Habiendo pasado ya varias semanas desde la iniciativa palestina de acudir a las Naciones Unidas, poco ha cambiado sobre el terreno. Israel continúa ocupando la Rivera Occidental, Hamas continúa planeando ataques terroristas en contra de la población civil israelí y al-Fatah continúa sin poder hacer de Palestina un verdadero Estado.

Con un poco de suerte, en el futuro mediato, podremos ver progresos reales en el proceso de paz que nos lleven a un resultado que satisfaga las expectativas de todos los palestinos y todos los israelíes. Por el momento, sin embargo, ese día  permanece esquivo, atrapado en un ciclo vicioso de mutua desconfianza y resentimiento.

Más allá de cualquier votación en la ONU (por más justa y necesaria que sea), es esta la realidad; este sentimiento de estancamiento e incomprensión el que debe ser superado antes de que pueda existir en Palestina e Israel un verdadero clima de paz que proteja los intereses de todos. Y esto, creo yo, sólo se podrá lograr si ambas partes logran superar el problema de percepción que los ha acosado durante casi un siglo, desde que Arthur James Balfour emitiera la ya famosa Declaración que sirviera de sustento político para la creación del Estado de Israel.

Y es que este problema de percepción es finalmente lo que nos ha traído hasta donde estamos: un problema insoluble entre dos partes que son incapaces de conceder que el otro tiene un ápice de razón para poder justificar su posición en el conflicto. Ya lo vimos hace poco incluso dentro de nuestras fronteras. Israel sólo puede ser un “país invasor traficante de tierras“; no puede haber otra explicación válida para entender su rol en la controversia. Palestina, por su parte, sólo puede ser un pueblo de terroristas obstinadamente entrenados para dedicarse a la destrucción de Israel.

Pero, como señalan Fisher y Ury en su clásico libro sobre negociación de 1981 Getting to Yes, “entender la forma de pensar de la otra parte no es simplemente una actividad útil que te ayudará a resolver tu problema. Su forma de pensar es el problema. (…) La habilidad de ver la situación tal como el otro lado la ve, por más difícil que parezca, es una de las habilidades más importantes que puede poseer un negociador” (ver pp. 24-25).

Mientras palestinos e israelíes (y el mundo en general, la verdad) se empecinen en concentrarse en la versión del mundo tal cual ellos la interpretan, el Medio Oriente estará condenado al conflicto. Es por eso que, si he de permitirme contribuir un grano de arena a la causa de la paz, pretendo hacerlo enarbolando el estandarte de la empatía. Con esto en mente, he preparado una serie de posts que relaten (i) los antecedentes del conflicto entre Israel y Palestina; (ii) la posición de Israel; (iii) la posición de Palestina y (iv) algunas sugerencias para el futuro. Este post (o este conjunto de post, más bien) no será, por lo tanto, una defensa de uno u otro bando. Todo lo contrario, mi objetivo es mostrar la visión del mundo de palestinos e israelíes, con la esperanza de que cada uno pueda ver en los argumentos del otro, las semillas de una paz duradera.

¡Espero que les guste! Publicaré las partes respectivas periódicamente.

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