefieres que cinco amigos se fumen un huiro en el parque de tu barrio o que asesinen a una persona en la esquina de tu casa?

3 COMENTARIOS

  1. Excelente análisis jurídico.

    Algo que no me quedó claro es el momento en que el conductor de la humeante camioneta sacó la máscara antihumo.

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