En 1913 se constituyó la Reserva Federal Norteamericana (FED), entre otras razones, con el fin de salvaguardar el poder de compra del dólar en el tiempo; esto es, vigilar que la moneda no pierda valor. Veamos los resultados: entre 1913 y el 2011 la inflación estadounidense ha sido 2183%, lo que significa que el dólar de 1913 tiene un valor presente de US$0.04 (léase 95.6% menor poder de compra). Indiscutible realidad que debiera poner el sistema de banca central en entredicho.

Dicho esto, la pregunta es: ¿qué pasó? Bueno, en corto, básicamente lo mismo que originó la caída del Imperio Romano, la Gran Depresión del S. XIV y/o la Gran Depresión de 1929: un crecimiento insostenible -frente a los motores reales de la economía- del Estado. Roma no cae por los bárbaros, como se afirma ligeramente; la grandeza del Imperio se desploma frente a 3 fenómenos recurrentes en la historia de la mala práctica económica gubernamental: control, impuestos e inflación. A la caída de Augusto se derrumba el sistema monetario y económico vigente: el saco de trigo pasó de costar 0.75 tetradrachmas en el año 100 d.C. a 500,000 tetradrachmas en el 344 d.C.; bajo el reinado de Diocleciano la regulación económica (controles de precios), el aumento en el número y la carga tributaria, así como la pérdida considerable del poder adquisitivo del denario, pulverizaron al Imperio. Los bárbaros no encontraron oposición alguna.

La Gran Depresión europea del S. XIV sigue igual derrotero: Felipe IV de Francia -en el apuro por financiar sus guerras- destruyó las Ferias de Champagne al saquearlas vía tributos; no contento con inaugurar un sistema regular de altos tributos, saqueó y asesinó a los templarios, persiguió a los judíos y a los flamencos, para luego tirarse contra las riquezas del Papa. Asfixia tributaria, inflación desmedida y controles de precios devinieron en la nula actividad empresarial; la plaga se ocupó del resto.

En 1921, Norteamérica salía de su tercera recesión en el siglo XX. Generalmente, las recesiones duraban uno o dos años. Entre 1921 y 1929, la expansión monetaria (61% durante el periodo) permitió un festín de malinversiones muy parecido al boom que culminó en el 2007; la adolescente FED decidió intervenir siguiendo los mandatos originales de su Institución: aumentó considerable de la masa monetaria, seguido de una heterodoxa intervención vía gasto público, subsidios, regulación y control de la actividad económica bajo la presidencia de Hoover -empeorada, luego, por Roosevelt. El saldo: transformaron la recesión en una depresión que duraría 11 años.
Los orígenes son siempre los mismos; a lo más somos -hoy- más sofisticados.

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