Por: Gary Galles.
Profesor de economía en la Universidad de Pepperdine.
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4855.

En Acción de Gracias, los estadounidenses recuerdan sus bendiciones alrededor de estupendas comidas, con imaginería que se remonta a los Peregrinos, especialmente a la Acción de Gracias de 1623 de la Colonia de Plymouth. Pero se presta poca atención a lo que permitió crear esa munificencia (el capitalismo), aunque Jamestown y Plymouth ilustran ambas esa lección.

La reflexiones restringidas a nuestra riqueza actual ignoran que la mayoría de los colonos tanto en Jamestown como el Plymouth murieron de hambre bajo sus derechos comunales de propiedad iniciales. Luego, cuando se establecieron los derechos de propiedad privada, el hambre desapareció a favor de una creciente prosperidad en ambas colonias.
En Jamestown, lo colonos eran sirvientes contratados cuya producción los siete primeros años iba a ir a un fondo común. In Plymouth, toda la riqueza común iba a ser común, frente a las objeciones de los colonos, por patrocinadores preocupados porque no podrían en otro caso recaudar su inversión distante. En ambos lugares, los frutos del trabajo de la gente iban a otros, con resultados desastrosos.

Sesenta y seis de los 104 colonos iniciales de Jamestown murieron en seis meses, la mayoría por hambre. Sólo 60 de los 500 llegados dos años más tarde sobrevivieron tanto tiempo. Las consecuencias de este “tiempo de hambre” incluyeron el canibalismo. Los primeros colonos de Plymouth lo hicieron algo mejor, sobreviviendo sólo aproximadamente la mitad durante seis meses. Algunos, desesperados, vendieron sus ropas y sábanas a los indios o se hicieron sus siervos.

Los desincentivos de la propiedad comunal produjeron resultados terribles en ambas colonias. La haraganería era tan severa en Jamestown que Thomas dale advertía que mucho del tiempo de los supervivientes se dedicaba a jugar en lugar de a trabajar a pesar de la amenaza del hambre. El gobernador de Plymouth William Bradford apuntaba que “se ha encontrado que esta comunidad de propiedad a alimentado mucho (…) descontento y retrasado mucho empleo que habría sido para su beneficio y comodidad”, incluso a pesar del uso del azotamiento para limitar la holgazanería, con resultados descritos como “injusticia” y “un tipo de esclavitud”.

En respuesta, tanto Jamestown como Plymouth cambiaron a sistemas en los que la gente podía producir para su propio beneficio.
En Jamestown, a cada hombre se le dieron tres acres de tierra cambio de un impuesto único de dos barriles y medio de grano y el trabajo comunal se limitó a un mes (nunca durante la siembra o la cosecha).

Además de crear propiedad privada, esto hizo que el tipo fiscal marginal fuera cero en la mayoría de los trabajos de los colonos, convirtiendo la indolencia en industriosidad. En lugar de morir de hambre, se convirtieron en exportadores de grano a los indios.

En Plymouth, el gobernador Bradford observaba que
se gastaron sus vituallas (…) empezaron a pensar cómo podrían cultivar tanto grano como pudieran y tener una mejor cosecha (…) que así podrían no languidecer en la miseria (…) el Gobernador concedió que deberían cada hombre disponer de grano para su uso particular (…) Y así asignó a cada familia una parcela de terreno.

Bradform también describió las consecuencias:

Fue un gran éxito, pues hizo a todas las manos muy industriosas, así que como se plantó mucho más grano del que se hubiera plantado por medios que pudiera usar el gobernador o cualquier otro (…) y se obtuvo un consentimiento mucho mejor.

El cambio de los derechos de propiedad comunal a propiedad privada aumentó dramáticamente la productividad de los Peregrinos. Los inicios de esa productividad llevaron a la riqueza que se celebró en la famosa Acción de Gracias del 1623 en Plymouth. Y como indicó el historiador Russell Kirk, “nunca los Peregrinos volvieron a encontrarse escasos de comida”.

Los estadounidenses modernos celebran su notable prosperidad en Acción de Gracias. Pero estamos deplorablemente desinformados acerca de la fuente definitiva de esa prosperidad: el sistema capitalista, que recompensa la productividad de cada persona más completamente que cualquier otro sistema social. En esa ignorancia. Reclamamos una cornucopia de leyes y regulaciones que estrangulan cada vez más los derechos de propiedad que son su fundamento esencial. Por tanto debemos reaprender las lecciones de la historia que nos enseñan las primeras colonias con éxito en América: que si continuamos cortando la máquina de nuestra prosperidad, las futuras Acciones de Gracias nos darán mucho menos que celebrar.

2 COMENTARIOS

  1. El texto supone que todos cuentan con los medios de producción (aparte del propio trabajo) para generar alguna ganancia y/o excendente. Esto no ocurre en la realidad. En ese sentido, me parece que el texto sustenta pobremente al capitalismo. Lo que hace el texto es simplemente mostrar un ejemplo donde una iniciativa privada funciona más que una colectiva. Me parece que hay un sesgo en el texto.

  2. Como dijeron algunos teóricos del AED: “la eficiencia te asegura que se utilice toda la torta…. pero no se preocupa por quien se lleva el pedazo mas grande” y “el problema no esta en la asignación de reglas de propiedad sino en determinar qué cosa se le asigna inicialmente a cada uno”

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