Hace algunos meses atrás tuve la oportunidad de visitar el Newseum ubicado en Washington DC. El Newseum es un museo interactivo cuya misión es “educar al público acerca del valor de la prensa libre en una sociedad libre y democrática”[1].

Al llegar a las puertas del Newseum me sorprendió ver que en su fachada se encuentra colocada una losa de mármol de 22.5 metros en la que se encuentra grabada la Primera Enmienda de la Constitución Norteamericana.

La Primera Enmienda de la Constitución Norteamericana reconoce la libertad de expresión, prensa y reunión. A la letra dice: “Congress shall make no law respecting an establishment of religion, or prohibiting the free exercise thereof; or abridging the freedom of speech, or of the press, or the right of the people peaceably to assemble, and to petition on the government for address of grievances”.

No es una novedad el decir que cualquier sistema de reglas será efectivo solo en la medida que el grupo al cuál le sea aplicable las interiorice no solo como necesarias, sino sobre todo, como beneficiosas. Cuando ello no pasa, el resultado es evidente: los miembros del grupo buscarán la forma de “sacarle la vuelta” al sistema y no les importará en lo más mínimo si éste no se respeta.

¿Qué puede significar el que en los Estados Unidos (a) exista un museo dedicado exclusivamente a la libertad de expresión y prensa; y, (b) en su fachada se encuentre tallada la previsión constitucional que reconoce tales derechos? Pues simplemente que sus ciudadanos han interiorizado la importancia de tales derechos para su adecuada convivencia en sociedad (de ahí incluso el espacio físico que le han destinado). Quizá por ello cualquier amenaza a tales derechos será percibida como algo sumamente serio para los norteamericanos.

¿Se imaginan ustedes que en el Perú exista un museo de este tipo? ¿O acaso se imaginan que algún edificio (sea privado o público) tenga en su fachada una losa con el inciso 4 del artículo 2 de la Constitución impreso? O más aún, ¿creen siquiera que algún porcentaje de peruanos saben que en la Constitución del Perú se encuentra reconocida la libertad de expresión y prensa?

Quizá ello nos muestre que, a diferencia de los norteamericanos, los peruanos no hemos interiorizado la importancia de estos derechos. No los percibimos ni como necesarios ni como beneficiosos. De ahí que para nosotros su falta de vigencia o supresión no nos generen mayor preocupación. Es por ello que no resulta extraño encontrar en el Perú un monumento a la maca[2], pero no un lugar dedicado a la libertad de expresión y prensa como el Newseum. Al parecer, para los peruanos la maca es más importante que un derecho civil fundamental.

Y quizá lo que ha pasado recientemente sea una clara evidencia de ello.

Durante las últimas semanas en algunos medios ha surgido una preocupación (debidamente fundada a mi parecer) respecto de la vigencia y respeto de la libertad de expresión y prensa en el Perú. Ello debido a dos particulares hechos: (a) lo señalado por el candidato presidencial Ollanta Humala en su plan de gobierno y durante toda la campaña presidencial; y, (b) por los lamentables despedidos de algunos periodistas del principal grupo de medios de comunicación del Perú, aparentemente, por no “alinearse” en la defensa de la candidata presidencial Keiko Fujimori.

Pese a la preocupación que estos hechos deberían de generar en la población, lo cierto es que han pasado bastante desapercibidos. Pareciera que a los peruanos no les interesara mucho si en nuestro país los dos candidatos a la presidencia garantizan o no el respeto a tales derechos. En efecto, ni Humala ni Fujimori han visto menguadas sus preferencias por estos hechos, como probablemente hubiera ocurrido en otros países como Estados Unidos.

Si bien este hecho causa extrañeza a muchos, en realidad no debería. Si evaluamos el comportamiento de nuestra sociedad, veremos que claramente no parecemos dar ningún valor real a la libertad de expresión y prensa:

(a)  Vemos sin mayor reparo como periodistas comprados durante el gobierno de Alberto Fujimori para seguir su “línea”, siguen actuando sin mayor problema en importantes medios de comunicación (de hecho, ¿alguno si quiera recuerda a quiénes me refiero?).

(b)  Vemos como para la mayoría de peruanos solo parece ser legitimo manifestar libremente una opinión cuando ésta es considerada “correcta” para la sociedad. Por eso nos indignamos cuando un grupo pro derechos de los homosexuales realiza una manifestación pacífica frente a la catedral de Lima, pero no nos inmutamos cuando el Cardenal señala que “los homosexuales no están en el plan de Dios”.

(c)   Colocamos una serie de limitaciones sin sentido a la publicidad comercial (que no es más que una forma de libertad de expresión), pero no nos preocupa cuando un político miente abiertamente en la televisión.

(d)  Vemos medios de comunicación claramente alineados a determinados grupos de interés y no parece molestarnos en lo absoluto.

(e)  Vemos como la administración limita la libertad de expresión al, por ejemplo, impedir registrar determinadas marcas por ser contrarias a la “moral” (caso del pezweon), sin que nos inmutemos.

Ante este panorama, ¿a alguien le queda alguna duda que la sociedad peruana no ha interiorizado la libertad de expresión y prensa como un derecho fundamental? Y si esto es así con un derecho civil tan relevante, imagínense lo que sucederá con derechos como la propiedad, la libertad de contratar, la libertad de empresa u otros derechos que, por su contenido económico, a veces parecen ser percibidos como menos importantes por la sociedad.

Hace una semana Alfredo Bullard escribía en su blog[3] que la agenda del país debería ser una que priorice nuestra institucionalización. Hacer que conceptos como enforceabilityaccountabilityrule of Law[4] tengan algún sentido para los peruanos. Nada más cierto, aunque lamentablemente más dejado de lado por nuestros políticos y autoridades.

Mientras nuestra sociedad no haga suyos determinados valores e interiorice la importancia de nuestro sistema para poder desarrollarnos adecuadamente y convivir de manera pacífica, veremos a diario violaciones a derechos y libertades sin que nada suceda. Y veremos también como tenemos más monumentos a la maca, pero nunca Newseums.


[1] http://www.newseum.org/about/overview/newseum-core-messages/index.html

[2] http://peru21.pe/noticia/675098/maca-tiene-monumento-junin

[3] http://blogs.semanaeconomica.com/blogs/prohibido-prohibir/posts/sobre-pizarro-alan-humala-y-the-rule-of-law

[4] Estos conceptos no tienen una traducción al castellano. Tal como señala Bullard, de manera limitada estos conceptos podrían ser traducidos de la siguiente manera: (a) el Enforcement significaría algo así como “hacer cumplir las leyes, reglas y compromisos”; (b) el Accountability sería algo así como la “rendición de cuentas” por parte de los agentes estatales por el uso de sus facultades públicas; y, (c) el Rule of Law podría ser traducido como “Estado de Derecho”, es decir, la conciencia que deberíamos tener los ciudadanos que hay un ordenamiento que esta vigente, que es predecible, y que se aplica con justicia e igualdad a todos.

4 COMENTARIOS

  1. Amigos de Enfoque Derecho, mucho agradezco sus permanentes y actuales artículos de política y derecho, no solo me mantienen informado sino sobretodo aseguran mis convicciones.
    Me permitiré discrepar democráticamente con el presente articulo y sus ejemplos: i) el grado de respeto y ejercicio de cada uno de los derechos humanos varía según las condiciones particulares de cada individuo y de su sociedad; ii) la nación peruana no es ni deber ser americana ni mucho menos solo la capital; iii) la libertad de expresión en el plano de la realidad constituye todo un poder, y un poder presentado y representado por una minoría aunque insignificativa en número, significativa en poder, iv) ciertamente los derechos humanos son interdependientes y demás, pero personalmente creo necesitar con mayor urgencia de otros derechos humanos, (en el caso de peruanos que ni siquiera tienen acceso a Internet, la cosa debe ser peor), v) con toda la basura de la televisión, donde la información se confunde con opinión y donde ésta se vende sin reputación, estaría dispuesto a solicitar su restricción sin pegarle un grito al cielo, vi) desde mi nacimiento he interiorizado derechos económicos, sociales y culturales pero el Estado dice que los mismos no tienen justiciabilidad directa (CorteIDH), dependiendo al final su satisfacción más de mí mismo que del Estado.
    Usted tiene bastante razón cuando señala que “no parecemos dar(le) ningún valor real a la libertad de expresión y prensa”; sin embargo, los argumentos parecen corresponder únicamente a nuestra capital. No obstante ello, algunos comentarios a los mismos: i) “Los homosexuales no están en el plan de Dios”, no según el cardenal sino según la Biblia, libro cuya autoría no es humana sino divina, ii) el extremo liberal de los derechos humanos terminará por extinguir su propia creación, o al menos oscurecer su esencia, sino se ponen correctivos cuando se vulneran otros derechos como a la intimidad, a la buena imagen, etc.
    Cuánto añoro ocuparme y preocuparme más por mi libertad de expresión y de prensa; parecen lujos ese tipo de derechos, perdone la sinceridad. Bueno, agradezco otra vez su artículo y a Enfoque Derecho. Saludos.

  2. Gracias por tu comentario Dagoberto. Algunas reflexiones a partir de lo que indicas:
    El que señales que (a) en el contexto peruano preocuparse por la libertad de expresión es “un lujo” y, por tanto, deberíamos preocuparnos prioritariamente por otros temas; (b) que debido al “poder” que tienen algunos medios de comunicación y las actuaciones indebidas que realizan (que en el propio post indico existen y considero negativas), preferirías la restricción de la libertad de expresión en ciertos medios; y, (c) que identificas esta problemática más como un asunto de la “capital” en contrapartida del “interior” del país; no hace más que mostrar precisamente el punto que intento mostrar con el post: como sociedad (peruana en general, tanto capital como interior) no nos interesa mucho la libertad de expresión.
    Creo que esto es bastante grave, porque en toda sociedad libre y democrática la libertad de expresión es una piedra angular. Solo el libre intercambio de ideas nos permite tener una garantía de desarrollo y de respeto del individuo. La libertad de expresión se erige no como una garantía para grupos de poder (como señalas), sino por el contrario, de cada individuo de la sociedad.
    De hecho, la libertad de expresión garantiza el acceso de los ciudadanos a la información necesaria para defender sus derechos y fiscalizar los excesos que los agentes puedan cometer en la realidad, sean estos privados o públicos. Solo recordemos que el gobierno del ex presidente Fujimori tuvo su golpe mortal precisamente por la labor de periodistas honestos que, en ejercicio de la libertad de expresión, expusieron la corrupción que sustentaba este gobierno (¿podríamos imaginar qué hubiera pasado si el video Kuori – Montesinos no hubiera visto la luz? Cosa me queda claro hubiera sucedido si precisamente el gobierno pudiera imponer restricciones a la libertad de expresión de determinados medios de comunicación).
    Creo que ninguna sociedad puede aspirar al desarrollo si sus integrantes no interiorizan la importancia de determinados valores y derechos. La libertad de expresión es uno de ellos.
    La remisión a lo que ocurre en Estados Unidos no debe de ser entendida como un afán de “americanización” de nuestra sociedad. Su única función es mostrar como en otras sociedades esta interiorización sí se produce.
    Finalmente, un tema también importante. La libertad de expresión es un derecho de cualquier individuo. Concuerdo contigo en que debe respetarse las creencias y opiniones del cardenal Cipriani (y de millones de católicos), pero no porque su opinión tenga un sustento “divino”, sino porque las opiniones de cualquier persona deben de ser respetadas y se debe permitir su libre expresión. Es por eso que también considero deben respetarse las ideas de quienes piensan distinto al cardenal Cipriani, incluso de aquellos que no creen o dudan en la existencia de tal divinidad. El cardenal Cipriani tiene todo el derecho a expresar su opinión (sea que se considere como su opinión o como una revelación divina), así como también creo que cualquier persona puede expresar una posición distinta e, incluso, contradictoria, sin que nos importe cuán correcta o incorrecta pueda ésta parecernos.
    Saludos,
    Christian Chávez V.

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