“Permitan que yo, tan ajeno al ejercicio práctico del derecho, les haga todavía una propuesta”[1].
Sigmund Freud.

Hace unos días tuve la oportunidad de publicar en Justicia Viva unas reflexiones sobre la salud mental de los jueces, se las presento aquí con algunas adiciones al texto original y con un nuevo título.

Se suele escuchar que los problemas de las instituciones del  Estado “son problemas de personas y no de leyes o estructuras”. Sin embargo, no hacemos nada serio para abordar el problema en las personas. Nos centramos, desde el colegio hasta la labor de un juez, en el intelecto y las destrezas, como si el ser humano fuera únicamente racional y dejamos la parte emocional y espiritual al lado del camino. Pese a ello, estos últimos aspectos del ser humano son realmente vitales para el buen funcionamiento de nuestras instituciones y representan además un valor en sí mismo.

Los jueces deben ser unos de los funcionarios que tienen más riesgos de ver afectada su salud mental y tener cuadros de estrés en su trabajo. Ello, por lo demás, no ocurre solo en Perú[2] ya que el estrés se genera en aspectos inherentes a la labor que, en el caso del Perú, se ven magnificados.

En primer lugar, los jueces deben resolver casos donde dos o más partes se enfrentan en temas que casi siempre son sensibles. El psicoanálisis muestra cómo los contenidos inconscientes que todos tenemos (temores, deseos y miedos que existen en el individuo pero que no conocidos por este) son muchas veces proyectados a otras personas. Es como si pasáramos muchos de nuestros problemas más agudos y desconocidos a otras personas en quienes también proyectamos las cargas emocionales asociadas a los contenidos inconscientes.

El juez vive cada día con personas en conflicto a las que muy probablemente proyecta aspectos personales, lo que puede significar que viva como propios, en cierta medida, los problemas sobre los que tiene que decidir. Puede proyectar inseguridades respecto a su hija en la niña sobre la que tiene que decidir la custodia, puede odiar a quien no paga una deuda por proyectarle emociones que tiene respecto a algún familiar, puede sentir vergüenza ante una supuesta víctima porque la asocia a su suegra o sentir empatía por una demandante porque le recuerda la ternura de su madre. Evidentemente, todo esto pasa de modo inconsciente. Sin embargo, a nivel emocional, el juez vive los casos en cierta medida como propios, lo que genera estrés por la tensión en las situaciones (respecto de las cuales es difícil guardar objetividad) y más aun por tener que tomar decisiones al respecto. Esto último (las decisiones) puede acarrear además culpas inconscientes que, junto con el estrés, afectarán la salud mental del juez.

Los jueces experimentan también diversos tipos del estrés denominado secundario, esto es, un estrés que se produce a través de experiencias estresantes vividas por otras personas. Algunos tipos de estrés secundarios son la Compassion Fatigue (CF) y la Vicarious Traumatization (VT). Ambos se encuentran muy relacionados y consisten en el estrés que se genera por el estrés de otros con quienes se tiene contacto. Así, por ejemplo, una enfermera siente estrés producto de las situaciones que viven sus pacientes. En ese contexto, el juez también siente el estrés que surge por las diversas emociones en juego en los casos. Violaciones, violencia familiar, homicidios, desalojos, pago de deudas, herencias y, en general, toda situación judicial caracterizada por una tensión y sentimientos encontrados entre las partes, tienen replicas en el ánimo del juez. En Estados Unidos, por ejemplo, un estudio mostró que el 63% de los jueces analizados tenía síntomas de estrés VT.

Tengamos en cuenta además que el juez no solo vive los casos: tiene que decidir si una persona va a la cárcel o no, si alguien recibe alimentos o no, si alguien pierde su casa o no. Estas decisiones generan una gran responsabilidad y, asociada a ella, un estrés importante.

Es interesante agregar además que, conforme a los estudios antes citados, los jueces que tienen un ideal de justicia suelen ser más pasibles a sufrir estos tipos de estrés ya que hacen más empatía por las partes y sienten más las situaciones antes descritas.

Hay que añadir también que en muchos casos existe violencia entre las partes y violencia también en los hechos del caso. Un estudio que tuvo como muestra a 401 jurados concluyó que el 28% sufría estrés al estar expuestos a pruebas de crímenes violentos (gruesome evidence), lo que podría hacer suponer que los jueces también experimentan dicho estrés, más aun cuando están expuestos a esas pruebas frecuentemente. Desde un punto de vista psicoanalítico, por lo demás, es posible advertir que la exposición a la violencia puede tener efectos en los deseos de violencia reprimidos que todos tenemos en alguna medida, haciendo que el juez esté más expuesto a dichos deseos.

Más allá de los casos, los jueces también están expuestos a un tipo de estrés denominado Work-Related Burnout, esto es, el estrés producto del ambiente laboral. La carga de trabajo (carga procesal), el trato injusto que pueden recibir dentro del Poder Judicial (preferencias), el alto desprestigio social en países como el nuestro, son elementos que generan un importante nivel de estrés.

Sobre esto último, en otra oportunidad he mencionado lo importante que es para el ser humano la aprobación y comprensión de la sociedad. La búsqueda y necesidad de amor primero se enfoca en la familia pero luego es proyectada a la sociedad y se convierte en uno de los móviles para cumplir las reglas y no ser visto como un “mal ciudadano”. Los jueces son intensamente criticados por la prensa y saben que la percepción ciudadana sobre su labor es muy baja. Una persona que tiene una labor tan complicada como la que estamos analizando y que, además, no recibe amor ni comprensión de su sociedad sino todo lo contrario, se encuentra sin duda en una situación anímica muy complicada. Esto contribuye al estrés pero puede afectar la salud mental en su totalidad.

Finalmente, los jueces están en una situación de riesgo. Siempre, en cada caso, alguna de las partes queda muy enojada (por decir lo menos) con el juez. En Estados Unidos muchos jueces son objeto de crímenes. Un estudio mostró que el 52% de los jueces había recibido alguna amenaza y en el Perú también ha existido casos. Aun cuando el riesgo no sea del todo latente, el miedo existe de modo bastante general ya que no se genera por una medición económica de probabilidades[3].

Es posible, desde una aproximación psicoanalítica, que la misma culpa genere este miedo por una necesidad de sanción oculta. En efecto, cuando uno daña a alguien siente, a nivel inconsciente, que debe ser sancionado. Si un juez proyecta sus miedos y deseos en las partes y termina enviando al denunciado a la cárcel, puede sentir que ha dañado a alguien (incluso a alguien cercano) y esperar por ello una sanción. En ese contexto, el juez puede pensar “me van a atacar” cuando en realidad el contenido inconsciente es “merezco que me ataquen”. Así, el miedo a ser atacado puede ser un síntoma del temor inconsciente.

En Estados Unidos casi todos los jueces que participaron en un estudio mostraron miedo a ser atacados, pese a que, como vimos antes, solo el 52% recibió una amenaza real.

Estos factores, entonces, generan un gran estrés y afectan la salud mental de nuestros jueces. Algunas personas podrían pensar: “bueno, el estrés los hace trabajar mejor”. Este pensamiento sería muy equivocado. Como advierten Chamberlain y Miller, diversos estudios muestran que los diferentes tipos de estrés afectan la memoria, la motivación, las habilidades cognitivas, la identidad, el sentido de vida, entre otros.

En esa línea, se ha advertido[4] también que la expresión de emociones no controlada por el juez que se manifiestan, por ejemplo, en mirar mal a una de las partes o en mostrar corporalmente su fatiga y aburrimiento en una declaración (que ocurre por el estrés y la incapacidad del juez para comprenderse a sí mismo) puede generar en las partes ansiedad, rabia, hostilidad, frustración, entre otras emociones que afectan su percepción de lo resuelto en el caso. Por el contrario, el control de las emociones y de su expresión por parte de los jueces (esto es, la expresión de emociones acorde al rol que tienen)  puede mejorar la percepción de los usuarios del sistema judicial, que comienzan a verlo más justo, imparcial y legítimo.

Es interesante pensar por qué el Estado y la sociedad no ven estos problemas de salud mental y, por el contrario, contribuyen a su debilitamiento. Quizá sea en parte porque nosotros mismos no sabemos comprendernos, no pensamos en nosotros mismos, no conocemos cómo nos afectan las situaciones que vivimos y no comprendemos nuestras emociones. Sin embargo, muchas personas sufren de una u otra forma y tienen miedos y ansiedades sin conocer sus causas verdaderas. Hablar de salud mental es siempre difícil porque encierra una auto-mirada que puede dejar salir contenidos dolorosos del inconsciente. A esto se suma el que el éxito está asociado a ser una persona segura, sin problemas, fuerte, capaz; en suma: alguien inexistente. Lamentablemente, ese paradigma del éxito y de la fuerza (más un en los hombres[5]) nos impide reconocer que tenemos problemas que no podemos solucionar sin algún apoyo.

Freud dio cuenta de la necesidad de salud mental en todas las personas y la definió como la capacidad para amar, trabajar y sonreír. Dijo también que “la neurosis amenaza la salud pública como la tuberculosis” y propuso que, en un futuro, el Estado brinde tratamiento psicoanalítico a la población de modo que “(…) los hombres que de otro modo se refugiarían en el alcohol, mujeres a punto menos de sucumbir bajo la carga de sus privaciones, niños para quienes no hay más alternativa que volver al estado primitivo o caer en neurosis, puedan recuperar la capacidad, gracias al análisis, de resistir y trabajar con eficiencia”[6].

¿Qué hacer? La salida está en promover la salud mental y la comprensión individual de las personas. En el caso de los jueces, incluso hay estudios que demuestran que el estrés de tipo VT puede tener efectos muy nocivos si es ignorado por la persona que lo padece. Por el contrario, quien sabe de su problema puede manejarlo, comprendiendo y controlando sus emociones. Conocer qué nos influye nos permite trabajar en ello, examinar las causas y ser más libres, tomando cierta objetividad en nuestras tareas y sintiéndonos, más frecuentemente, con capacidad de amar, trabajar y sonreír. Cabe recalcar que la capacidad para manejar y entender las propias emociones, como he advertido en otra oportunidad, comienza a gestarse desde el nacimiento de una persona, pero puede desarrollarse luego a través, por ejemplo, del apoyo terapéutico.

Hemos visto, entonces, que es imprescindible buscar la salud mental de los jueces para que su labor mejore. La idea de Freud de que el Estado brinde terapias para toda la población puede ser aun lejana, pero la necesidad de que los jueces tengan un apoyo terapéutico disponible existe y debería ser atendida.

Quienes, con preocupación, se han sentido de algún modo identificados con alguna parte de este texto, no se preocupen. La falta de salud mental no es equivalente a estar “loco” o, en duros términos jurídicos, a ser “absolutamente incapaz”. Hay que ser bien capaz para dejar de lado la falsa seguridad del paradigma de quien todo lo puede, y descubrir lo que realmente somos, para poder así amar, trabajar y sonreír tranquilos.

***


[1] FREUD, Sigmund. El diagnóstico de los hechos y el psicoanálisis. En: Esquemas del psicoanálisis y otros escritos de doctrina psicoanalítica (Discurso brindado a jueces en Vienna). Alianza editorial, 8va reimpresión: Madrid, 2006, pp. 224.

[2] Véase, por ejemplo: i) CHAMBERLAIN, Jared y MILLER, Mónica. Stress in the Courtroom: Call for Research. En: Psychiatry, Psychology and the Law. Vol 15, N° 2, July 2008, pp. 237-250, ii) TSAI, Feng-Jen y CHAN, Chang-Chuan. Occupational stress and burnout of judges and procurators. En: International Archives of Occupational & Enviromental Health. 2010, 83: 133-142, iii) ROACH, Sharyn y MACK, Kathy. Magistrates’ Everyday Work and Emotional Labour. En: Juornal of Law and Society. Vol. 32, N° 4, December 2005, pp. 590-614. Los estudios que se citan a lo largo del artículo y los tipos de estrés que se indican han sido tomados fundamentalmente del primero de estos textos.

[3] Véase: SUSTEIN, Cass. Leyes de miedo. Buenos Aires: Katz, 2009.

[4] Tercer texto citado en la nota a pie 2.

[5] Sobre el género y la identidad, véase: KAGAN, Jerome. El temperamento y su trama. Cómo los genes, la cultura, el tiempo y el azar inciden en nuestra personalidad. Madrid: Katz, 2011, pp. 41-75.

[6] FREUD, Sigmund, citado por WALLWORK, Ernest. El psicoanálisis y la ética. México D.F: Fondo de Cultura Económica, 2007, pág. 292.

9 COMENTARIOS

  1. Buen artículo, felicitaciones. Solo me erizó un poco la piel la cita de Freud diciendo que el Estado debería financiar terapias a todos jaja

  2. Totalmente de acuerdo Fernando. Creo que todos hemos tenido la oportunidad de mirar por la tv algunas audiencias en la que los jueces conducen la audiencia de manera muy ruda y, por momentos, muestran una agresividad en contra de los procesados e, incluso, de los propios abogados, que resulta preocupante. Ello, no es sino la evidencia de los elevados niveles de estrés a los que están sometidos nuestros magistrados. Desde mi experiencia como litigante, considero que muchos magistrados “canalizan” dicho estrés a través de actitudes que, claramente afectan el sistema de justicia, como por ejemplo, el abuso de poder, la pasividad o, simplemente, la indiferencia ante el caso que tienen en frente, lo que sin duda es preocupante. Esperemos que este difícil tema sea abordado y se pueda hacer algo por remediarlo.

    Saludos

  3. Yo más bien pienso que al Juez peruano le importa un cuerno las controversias sometidas a su despacho, y la pregunta será: ¿de dónde procede esta afirmacíon?, considero que se origina de la propia experiencia en calidad de “practicante” en el área de litigios que me ha llevado a observar atentamente las conductas no de pocos magistrados; en cuanto a citar estudios efectuados en EE. UU. , sostengo la impertinencia de los mismos para aproximarse a un análisis conductual del Juez made in Peru dada la vastísima diferencia con el “Judge”. De tanto estrés padecerán que se permiten cerrar sus puertas de manera súbita hasta en días no festivos bajo el cartel: “por disposición de la Presidencia de la Corte …” ¿cualquier excusa es válida?

    Por último, si la premisa de que el Juez, al hacer suyo los problemas de los ciudadanos se estresa, en el caso de ser cierto ésta, optarían por destinar tiempo y esfuerzo en conocer mejor la instituciones de nuestro ordenamiento legal y evitar ser tildados, con el uso de eufemismos claro está, de ignorantes por la mayoría de los columnistas de este espacio virtual. O es que ¿acaso ignoro el tema o estoy ebrio?

  4. Gracias Oscar. Me imaginé que te daría miedo la cita de Freud jajaja. De todas maneras, me parece que el Estado debería dar más información sobre los temas anímicos….creo que es uno de los principales problemas que nadie atiende aun….gracias por el comentario. Un abrazo, Fernando.

  5. Gracias Daniel. No dudo de que tu experiencia como practicante te ha generado ese malestar que claramente expresas en tu comentario, pero me atrevería a opinar que si tu experiencia fuera la de un practicante de psicología quizá tu opinión no sería tan crítica del artículo. Lamentablemente, el abogado está tan entrenado para resolver problemas legales que muchas veces no logra percibir ningún otro problema. “Si el juez resuelve mal, es porque no sabe”. Eso no es así, ni en la labor del juez ni en ninguna otra (aunque en el caso del juez la situación, como se indica en el artículo, es mucho más compleja).

    Me parece muy importante distinguir, como planteas, entre los jueces de Perú y no aplicar, de modo ireflexivo, estudios de USA, Australia e Indonesia (no solo se citan estudios a jueces en USA). El Comercio sacó una noticia hace poco sobre la situación en Perú y, al parecer, era similar. Sería bueno, sin embargo, profundizar a través de investigaciones en la particularidad del Perú, como sugieres en tu comentario. Sin perjuicio de ello, según mi análisis, las causas que generan estrés en el Perú son aun mayores que en USA (donde al menos los jueces tienen prestigio). El hecho de que muchos jueces te parezcan ignorantes no demuestra de modo alguno el que no tengan problemas de salud mental y tampoco que dichos problemas puedan estar en el origen de sus fallas cognitivas o emocionales (cerrar la puerta, por ejemplo).

    Es muy fácil dejarnos llevar por prejuicios, más aun cuando en muchas facultades de derecho (y esto no es un secreto) se habla de los jueces como abogados de segundo orden. Ya me gustaría ver a muchos abogados de estudios, empresas u ONGs trabajando el día a día del juez, ¡podrían aplicar sus teorías, citar sus doctrinas y resolver los casos como los resuelven en la tranquilidad de un curso en la universidad o en sus oficinas? Lo dudo. Hay que comprender la situación real de las personas para identificar las causas de los problemas y los problemas de las personas no son principalmente asuntos de conocimientos, aunque para quien está sumergido en el mundo del derecho eso suene a esoterismo.

    Gracias por tu comentario. Saludos, Fernando.

  6. ¿Esoterismo? me parece que no son prejucios, pero tampoco podemos tolerar la ligereza de la despreocupación … ahora resulta que la presión el la administración pública es mayor que los estudios, en donde muchas veces se trabaja hasta la madrugada; vaya que si me quitaste la venda de los ojos.

    Bueno, afortunadamente el arbitraje es una alternativa válida, con excepciones por supuesto.

    Saludos!

  7. Yo también creo, como Daniel, que en el Perú a los jueces no les importa mucho las causas que tienen a su disposición. Lo ven muy “acriolladamente” como una chamba más (sobretodo en materia Civil y Comercial)

    Sin embargo, hay excepciones. Porque esto es un problema de personas y las personas por alguna razón, siguen un patrón.

    Si bien es cierto hay un patrón que parece el predominante (el desinterés por las causas), existen ciertos jueces que responden distinto ante ciertas causas. Esto es aún más claro en el caso de Familia (en penal me imagino que también pero no se mucho), donde la cultura y la experiencia del magistrado/a se involucra con el caso más que en los demás casos por el tema que se está tratando.

    Digamos que esos temas son más “atractivos” son como “realitys” que el propio juez/a tiene a su disposición y donde encima decide quien se queda o quien se va. Un tipo de gran hermano versión judicial, o el programa de la Jueza en Miami que resuelve problemas casi siempre familiares.

    Por eso, creo que en los temas donde hay un nivel emotivo más fuerte, el juez se involucra más con el caso y eso puede llegar a afectarlo y porsupuesto afectar al caso concreto.

    Lo ideal sería que todos los jueces se involucren en todos los casos y presten su interés por igual a todos los casos, pero no debemos olvidar nunca que los jueces no son robots y siempre van a estar atraídos emotivamente a ciertas causas.

    Prefiero que los jueces pequen de interesados y luego sufrir las consecuencias de aquella presión, a que sean displicentes y no tomen en serio su trabajo.

  8. Gracias Roberto.

    Concuerdo contigo en que los asuntos de familia son especialmente propicios para que los jueces se conecten con los asuntos. Los estudios muestran que los procesos penales también tienen una carga importante a ese nivel. Me parece muy interesante distinguir entre las areas del derecho para analizar el tema. Me parece también interesante considerar la cultura del magistrado, su historia y experiencia previa para analizar cómo se vincula con el caso.

    Lo que no me convence del todo es crear dos grupos: i) los jueces que se interesan por las causas y son conciderados por nosotros como buenos y eficientes; y, ii) los jueces despreocupados, que nos les interesa los procesos y son flojos, en quienes el estrés y la salud mental no influyen, siendo lo único que los hace malos su despreocupación.

    Creo que psicológicamente hay muchos más tipos de jueces y que en todos esos casos puede existir estrés y falta de salud mental como posible causa de sus conductas. El hecho de que para nostros un juez sea medio criollo y despreocupado no quiere decir, en primer lugar, que lo sea. Nuestro prejuicio podría influir en la percepción, en las facultades de derecho (en algunas) se habla de los jueces como si fueran profesionales de segunda clase y eso, conciente o inconcientemente, influye en como nos aproximamos a ellos, más aun si vamos al Poder Judicial con nuestro propio estres y nuestros propia historia personal.

    Pero aun cuando un grupo de jueces pueda ser despreocupados, no tenemos, a través del derecho, mayores elementos para identificar las causas de esa conducta. Mi artículo busca justamente comprender que un juez nos puede caer mal y parecer un déspota, o nos puede caer bien y parece un genio, pero eso no implica que el estrés y el problema de salud mental no los afecte y sea causa de las conductas de cada uno de ellos. Asimismo, no demuestra que atender el problema de la salud mental no pueda significar una mejora importante en su labor. Cuando estamos estresados tratamos mal a la gente, no podemos pensar cuidadosamente e incluso nuestros valores y principios terminan cambiando, como muestran los estudios citados en el artículo. Creo que es importante atender eso al hablar de los jueces y de su labor que es altamente estresante.

    Y aquí vuelvo a discrepar con Daniel, para mí no hay mayores dudas en que la chamba del juez es mucho más estresante que la de un abogado de estudio (y también de una ONG o una empresa, como indiqué en un comentario previo), psicológicamente hay muy poco que objetar a eso. No niego que el trabajo de abogado de estudio pueda ser estresante (no porque se queden hasta tarde sino porque la competencia es feroz y por eso muchos de ellos se quedan hasta tarde), pero igual tienen aire acondicionado, prestigio, no deben resolver conflictos sino adoptar una postura, no son siempre odiados por una de las partes, no están expuestos a los pleitos más agudos todos los días y reciben más dinero, sin sentir que están en peligro.

    Por otro lado, creo que los jueces de familia pueden parecernos muy comprometidos, pero si ellos no logran cierta objetividad sobre el caso los resultados pueden ser hasta peores que jueces despreocupados. Pese a ello, concuerdo en que el interés es la base para que realicen una buena labor, aunque el apoyo psicológico pueda ayudarles a mantener la objetividad.

    Ojo que con todo esto no digo que el problema de salud mental sea el único que afecta el Poder Judicial ni la labor de los jueces, hay muchos otros factores. Creo, sin embargo, que la aproximación psicoanalítica puede ayudar a comprender muchos de esos factores y complementar el enfoque tradicional de cambio de normas, entrenamiento en conocimiento y destrezas, evaluaciones de jueces, etc.

    Gracias por el comentario, ayuda a seguir reflexionando sobre el tema.

    • Estoy de acuerdo en que la aproximación psicoanalítica ayuda a comprender los factores que condicionan el comportamiento del juez peruano, por eso litigar exije bastante esfuerzo ya que se vive la atmósfera en los despachos judiciales es cada vez por lo demás estresante.

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