Por: Ana Victoria Suárez Farfán
Abogada por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Adjunta de docencia en el curso de Derecho de Familia en la Facultad de Derecho de la misma universidad.

A propósito de las últimas discusiones en materia de uniones legales entre personas del mismo sexo, la despenalización del aborto, la planificación familiar, entre otros temas relacionados con la regulación de nuestro ser – hacer y la intervención en ello de la iglesia católica; es que decidí dar algunas pinceladas en aspectos de carácter histórico y normativo que podrían explicar ello.

No tengo nada en contra de una iglesia, religión o confesión en particular, pero sí me llama la atención el encubierto privilegio que una religión e iglesia tiene en un país en el cual se reconocen libertades y la existencia de un Estado denominado laico.

Algunos autores señalan “… que estado laico (un estado democrático) es lego[1] en materias religiosas. Esto significa exactamente que no sabe o no toma postura ante ellas: no precisamente que es agnóstico o indiferente (pues esto ya son tomas de posición) sino que es prescindente ante las preguntas últimas y los problemas cosmovisionales. Y dado que la religión es una cosa de los ciudadanos concretos se trata de una prescindencia respetuosa” (Gonzales, 2005:6).

La prescindencia a la que este autor hace mención implicaría desconocer un pasado religioso como el nuestro. El Perú es un país religioso y se sabe por investigaciones realizadas, que la religión ha jugado un papel vital en el desarrollo social y cultural de las sociedades desde sus orígenes hasta la formación política y cultural de las mismas en sus distintas etapas. Sin dejar de mencionar la transformación religiosa a raíz de la caída del Imperio Inca y la penosa invasión de los españoles, quienes claramente impusieron el catolicismo. Esta situación generó una colisión directa con la religión politeísta de nuestro Imperio Inca, lo que produjo un sincretismo religioso, presente en todo el país en diversas maneras y magnitudes. Las religiones originales andinas concedían un alto valor a la reciprocidad, el pleno respeto a la naturaleza y lo que esta representaba en el desarrollo de su sociedad.  Así se puede apreciar “el muy antiguo culto al Sol y la Luna, los dos astros desempeñarían un rol importante en las creencias indígenas” (Carrión, 2005: 23). La religión peruana tiene como tendencia la exaltación de las fuerzas cósmicas y a los dioses de la fertilidad. Se inspira en el anhelo vital del indio de obtener abundancia de alimentos y en su actividad básica la agricultura. Diviniza los fenómenos meteorológicos y siderales (Carrión, 2005:18).

La historia señala que alrededor del S.XV – SXVI en nuestro país se reconoce un interesante episodio del primer encuentro entre una autoridad católica y una autoridad incaica, el Padre Valverde se entrevistó con el Inca Atahualpa, a quien le dio un ejemplar de la Biblia, diciéndole que era la palabra de Dios. Es así que cuando el Inca acercó a su oreja el ejemplar, tratando de escuchar denominada  voz de Dios, la lanzó al suelo ante el fracaso de su intento. Ante ello el Padre Valverde gritó al ejército  español atacar. Este grito de ataque militar fue el primer episodio donde la Iglesia Católica actuó coordinadamente con los soldados españoles, para invadir el Imperio Inca.

Ya en la etapa del Virreinato la Corona española finalmente impone su autoridad estableciendo que el Perú sería un Virreinato de España (entre SXVI – S XIX).

En el S.XIX de acuerdo a algunos autores, luego de ganada la Independencia en 1821, el Perú nace como Estado. Se solicita a la Santa Sede el derecho de patronato republicano, el que no fue concedido tan fácilmente. Tomó más de cincuenta años obtenerlo y, mientras tanto, funcionaba un patronato de facto, ejercido por el gobierno, que proponía obispos, parroquias, etc. En 1874, la Santa Sede  concedió el patronato, que fue suscrito en 1880, bajo en régimen del gobierno de Piérola (Romero, 2006:114).

Se afirma (Romero, 2006:115) que el país terminó con la relación de patronato con la Constitución de 1979, la misma que reconoce el aporte de la Iglesia “en la formación histórica, cultural y moral de Perú”. Aporte que significaba participación y colaboración con un país que terminaba con un tipo de vínculo por el que tuvo que pelear desde el momento de su independencia.

En la década de los ’80, el Perú se enfrenta a una guerra interna con graves consecuencias para las instituciones estatales y la sociedad civil. Es en esta etapa que la Iglesia Católica ocupa una posición interesante de defensa de derechos humanos de la sociedad civil es así que “Estado e Iglesia buscan utilizarse mutuamente, en un contexto de debilidad de la política y del Estado” (Romero 2006: 118)”. Paradójicamente y tal como se puede apreciar de la revisión de algunos capítulos del Informe emitido por la Comisión de la Verdad y Reconciliación es esta misma Iglesia la que se declara contra los derechos humanos, sin importar las denuncias y abusos que cometieron agentes estatales partícipes de este conflicto.

La relación entre el Estado y la Iglesia Católica  siempre estuvo vigente, se impuso en un inicio y se hizo extensiva en toda la historia de nuestro país. Si bien en ciertas etapas no se cuestionaba mucho el tema, es cierto que en este último siglo se cuestiona particularmente su influencia e intervención en aspectos que se traducen en prohibición y limitación en el ejercicio de derechos fundamentales de las y los ciudadanos relacionados con el ejercicio de su sexualidad.

Ciudadanos que representan, de acuerdo al Censo del 2007, 16 millones 956 mil 722 personas y que declaran  ser católicos, lo que equivale al 81,3% de la población censada de 12 y más años de edad; sigue en importancia la población que profesa la religión Evangélica que alcanzó a 2 millones 606 mil 55 personas, es decir  el 12,5%, otras religiones profesan el 3,3% (679 mil 291 personas). Asimismo, el 2,9% (608 mil 434 personas) manifestaron que no profesan ninguna religión[2] (Censo: INEI, 2007). Declararse creyente no implica ser practicante, sin embargo queda clara su presencia en números.

A nivel normativo, el artículo 50º de nuestra Constitución Política de 1993, le da una clara predominancia a una Iglesia  sobre otras. Así se contempla que “dentro de un régimen de independencia y autonomía, el Estado reconoce a la Iglesia Católica como elemento importante en la formación histórica, cultural y moral del Perú, y le presta su colaboración”. Se señala además que “el Estado respeta otras confesiones y puede establecer formas de colaboración con ella”.

En inicio esta norma podría representar una clara muestra de un Estado laico porque atiende a principios de independencia y autonomía y porque además en el texto se reconoce la existencia de varias confesiones o creencias religiosas. Sin embargo, aquel reconocimiento no implica neutralidad, no implica un efectivo respeto a la libertad. Y es que indica de manera expresa que es la Iglesia Católica la que tiene un carácter importante en relación a otras y de influencia en la formación de nuestra sociedad en todos sus niveles, sea este histórico, cultural y moral. Es la iglesia Católica la que tiene la potestad de plantear y aplicar sus propios criterios morales ya que es ésta la encargada de formar a nuestra sociedad a su medida. Es sólo a esta iglesia a la que el Estado, hasta el año pasado, le otorgaba ciertos “beneficios” que otras no tenían, y es esta Iglesia la que debe prestar colaboración a todas aquellas Iglesias consideradas minoritarias. Es esta Iglesia la que educa a nuestra nación, es esta religión la que se impone en las familias, en las escuelas, en la sociedad; es esta religión la que se convierte en varias ocasiones en una traba o limitante de políticas estatales sustentadas en la salud y vida de  las y los ciudadanos.

Hablar de laicidad “…supone la autonomía de lo política frente a lo religioso, independientemente de las diversas formas de relación entre estado  y las Iglesias o convicciones religiosas institucionalizadas. Se puede hablar de laicidad cuando existen tres elementos centrales en un determinado régimen: respeto de la libertad de conciencia, autonomía de lo político frente a lo religioso e igualdad de los individuos y sus asociaciones ante la ley, así como no discriminación”. (Blancarte: 2008, p 7-8)

Debe quedar claro que “el carácter laico de una sociedad no implica el proselitismo de ideas no creyentes, y el carácter público de una fe religiosa no implica en absoluto la pretensión de una teocracia ni una sociedad confesional” (Romero, 2006:.27). La búsqueda de laicidad en un Estado, no implica desconocer creencias o renegar de éstas; laicidad implica neutralidad y el respeto a mi libertad de creencia, a mi libertad de elegir, a mi libertad en el ejercicio de fe, a la  libertad religiosa, la misma que es una manifestación de la  libertad personal. La libertad religiosa “es algo más que la libertad de creer. También comprende el derecho de toda persona a prácticas sus creencias religiosas; a exteriorizarlas y expresarlas (libertad de culto). En virtud de ello la Constitución declara que el ejercicio público de todas las confesiones es libre, siempre que no ofenda la moral ni altere el orden público. Con este precepto el constituyente prohíbe, tanto al Estado como a los particulares, cualquier comportamiento orientado a perturbar o a exigir del hombre declaraciones sobre sus ideas o sentimientos religiosos (Fernández 2005: 63).

Como se indicó en líneas anteriores el Estado peruano se reconoce laico, sin embargo  la toma de posición, elaboración de normas y/o políticas públicas no se basan en criterios con ese carácter, sino sobre la  base de preceptos religiosos y morales que atañen a una religión en particular.

El aspecto sexual y reproductivo es uno de los más controversiales para esta religión. Su intervención en la regulación de ello ha tenido claros matices opositores; acarreando consecuencias perjudiciales en las personas de este país. Repasemos algunos comentarios de su influyente representante:

–       Aborto: el aborto es una temática de vida y salud pública en un país como el Perú, mujeres en edad reproductiva mueren anualmente o se enferman por practicarse abortos en condiciones de salubridad precarias. El aborto es ilegal en nuestro país, a excepción de una práctica en particular que es el denominado aborto terapéutico, práctica abortiva que no es sancionada penalmente. Y que sin embargo, a la fecha  no es posible practicárselo de manera libre. Se han realizado varios intentos de regular esta última práctica por medio de un protocolo de atención que permita  a los y las profesionales de la salud realizar tal acto sin temores, sin embargo a la fecha no se ha logrado. Fue la intervención directa de la iglesia católica la que trabó cualquier iniciativa vigente, obviando por completo la situación de excepción que contempla la ley  y que se traduce en la ponderación de la vida / salud de la mujer  frente a la del concebido.

–       La homosexualidad: La Iglesia católica desconoce el libre de desarrollo e  identidad sexual de todo ser humano. Es un tema que rotula como una “enfermedad” y no deja de indicar que cualquier tipo de unión entre varones – varones o mujeres – mujeres es antinatural y que colisionan de manera directa con el mandato divino emitido por Dios. Señala de manera expresa que “el matrimonio es una institución natural entre hombre y mujer. Dejarnos arrastrar por un mundo que hoy no piensa, es muy peligroso. Los animo a que tengamos el coraje de pensar. Si uno razona y piensa, se da cuenta que hay cosas positivas, y otras que uno acepta, pero que no las convierte en leyes”[3]. En pocas palabras, reconoce que existe pero mantenlas siempre al margen, exclúyelas.

–       Los métodos de planificación familiar: a propósito de la anticoncepción oral de emergencia (AOE) y la situación que se vive actualmente en el país, la misma que se traduce en la imposibilidad de acceso público a estas píldoras y la lucha directa entre nuestro Ministro de Salud y el Cardenal; este conflicto se traduce en declaraciones como esta: “una persona que se dedica a distribuir pastillas para matar a los embriones, no debe ser un ministro de Salud. Tiene que irse a su casa[4]. Desconociendo; las pruebas médicas científicas que indican que dicha píldora no es abortiva, lo que implica un embarazo no planificado que pudiera ser provocado por una situación de violencia sexual o por un acercamiento sexual sin protección, entre otras razones existentes que podrían poner en peligro la vida, salud e integridad de las mujeres.

Entre otros temas que no deben ser tratados o regulados por considerarse inmorales o alejados de los dogmas de una iglesia en particular.

En cuanto a la relación del Estado y las iglesias, apreciemos el siguiente cuadro, en este se contempla que “el reconocimiento de la personalidad jurídica civil y de su capacidad legal le vendrá dada a la iglesia Católica por doble vía- concordataria y constitucional- mientras que para las minorías estará condicionada a la inscripción  registral de rango inferior; la financiación del Estado para fines religiosos será directa a favor del catolicismo y solamente indirecta en menor grado para las minorías religiosas entre otros beneficios existentes como los que podemos apreciar en el siguiente cuadro: (Huaco 2008:418-419)

Relaciones Estado – Iglesia comparadas (2008)

Aspectos considerados Iglesia Católica Minorías religiosas
Fuente de las relaciones entre Estado e Iglesia Mediante acuerdo concordatario Unilateral mediante norma
Naturaleza de las relaciones jurídicas Derecho Internacional Público Derecho Internacional Público y privado interno
Inscripción en registros No
Reconocimiento de la personalidad jurídica Vía concordato y Constitución Política Vía legal registral
Reconocimiento de la forma organizativa propia No
Aplicabilidad de la legislación sobre las Iglesias No aplicable Aplicable
Financiación directa No
Financiación indirecta En menor grado

La historia de las relaciones entre la Iglesia y el  Estado en el Perú se traduce en la historia de las relaciones con la iglesia Católica, su influencia en aspectos reservados para determinados sectores estatales se mantiene y pareciera se mantendrá presente. El Estado peruano tiene un claro sesgo católico en el cual es complicado reconocer laicidad.

Desde diciembre del año pasado se encuentra vigente la Ley No. 29635 “Ley de libertad religiosa” una interesante muestra de reconocimiento y respeto de otras entidades religiosas y confesiones; en inicio, en igualdad de condiciones, de goce  de  derechos, obligaciones y beneficios. Veremos como se efectiviza.

Finalmente, considero que la idea no es transformar a los creyentes, sino solicitar particularmente a sectores estatales y civiles que respeten y garanticen el ejercicio de mi libertad en los distintos aspectos de vida.


[1] Lego alude a lo no sagrado o aquello profano o ajeno a un asunto.

[2] En el Censo de 1993, el 89,0% de la población que profesaba la religión Católica, el 6,7% la religión Evangélica el  6,8%, el 2,8% otra religión y el 1,4% declaró no tener ninguna religión. Si bien, en el año 2007 la mayoría de la población profesa la religión Católica, comparada con los resultados del Censo de 1993, proporcionalmente ha disminuido en 7,7 puntos porcentuales, mientras que ha aumentado en 5,7puntos porcentuales aquellos que profesan la religión Evangélica.(INEI Censos nacionales 2007 XI DE POBLACION Y VI DE VIVIENDA p.138)

[3] http://peru21.pe/noticia/609451/cipriani-no-imitemos-argentina

[4] http://www.larepublica.pe/politica/31/03/2010/ugarte-es-una-quotimpertinenciaquot-que-cipriani-pida-mi-renuncia

3 COMENTARIOS

  1. Srta Ana Victoria Suárez Farfán le dejo una pequeña reflexion a fin de que como Catolico no nos crea Fanaticos. Gracias:
    ¿FANÁTICO?… NO, TAN SÓLO SOY CATÓLICO
    Durante una reunión social, me dijeron que soy un fanático.
    Francamente, mi primera reacción ¿casi tentación? hubiera sido de protesta y enojo. En mi léxico personal, como en el de muchas personas, la palabra fanático abarca una serie de conceptos que van de la gama de lo irracional a la de la violencia.
    ¿Me había exasperado ante una opinión contraria? No, había estado de lo más tranquilo. ¿Había gritado o ridiculizado a alguien? Menos, además de no ser caritativo. ¿Había decidido defender a ultranza a algún político, equipo de fútbol o propuesto alguna violencia? Nada de eso.
    Uds. juzguen: sencillamente lo que expresé, en diversos momentos de la reunión, fue una serie de puntos de vista, no muy originales por cierto:
    Que el matrimonio es para toda la vida.
    Que las relaciones fuera del matrimonio están mal.
    Que la vida es sagrada y el aborto es un asesinato aún en caso de violación.
    Que la homosexualidad es un desorden moral grave y dista mucho de ser normal.
    Como les decía, ideas no muy originales pues todas ellas se encuentran en el Catecismo de la Iglesia Católica. Consideraciones que la Iglesia y los católicos han mantenido durante siglos.
    Lo curioso es que no me encontraba en una reunión de librepensadores u otro tipo de aquelarre bohemio. Se encontraban muchos católicos y algunos de más de una misa de domingo. ¿Qué es lo que había pasado entonces?
    Algo muy sencillo y preocupante: los católicos se van mimetizando con una sociedad secularizada, la cual va minando sutil pero inexorablemente su fe hasta amoldarla a una especie de buenas costumbres sociales. Y como la sociedad se encuentra en un desvarío donde cada uno tiene su opinión, ellos, irresponsablemente, van perdiendo su identidad católica hasta terminar creyendo que ser católico es más un compromiso con las buenas costumbres de la sociedad que con el Dios de Jesucristo.
    Por eso ya no reconocen lo que significa ser católico.
    Por eso cuando expresé mi manera de ver la realidad las reacciones fueron varias. Algunos apuraron lo que estaban bebiendo. Otro hizo un gesto de disgusto y una pareja me dijo (ellos sí levantando la voz): ¡eres un fanático!, con el mismo tono que hubieran empleado para referirse a que era un grosero o un enfermo sexual.
    Los miré un poco sorprendidos y les dije tranquilamente: ¿Fanático?… no, tan sólo católico.
    Autor: Andrés Tapia Arbulú

  2. Yo también comparto tus puntos de vista, pero nada justifica los privilegios que la Iglesia Católica recibe del Estado. Es decir, ademas que una parte de nuestros impuestos sirven para pagar al clero, también tenemos que aceptar la imposición de de educación religiosa católica como parte de la educación oficial, también tenemos que aceptar los días feriados por los santos o fiestas católicas, que en todas las celebraciones oficiales tenga que hacerse una misa católica, etc, etc, etc. Eso no es Estado laico y estoy en contra de esa situacion.

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