He escuchado a ambos candidatos y a sus voceros, leído sus planes, revisado sus alianzas y ponderado sus intereses; en resumen, he hecho lo posible por tomar una decisión informada.

No obstante, la información es vasta y los sentimientos juegan un partido aparte. Por ello, he reducido mi opinión a un set de ideas objetivas, buscando reducir el riesgo potencial del gobierno entrante. He reducido, para ello, mis ideas a las siguientes variables: acceso esperado a fondos discrecionales, grado de autoritarismo personal esperado, grado relativo de contrapeso de la oposición, resultado esperado del modelo económico implementado e inestabilidad institucional esperada del gobierno.

El riesgo, entonces, estaría amplificado por quien tenga mayor acceso a fondos discrecionales, mayor grado de autoritarismo personal, menor contrapeso de la oposición, perjudiciales resultados económicos y mayor propensión al cambio de las instituciones imperantes.

Claramente, bajo estas variables, KF es la mejor opción: primero, ella no cambiaría la Constitución como Ollanta Humala (OH), con lo cual el acceso a recursos para uso discrecional será menor, toda vez que el tamaño de Estado propuesto es más pequeño que el de OH; menor discrecionalidad de uso de fondos públicos auguran menor capacidad (riesgo) de implementar un modelo populista y asistencialista. Simultáneamente, el deseo de mantenerse en el orden constitucional supone un menor grado de autoritarismo, ya que no se necesita de un cambio en las reglas democráticas.

Segundo, los contrapesos de la oposición son neutros: por un lado, KF podría tener menor oposición de los empresarios y los medios; empero, OH tendría menor oposición de las fuerzas militares y el pueblo organizado, dadas las esperadas dádivas presidenciales. En cuanto al modelo económico, podemos confiadamente predecir que KF augura -en el peor escenario- un statu quo, mientras que OH anuncia una vuelta segura al neopopulismo.

Finalmente, están las instituciones. Si bien la calidad institucional afecta de modo similar a ambos candidatos, las propuestas de KF y de OH implican diferentes escenarios institucionales: la primera augura un statu quo en cuanto a las instituciones (esperamos, sin mucho afán, mejoras sustanciales), mientras que Ollanta plantea cambios sustanciales en las instituciones; esto, por supuesto, puede significar en el tiempo mejores o peores instituciones (en cuanto a calidad), pero durante el proceso de reforma existirá una mayor concentración de poder en pocas manos, lo cual significará un mayor riesgo para la estabilidad democrática, la separación de poderes y el Estado de Derecho.

Votaré entonces por Keiko, sin afán pero con la convicción de que ella es la mejor opción. Mi deseo es que, durante los próximos años, se construya una alternativa democrática y liberal.

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