Por: Wendy McElroy
Autora de varios libros, y escritora regular del blog de Mises.org.

El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5560/Are-You-Authorized-to-Defend-Yourself . Artículo republicado con permiso. El presente es solo un fragmento.
Traducción por Daniela Meneses

¿Qué harías si los disturbios se desatan por las ciudadades de Estados Unidos como hicieron con las ciudades británicas la semana pasada?

El vigilantismo se define como “tomar la ley por las propias manos y tratar efectuar la justicia de acuerdo a lo que uno entiende por el bien y mal”. Típicamente ocurre cuando la conservación tradicional del orden público está ausente, no es efectiva o es corrupta. Cuando se ejerce en defensa de la persona y la propiedad, el vigilantismo es una expresión directa del derecho individual a protegerse a sí mismo o a terceros inocentes contra la agresión. También se define como “acción tomada por una asociación voluntaria de personas que se organizan a sí mismas con el propósito de proteger el interés común”.

Si un individuo tiene este derecho, entonces también lo tiene un grupo actuando conjuntamente. Cuando un grupo como este actúa a lo largo del tiempo, no sólo protege a las personas y a la propiedad, sino también tiende a estabilizar una comunidad entera. En efecto, en su tesis “Pax Vigilanticus: Vigilantism, Order, and Law in the Nineteenth Century American West,” (Pax Vigilanticus: Vigilantismo, Orden y Ley en el Oeste Americano en el Siglo Diecinueve) Jared Kelley  escribió: “yo creo que el vigilantismo representa más que la reacción al crimen y la corrupción, significa un esfuerzo instintivo, psicológico, para restaurar el status quo de una sociedad trastocada por una crisis o exigencia”.

El vigilantismo tiene raíces profundas en la historia y cultura americana. Desde relatos del Lejano Oeste hasta  Batman, el “cruzado encapuchado”, el acto de hacer frente a matones es parte del ethos nacional. Y la asunción de una responsabilidad personal para la defensa propia es lo que está detrás del  singular movimiento americano a favor de las armas. ¿Pero permitirá la cada vez más despótica fuerza policial a los ciudadanos organizarse en defensa propia contra una multitud merodeante?

La respuesta en Gran Bretaña a los disturbios de la semana pasada puede dar una buena perspectiva.

El precedente de Gran Bretaña

Cuando muchedumbres saqueadoras descendieron sobre muchos barrios británicos, fueron recibidos por residentes que habían formado barreras protectoras alrededor de sus negocios y casas. Fueron recibidos por vigilantes.

Oficiales en Gran Bretaña, como en todas partes, pronuncian la palabra vigilante con entonaciones de horror e indignación. Para ellos, un vigilante representa una “sociedad torcida”, igual que un saqueador que rompe ventanas, porque ambos hombres constituyen una negación básica a la autoridad de los oficiales. No es de sorprender que la policía esté ansiosa por retratar aquellos  que protegen a sus propias personas y propiedad como “hordas de linchamiento” u otro tipo de amenazas para la sociedad civil. Si una tendencia hacia la defensa propia fuese promovida, después de todo, entonces la policía podría quedarse sin trabajo; las autoridades podrían quedarse sin poder. Y así, vigilante es una buena palabra que se ha “vuelto mala”, principalmente porque las autoridades temen sus virtudes.

Tanto el antagonismo como el miedo a las autoridades fueron evidentes en Gran Bretaña la semana pasada. A la estela de los disturbios la policía no sólo atacó a los alborotadores, sino también a aquellos que patrullaron sus propios vecindarios y combatieron la delincuencia. Pero lo hicieron de manera subrepticia.

Claramente, la policía estaba alterada con los vigilantes. Mientras que su impotencia oficial era mostrada en las pantallas de televisión alrededor del mundo, gente promedio se unió para realizar el trabajo que la policía no pudo hacer. De acuerdo al UK Telegraph “unos 1,500 Sijs [nota del traductor: http://en.wikipedia.org/wiki/Sikh], algunos en sus ochentas, patrullaron los vecindarios de la parte oeste de Londres y ahuyentaron a los revoltosos. En el este de Londres, “tenderos turcos” armados con bates de béisbol y tacos de billar ahuyentaron saqueadores; ” hombres turcos y curdos se alinearon en la calle principal de Kingsland High para sellar su comunidad. Como dijo un comerciante, “no había policía así que salimos a defendernos nosotros mismos. Yo no sé si eso es romper la ley, pero qué podemos hacer?”

Pero la policía necesita observar un límite delicado al criticar a los vigilantes. Muchos de los vigilantes son héroes dentro de su propia comunidad –he incluso más. De acuerdo al Independent,  “En Stoke Newington, vecindario opulente –un área llena de tiendas boutique y de minoristas independientes- había una elogio generalizado a los turcos que pararon a los revoltosos.” Al mismo tiempo, esas comunidades están unidas por el desapruebo al desempeño policial.

Denunciando el vigilantismo en general, además, las autoridades han enfocado su animosidad contra un grupo en particular: la English Defence League (EDL) por la cual el público es menos probable que sienta simpatía. La EDL es un grupo de extrema derecha conocido por sus violentas protestas callejeras contra la Ley Sharia y el extremismo Islámico. Clive Efford, el parlamentario por Eltham,  donde los alborotos eran severos, dijo: “ un grupo de la English Defence League apareció en la calle principal y han estado tomando todo el día, y a pesar de que dicen que quieren asistir a la policía, esta han trasladado todos estos recursos aquí”.

Versiones de aquellos que patrullaron las calles niegan que el EDL haya sido prevalente. Cualquiera sea la versión verdadera, sin embargo, las autoridades y la prensa claramente desean retratar a estos borrachos poco simpáticos como los vigilantes. Por ejemplo, el Morning Star señaló, “en Enfield una turba de hombres blancos, que nuevamente se cree incluía miembros del EDL, infestó las calles cantando “Inglaterra”.

Mientras tanto, las autoridades están tratando a los respectivos vigilantes con guantes de seda. Por un lado, la policía está expresando preocupación por su seguridad. CNN reportó que “la Policia Metropolitana ha advertido contra el vigilantismo, llamando a los miembros del público a no exponerse a ser dañados”.

Por otro lado, la policía está disuadiendo a la gente del vigilantismo, a otras tareas que los hacen sentir valiosos. Un comandante de un vecindario en armas anuncio : “ urjo al público a mantenerse vigilante y a reportar cualquier información que tengan a la policía”; se ha pedido a potenciales vigilantes que trabajen en lugar de eso en identificar a los saqueadores para procesarlos en el futuro.

Las autoridades han invertido la opción por defecto sobre defensa propia: en resumen, déjenlo a la policía. Como dijo el International Business Times, “a diferencia del común de la gente, la policía ha sido entrenada para lidiar con situaciones difíciles, y les han sido otorgados poderes por el gobierno que no deben ser conferidos al resto de la población.”

Un Concepto que necesita Redención

Esta es un declaración sorprendente: el derecho de defenderse contra la violencia es un “poder” que es dado a la policía “por el gobierno” y “no debería ser conferido al resto de la población”. Las dos razones principales para negar el derecho a la defensa propia parecen ser:

–       sin el entrenamiento del gobierno, la gente será herida; y

–       las personas que se levanten en defensa propia se volverán una banda de linchadores

En lo referente a la primera razón, cuando la policía no puede o no ofrece protección, las personas y la propiedad serán dañadas. La mejor posibilidad de prevenir esos daños es precisamente que esa gente se defienda a sí misma. Más que eso, negar el derecho a la defensa propia de una persona porque podría ser herida es como negar la libertad de expresión porque él podría equivocarse al hablar o negarle la libertad de culto porque podría hacerse miembro de la iglesia equivocada. Esa prohibición no es un acto de preocupación o protección; es una imposición de control social.

Respecto a la segunda razón: al evocar la imagen de manadas racistas y borrachos, las autoridades británicas están tratando de convertir vigilantismo en un sinónimo de bandas de linchadores. Después de generar miedo y asco público, el gobierno puede “venir al rescate” y declarar un monopolio sobre el uso de la fuerza defensiva. Por las imágenes como aquellas de una banda de linchadores, las personas como reflejo rechazan la posibilidad de una fuerza policial privada y de una defensa privada.

Volvamos a la definición de vigilantismo: “tomar la ley por las propias manos…” La propia definición traza una línea clara entre los vigilantes y una banda de linchadores; la primera toma la ley por su propia mano mientras que la segunda nada tiene que ver con la ley, aparte de romperla. En efecto, como muestran los disturbios en Londres, los vigilantes son usualmente una defensa contra las turbas, ya sea trate de saqueadores o linchadores. Las cosas pueden ir realmente mal cuando hay una necesidad por la defensa propia, pero los errores y los pasos en falso son aberraciones que no niegan la naturaleza esencial del vigilantismo. Es lo opuesto a una mancha de linchamiento.

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