La Franquicia, aquel gremio internacional liderado por Fidel Castro y Luiz Inácio Lula da Silva, sabemos que se origina a comienzos de los noventa con el fin de lograr recursos financieros que le permitan a la isla mantenerse a pie luego de la debacle financiera de la URSS.

Sabemos, de igual manera, que en su objetivo de lograr el poder ha sido extremadamente exitosa: hoy, cerca de 20 años después, gobierna en 12 países de la región y tiene lazos amicales con -al menos- otros 3. ¿Cómo explicar semejante despliegue?

Primero, habría que separar el método en 2 partes: la primera se basa en la captura del poder; la segunda, como es de esperar, en la conservación del mismo. En la primera etapa es imprescindible el despliegue de diversas tácticas simultáneas: por un lado, se necesita asentar la autopista ideológica, vía el ingreso a medios de información (diarios, radios y televisión), a sindicatos, movimientos y asociaciones populares, e incluso -de ser necesario- movimientos armados. Por otro lado, hay que generar insatisfacción a distintos niveles que cuestionen el modelo vigente, sea cual fuere y sin importar los resultados del mismo, de tal manera que la población perciba que las cosas podrían ir mejor. Con los medios acometidos, la población esperanzada en un cambio y el apoyo internacional del caudillo elegido -detrás del cual se alinean las fuerzas locales de izquierda- se llega a las elecciones presidenciales como una esperanza en medio del caos y la insatisfacción popular. Pocos podrán mantenerse ajenos a esa sensación del cambio como un hecho necesario.

En esta primera etapa es necesario contar con un alto grado de pragmatismo, dado que el objetivo es unívoco: o se llega al poder o se lucha por él, y por ello no se pueden regalar espacios a la oposición ideológica.

Una vez en el poder se necesita lograr el máximo control posible en el menor tiempo disponible. El pragmatismo de la primera etapa es necesario, pero no imprescindible. Ya las caretas no son tan rígidas y los espacios de maniobra, gracias a la posición de poder, son cada vez más amplios. Control del Poder Legislativo, Judicial, Militar y Electoral son el primer paso; luego es necesario controlar los “poderes fácticos”: prensa, empresarios, clero, sindicatos, et al. A estas alturas, empiezan a depurar a los aliados. Control político, financiero y militar asegura alguno de los caminos a la instalación definitiva.

La Franquicia dictará los rumbos macro del gobierno, dejando un espacio natural de decisiones a nivel local para el representante gubernamental. Veamos, por ello, qué nos depara La Franquicia a los peruanos este 28 de julio.

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