Traducido por Manuel Ferreyros y Lucas Ghersi. Republicado y traducido con permiso de los autores. El artículo original se encuentra aquí: http://www.becker-posner-blog.com/2012/06/profits-competition-and-social-welfare-becker.html

La crisis financiera y la recesión subsecuente han llevado a que en muchos países se desarrolle una vigorosa reacción en contra del afán de lucro y de la iniciativa empresarial privada.  En México, en Francia y en Grecia, así como en otros lugares, los partidos de izquierda han ganando elecciones y posiciones de poder prometiendo más regulación de los bancos y otros negocios, la renacionalización de ciertas empresas y tasas impositivas que sean más gravosas para las ganancias.

Es fácil simpatizar con la hostilidad hacia los bancos que actuaron (en retrospectiva) tan torpemente y causaron muchísimo daño a todos los demás al asumir riesgos excesivos para poder aumentar sus ganancias.  Es también comprensible la reacción generalizada en contra del capitalismo y las “fallas de mercado” puesto que en el pasado los bancos comerciales y de inversión han sido el primer ejemplo del capitalismo en acción.  Sin embargo, cualquier persona preocupada por el bienestar de los pobres y de las clases medias debería resistirse a la tentación de atacar la iniciativa empresarial privada competitiva y el capitalismo; los monopolios o el capitalismo clientelista deberían ser deplorados.  Esto es cierto en parte debido a que las “fallas del Estado” contribuyeron también en forma considerable a la crisis financiera.  Así, los reguladores a menudo promovieron la emisión de préstamos a familias menos pudientes, con el pago de cuotas iniciales más bajas, con hipotecas mayores y a tazas de interés cada vez más altas.

La mayor razón de preocupación con respecto a los ataques al capitalismo competitivo es que este sistema ha contribuido tanto a todos los estratos de la sociedad, incluidos los más pobres.  Voy a tratar de demostrar esto no a través de un análisis general sino apelando a algunos ejemplos que son bastante impresionantes.

En 1980 la China era uno de los países más pobres en el mundo.  Esta acababa de superar la “Revolución Cultural” y el “Gran Salto Adelante”  que ocasionaron la muerte de decenas de millones de chinos rurales y no rurales.  En su desesperación, algunos líderes chinos visionarios decidieron permitir que la empresa privada y el capitalismo consiguieran un lugar mínimo en el sector agrícola.  Para la gran sorpresa de muchos líderes políticos del país el resultado fue que la producción agrícola se disparó incluso a pesar de que cada agricultor no tenía sino un pequeño minifundio en el cual trabajar.  Como respuesta al éxito de la liberalización del agro, China decidió extender el sistema de incentivos a la industria promoviendo el crecimiento de empresas privadas en algunos sectores.  Una vez más, los resultados de estas medidas superaron ampliamente lo esperado puesto que, las empresas privadas, muchas de propiedad de ciudadanos Taiwaneses o de Hong Kong, eran no solo mucho más eficientes que las del sector público sino que además contribuyeron a la rápida expansión de las exportaciones desde China hacia Estados Unidos y otros países.

El resultado más significativo de este cambio radical de China hacia una economía más orientada al mercado ha sido que cientos de millones de chinos han sido sacados de la pobreza extrema –vivir con el equivalente de solo unos pocos dólares al día– y ahora disfrutan de un nivel de vida decente y que mejora.  Muchos atacan la globalización al considerarla la fuente de los problemas económicos globales.  Sin embargo, lo contrario es mucho más cercano a la verdad, dado que la iniciativa empresarial privada y competitiva y el ánimo de lucro, a través de una economía de globalizada, han eliminado la pobreza más grave para más de mil millones de personas solamente en China, India y otras partes de Asia.

Mi segundo ejemplo tiene que ver con la interacción entre el capitalismo y la discriminación contra grupos humanos en base a su raza, género, religión u otras características.  El capitalismo y el ánimo de lucro ayudan a acabar con la discriminación puesto que las empresas privadas, en su búsqueda de aumentar sus ganancias, procuran contratar a los miembros de minorías que reciben, por lo general, menos dinero a cambio de su trabajo.  Asimismo, el exitoso crecimiento en los salarios y en la productividad que la empresa privada mejora la calidad de vida de las minorías incluso si es que estas fuesen victimas, todavía, de la discriminación.

El ejemplo natural de esto es Sudáfrica cuyo Apartheid era sostenido por las leyes pero opuesto por muchas empresas privadas.  Los sudafricanos de raza negra sufrieron muchísimo bajo el Apartheid y, por eso, su término es uno de los eventos más importantes de las ultimas décadas.  Sin embargo, uno de los principales problemas durante la era del Apartheid no consistía en evitar que los sudafricanos de raza negra abandonen su patria sino controlar la inmigración de negros provenientes de otros países del continente.  La explicación evidentemente no es que a estos migrantes les gustara el Apartheid, sino que el sistema de empresa privada se Sudáfrica había aumentado substancialmente los ingresos de las personas de raza negra –a pesar de la discriminación orquestada por el gobierno contra ellos– y los negros de otros países de África querían beneficiarse de los salarios más altos que les ofrecía Sudáfrica.

Algo similar ocurrió en los Estados Unidos.  Hasta hace algunas décadas los afro-americanos sufrieron muchísimo por la discriminación.  Sin embargo sus salarios crecieron junto con los de los estadounidenses de raza blanca después de que ese país obtuviera importantes tazas de crecimiento luego del fin de la Guerra Civil en 1865 (ver mi libro La economía de la discriminación, 1971).

Mi ejemplo final concierne a este crecimiento del PBI de Estados Unidos. Hemos sido reconocidos como el país que ha tenido el sistema empresarial privado competitivo y orientado a las ganancias más abierto y vigoroso del mundo durante los últimos 150 años. Y en los casi 140 años desde el 2007 y 1870, los ingresos estadounidenses per cápita han crecido a una velocidad más o menos constante de 2% por año, a pesar de vastos cambios en muchas instituciones y regulaciones. El resultado fue una multiplicación del ingreso per cápita que aumentó los ingresos de los pobres en un porcentaje más o menos tan grande como el de los ingresos de la clase media-alta e incluso los ricos. Más aún, el PBI sufrió una caída grave durante la Gran Depresión de los años 30s. Sin embargo, ello fue compensado durante los 40s, años en los que el PBI estadounidense retomó su línea de crecimiento de largo plazo. La Gran Recesión una vez más empujó este indicador debajo de esta línea, si bien mucho menos que durante la Gran Depresión. A menos que la política gubernamental arruine las cosas en forma suficientemente grave, cosa que es una posibilidad real, yo esperaría que el PBI se una nuevamente a su potencial de crecimiento a largo plazo.

No sostengo que el ánimo de lucro en el capitalismo competitivo produzca siempre resultados ideales. Aparte de la necesidad de mayores requisitos de capital a los bancos, existe preocupación sobre la desigualdad, la contaminación y otras “externalidades” que a menudo requieren de regulación y controles gubernamentales, aunque los límites de lo que el gobierno puede hacer también tienen que ser reconocidos. Sin embargo, en el largo plazo el capitalismo ha traído fantásticos beneficios. En su ira contra los bancos y la crisis financiera, los votantes y gobiernos tienen que tener cuidado de no matar a la gallina que ha puesto tantos huevos de oro.

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