Por: Mario Drago Alfaro, abogado Asociado de Bullard Falla Ezcurra , especialista en Derecho de la Competencia y Regulación Económica; y, Carlos Rojas Klauer, abogado Asociado de Lazo, De Romaña & Gagliuffi Abogados, especialista en Derecho de la Competencia y Protección al Consumidor.

El Derecho y Economía Conductual (DEC) postula el estudio del comportamiento humano como factor a tomar en consideración al momento de predecir conductas mediante modelos económicos, con el fin de evitar distorsiones cognitivas y motivacionales que tornen defectuosos los análisis legales.[1] Al igual que el Análisis Económico del Derecho (AED), la finalidad del DEC es la búsqueda de la eficiencia social. Pero, a diferencia de su predecesor, el desarrollo de sus predicciones toma siempre en consideración la presencia de sesgos y heurísticas al momento de la toma de decisiones por parte del ser humano. Al respecto, Jolls, Sunstein y Thaler señalan que:

[…] la Economía Conductual nos permite modelar y predecir comportamientos relevantes para el Derecho con las herramientas del análisis económico tradicional, pero con presunciones más exactas sobre el comportamiento humano, y predicciones y prescripciones más precisas sobre el Derecho.[2]

Alguna vez, un buen amigo economista nos dijo en broma: ‘a nosotros nos pagan por predecir el futuro, y luego nos vuelven a pagar para explicar en qué nos equivocamos’. Esta frase resume lo que la Economía Conductual pretende evitar: predicciones erróneas y, por ende, normas inaplicables, inútiles o socialmente perjudiciales. Esto sucede porque algunas de las suposiciones principales de la economía neoclásica reflejan un panorama irreal[3] del comportamiento humano.

Veamos. Los propósitos del DEC son, en esencia, los mismos que los del AED. Así, se concentra en sus tareas (i) prescriptiva, (ii) normativa[4] y (iii) descriptiva o positiva. La primera de ellas “se preocupa en mostrar cómo la sociedad realmente podría lograr metas compartidas”.[5] En este punto, el contexto en el cual una norma se enmarca juega un rol importante para la consecución de las metas. Una campaña informativa que señala cuánto perderá en dinero una persona si no ahorra energía, es mucho más efectiva que una que señala cuánto ahorraría en dinero si lo hace.[6] Para el AED no debiera existir ninguna diferencia entre ambas campañas, ya que la información en ambos casos es igual de “completa”. Por el contrario, el contexto en que se expone una política pública, como demuestra el DEC, sí genera reacciones distintas en la población.[7]

Por su parte, el aspecto normativo busca encontrar cómo debería estructurarse el sistema legal. La regulación (desde el punto de vista persuasivo libertario) puede ser necesaria en ciertos contextos donde la decisión del ser humano genera externalidades debido a errores sistemáticos de juicio.[8] El DEC presenta una propuesta que, sin ser intervencionista ni restringir la libertad de elección del hombre, genera estrategias legales que reconocen las limitaciones humanas para procesar correctamente la información y tomar decisiones óptimas.[9]

La tercera función, positiva (también llamada descriptiva en la teoría económica), busca predecir conductas. De esta manera, pretende reconocer cuál será la reacción del individuo frente a un incentivo legal en particular, y con ello establecer reglas sostenibles y eficientes. La Economía Conductual no se basa en axiomas sobre el comportamiento humano escogidos convenientemente para procurar la elegancia de los modelos económicos normativos del AED. Por el contrario, se define en base al conocimiento que se tiene de cómo las personas toman decisiones en la realidad.[10]

Así, al agregar el componente de las limitaciones cognoscitivas a los modelos económicos sobre el comportamiento humano, las políticas públicas y el Derecho obtienen esa capacidad predictiva que el AED no les otorgaba, pues dejaba de lado a las heurísticas y sesgos[11] [12] [13] que influyen en la capacidad de decisión del hombre. Así, la Economía Conductual marca un punto de quiebre con la Economía Clásica al introducir la idea del ser humano racionalmente acotado.

¿Y qué entendemos por racionalidad acotada? Herbert Simon, premio Nobel de Economía en 1978 por sus contribuciones al proceso de decisiones dentro de organizaciones económicas, es quien acuñó este término luego de una serie de estudios que lo llevaron a demostrar que, sistemáticamente, el ser humano no decide a través de un proceso racional perfecto. De esta forma, plantea que la racionalidad acotada es un término que describe el proceso de decisión de un individuo, tomando en cuenta sus limitaciones cognoscitivas de conocimiento y de capacidad computacional.

Ya que es imposible que el individuo analice toda la información disponible, éste sólo toma un cúmulo de opciones y realiza procesos mentales simples, influenciado por sus experiencias y creencias. En muchas oportunidades, éstas le brindan respuestas rápidas y positivas, pero muchas otras veces resultan en decisiones sub-óptimas desde el punto de vista de la eficiencia y el bienestar social.

Así, la racionalidad del ser humano es acotada porque (i) le es imposible tener acceso a la información completa y a la certidumbre, influyendo en él factores externos como la cultura y la sociedad; y, (ii) la persona no tiene la capacidad para procesar perfectamente la información que sí tiene disponible, lo que afecta su capacidad de cálculo. Variables como la experiencia, memoria, percepción, creencias y sensibilidad influyen en esto.

La capacidad de la mente humana para formular y resolver problemas complejos es muy pequeña en comparación con el tamaño de los problemas cuya solución es necesaria para hablar objetivamente del comportamiento racional en el mundo real —incluso para hablar de una aproximación a ese comportamiento racional—.[14]

La persona no decide fríamente. La utilidad es inseparable de la emoción.[15] Dejar de lado el sufrimiento que ocasionan las pérdidas o el arrepentimiento derivado de los errores no es realista desde el punto de vista descriptivo o positivo, y las formulaciones en ese sentido se alejan del componente predictivo necesario para regular o no conductas. Las emociones, el contexto y ciertos sesgos y heurísticas acotan nuestra racionalidad. Existen muchos ejemplos de nuestra vida cotidiana que confirman la racionalidad acotada:

La aún joven representante de ventas de la empresa X camina oronda por las calles, visiblemente contenta. ¿El motivo?: ha obtenido lo que considera una verdadera ganga. En efecto, tras una intensa búsqueda ha encontrado una promoción de uno de los pocos gimnasios de la ciudad que considera aceptables: en lugar de pagar $70 mensuales por acudir al gimnasio las veces que quiera, las horas que quiera, durante ese mes, puede pagar $500 por un año completo, para obtener los mismos beneficios durante 12 meses ¡a un costo mensual 41% menor! Claro que no es la primera vez que se inscribe en un gimnasio: el verano pasado se inscribió por tres meses, con lo que obtuvo un descuento del 20% respecto de la cuota mensual.

Sin embargo, en aquella ocasión, sólo pudo asistir regularmente al gimnasio durante el primer mes, ya que después su trabajo le impidió acudir o la dejaba tan cansada que prefería descansar. Ahora la situación no es muy distinta: luego de que su empresa fuera absorbida por otra, las cuotas de ventas que se les ha asignado son mayores, y su nuevo jefe (proveniente de la empresa compradora) les ha comunicado que todo el personal se encuentra en evaluación permanente. Pero, ¿quién se preocupa por esos detalles, si se trata de una ganga?

[…].[16]

¿Son estos comportamientos poco comunes? ¿Acaso, por lo general, la gente decide racionalmente (en el sentido económico de la palabra[17])? La evidencia empírica, graficada de manera amena en el ejemplo anterior, sugiere que no.[18] Las decisiones humanas no sólo no cumplen con el parámetro de racionalidad clásico,[19] sino que la racionalidad acotada referida a dichas decisiones es una constante[20] en el comportamiento.[21]

Sin embargo, no confundamos racionalidad acotada con irracionalidad o con ignorancia racional. El ser que actúa irracionalmente es impredecible y aleatorio, y no toma decisiones consistentes en el tiempo dentro de un mismo contexto, es decir, carece de preferencias constantes. “La proposición de que existen ilusiones visuales generalizadas y sistemáticas es totalmente diferente de la proposición de que la gente es ciega, o de que no existe ninguna correlación entre lo que la gente cree que ve, y lo que ve.[22] El ser racionalmente acotado es distinto; sus decisiones son constantes dentro del mismo contexto, pero tiene limitaciones de carácter exógeno y endógeno que no le permiten siempre tomar decisiones óptimas desde el punto de vista de la maximización de beneficios. Como dice Sunstein, “[la racionalidad acotada] no quiere decir que la conducta de las personas sea impredecible, sistemáticamente irracional, aleatoria, libre de reglas, o elusiva a los científicos sociales. Por el contrario, las calificaciones de los modelos racionales pueden ser descritas, usadas e incluso modeladas algunas veces”.[23] No es que el ser sea irracional, sino que trata de ser racional con lo que tiene y de acuerdo a su capacidad de procesamiento de información. Por su parte, el ser ignorante racional es consciente de la existencia de demasiada información, y prefiere asumir el costo de ignorarla (tener información incompleta) antes que tener que procesarla toda.

Para conocer un poco más del DEC resulta importante conocer sus conceptos e implicancias, ya que como hemos podido advertir, ésta teoría ha demostrado que: (i) los seres humanos comúnmente toman decisiones influenciados por la presencia de sesgos; (ii) si bien dichas decisiones generalmente son óptimas o son irrelevantes para el Derecho (a pesar de la presencia de distorsiones cognitivas), en muchas ocasiones los sesgos afectan el proceso decisorio del ser humano, y generan la toma de decisiones sub-óptimas de manera sistemática, y, (iii) el proceso de ensayo-error en ciertas situaciones es insostenible, debido al alto costo social que genera una actuación “ineficaz” tanto para los consumidores como para el Estado.


[1] Sunstein, Cass R. “Análisis Conductual del Derecho”. En: Advocatus. Lima, 2003, n.° 9,  pp. 57-79.

[2] Jolls, Christine et al. “Behavioral Approach to Law and Economics”. En: Stanford Law Review. Stanford, mayo 1998, vol. 50 n° 5, p. 1474.

[3] Ver, por ejemplo: Allais, Maurice. “The foundations of a positive theory of choice involving risk and a criticism of the postulates and axioms of the American School”. En: Expected Utility Hypotheses and the Allais Paradox: Contemporary Discussions of Decisions Under Uncertainty. Dordrecht: D. Reidel Publishing, 1979; Ellsberg, Daniel. “Risk, ambiguity, and the Savage axioms”. En: Quarterly Journal of Economics, 1961, vol. 75.

[4] En el AED, los aspectos normativo y prescriptivo se resumen en uno solo, ya que (i) el fin del sistema legal (aspecto normativo) es maximizar el bienestar social, comúnmente medido sobre la base de las preferencias reveladas de los individuos, y, (ii) el análisis prescriptivo busca cómo maximizar el bienestar social. Por el contrario, en el DEC, los fines del sistema legal son más complejos, en tanto las preferencias reveladas de las personas no son tan simples de formular. Jolls, Christine et al. “Behavioral Approach to Law and Economics”. Op. cit., p. 1475. Por ello, en la Derecho y Economía Conductual, las tareas prescriptiva y normativa pueden distinguirse.

[5] Sunstein, Cass R. “Análisis Conductual del Derecho”. Op. cit., p. 59.

[6] Ibidem.

[7] Esta visión del consumidor está ampliamente difundida y estudiada por el marketing, que investiga la psicología de los consumidores para conocer e influir en las preferencias de los mismos, utilizando a la publicidad como herramienta de medición e incentivo para dichos fines.

[8] Los errores de juicio pueden ser demostrados a través de una serie de observaciones empíricas.

[9] Jolls, Christine y Cass Sunstein. “Debiasing through Law”. John M. Olin Law & Economics Working Paper, 2004, n.° 225 (revisado en 2005)

[10] Earl, Peter. “Behavioural Economics and the Economics of Regulation”. Breafing paper prepared for the New Zealand Ministry of Economic Development. Diciembre del 2005, p. 5.

[11]Tversky, Amos y Daniel Kahneman. “Introduction”. En: Judgment under uncertainty: heuristics and biases. Cambridge: Cambridge University Press, 2001, pp. 3-20.

[12] Las heurísticas son procesos mentales que simplifican la toma de decisiones a través de atajos que ahorran los recursos mentales y permiten elegir entre alternativas complejas

[13] Los sesgos, no son otra cosa que prejuicios, tendencias, limitaciones o predisposiciones (causados por errores de percepción, experiencia, emociones, etcétera) que afectan la visión integral del hombre acerca de la realidad, y que lo llevan a tomar decisiones que no concuerdan con el análisis “racional” de la teoría clásica.

[14] Simon, Herbert. “Models of Man”. Nueva York: Wiley, 1957, p. 198.

[15] Kahneman, Daniel. “Mapas de Racionalidad Limitada: Psicología para una Economía Conductual”. En: Revista

Asturiana de Economía. Oviedo, 2003, n.° 28, p. 195.

[16] López Mareovich, Ernesto. “Todos tenemos nuestro cuarto de hora: economía conductual, neuroeconomía y sus implicancias para la protección al consumidor”. En: Revista de la Competencia y la Propiedad Intelectual. Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y Protección de la Propiedad Intelectual. Primavera de 2005. pp. 111-113.

[17] Esto es, que las decisiones, por más extrañas que puedan parecernos, resulten siempre consistentes, coherentes y constantes. Uno puede preferir ser odiado a ser amado, pero mientras cumpla con esas tres condiciones, será racional en términos económicos, aunque quizá irrazonable en términos sociales.

[18] Tversky, Amos y Daniel Kahneman. “Introduction”. En: Judgment under uncertainty: heuristics and biases. Cambridge: Cambridge University Press, 2001, pp. 3-20; Thaler, Richard H. “From Homo Economicus to Homo Sapiens”. En: The Journal of Economic Perspectives. 2000, vol. 14, n.° 1, pp. 133-141; Thaler, Richard. “Quasi Rational Economics”. Nueva York: Russell Sage Foundation, 1994; Sen, Amartya. “Rational Fools: A critique of the foundations of Economic Theory”. En: Philosophy and Public Affairs, 1977, vol. 6, n.° 4, 1977, pp. 317-344.

[19]Kahneman, Daniel y Amos Tversky. “Prospect Theory: an analysis of decision under risk”. En: Econometrica, 1979, vol. 47, n.° 2, pp. 263-292.

[20]Sen, Amartya. “Internal Consistency of choice”. En: Econometrica, 1993, vol. 61, n.° 3, pp. 495-521.

[21]Plott, Charles y Kathyn Zeiler. “The Willingness to Pay–Willingness to Accept Gap, the “Endowment Effect,” Subject Misconceptions, and Experimental Procedures for Eliciting Valuations”. En: The American Economic Review, 2005, vol. 95, n.° 3, pp. 530-545.

[22]De Pablo, Juan Carlos. “Después de Kahneman y Tversky; ¿Qué queda de la Teoría Económica? En: Revista de Economía y Estadística. Córdoba: Instituto de Economía y Finanzas – Facultad de Ciencias Económicas. Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, 2005, vol. XLIII(1), p. 95. Citando a: Rabin, Matthew. “The Nobel memorial prize for Daniel Kahneman”. En: Scandinavian Journal of Economics, vol. 105, n.° 2.

[23]Sunstein, Cass R. “Análisis Conductual del Derecho”. Op. cit., pp. 57-58.

9 COMENTARIOS

  1. Interesante artículo. SIn embargo, como seguidor del AED y lector asiduo del profesor Bullard, debo decir que, a mi modo de ver, la economía comportamental tiene más preguntas que respuestas. Ahora bien, sería interesante analizar algo que se viene diciendo últimamente y es que la economía comportamental le está poniendo bases a la irrupción, de nuevo, de un Estado Paternalista. Este libro de Gilles Saint Paul toca el tema: http://press.princeton.edu/titles/9480.html . Sería interesante un artículo sobre ese tema. Saludos desde Bogotá.

  2. Es cierto Carlos. Una de las críticas que le efectúan al Behavioral Law and Economics (BLE), cuanto menos a la aproximación de Cass Sunstein, es la que señalas; pero dificilmente se podría efectuar a las ideas sugeridas por Korobkin.

    En realidad, considero que la percepción de que el BLE deja más preguntas que respuestas se debe a la forma de divulgación que tiene esta ciencias pero que lentamente se viene corrigiendo. El tema no es en esencia un “defecto” de la ciencia en sí misma. Por ello las últimas publicaciones tienen reglas más precisas que ofrecer un listado de sesgos y heurísticas, por ejemplo, es interesante el trabajo de Barbara Luppi y Francesco Parisi en lo que a la responsabilidad civil se refiere (ligado al optimism bias).

    Desde luego, el tema es mucho más complejo como para desarrollarlo en un comentario. Pero es interesante el libro que citas, seguramente pronto habrá comentarios sobre este tema. Por ejemplo, en Colombia está el profesor Daniel Monroy quien también publicó trabajos sobre el BLE y seguramente también dará su opinión sobre el particular (conversamos brevemente sobre este tema en el pasado).

    Saludos,

    Renzo S.

  3. (Agradezco el reconocimiento de Renzo)

    Recién encuentro esta entretenida columna que da algunas pinceladas de lo que ella denomina DEC y que yo lo llamo BL&E. (la terminología es lo de menos), aunque con unas pequeñas imprecisiones, en general, la columna describe grosso modo lo que es efectivamente el BL&E y de ella se deduce los retos a superar (para la crítica serían los problemas del enfoque)

    Si me lo permiten, mi opinión es que el BL&E está constituido por una serie de “microteorías” que se aplican a situaciones concretas pero que, lastimosamente (para los teóricos) es difícil aplicarlas del mismo modo, en todos los casos. Lo que trato de decir es que el BL&E carece aun de un paradigma general -que como la economía clásica- sea aplicable a una gran cantidad de situaciones. Esta es quizá la crítica mas fuerte en contra del BL&E. (Cooter indica que la teoría que subyace al BL&E es “demasiado inestable” y por tanto poco recomendable, entiendo)

    Ahora, que el BL&E carezca de un paradigma general, no implica del todo un problema, por el contrario, podría ser incluso una virtud en el sentido que ha tratado de demostrar precisamente la inutilidad de dicho paradigma en varios casos. Los autores de la columna traen uno de muchos casos en el que esto parece ser cierto, sin embargo, hay mares enteros escritos en el que se describen innumerables ejemplos. Desconocerlos -en mi opinión- es mantener obstinadamente (diría incluso que sesgadamente) una posición que en muchos casos no lleva a ninguna parte.

    En síntesis, quienes defendemos el BL&E tenemos un doble reto, por un lado, entender y pronosticar comportamientos (relevantes para el derecho) a partir de los diferentes heurísticos y sesgos (a eso me refiero como “microteorías) que subyacen a diferentes comportamientos, aquí el camino aun es largo. Por otro lado -que es incluso mas difícil- convencer a los interlocutores de los pros del enfoque del BL&E y sus posiciones acerca de la aplicabilidad del modelo clásico. Sobre esto último cierro con una frase de Korobkin acerca de lo que para el es la Teoría de la Acción Racional: ” un enfoque parecido al de un borracho que busca sus llaves pérdidas bajo una lámpara pues ahí es donde es mejor la luz” [The Problems with Heuristics for Law – 2004]

    Saludos

  4. De nada Daniel, tus contribuciones respecto de la materia ciertamente deben también ser difundidos en el Perú. Afortunadamente, tienes muy actualizado tu web-site y uno puede mantenerse informado sobre lo que realizas.

    Justamente el debate sobre si el BL&E resulta sólo un conjunto de microteorías (posición afirmada por Posner, al menos en su texto del 2002) o en realidad un paradigma en sí mismo da para mucho; por ello voy a publicar una breve nota (tal vez dos) donde abordo lo que señalas. La idea central de esta corriente no se limita únicamente a señalar defectos en el paradigma neoclásico (si así fuera, su objetivo y legitimidad no estarían del todo claros), sino brindar mayor precisión al modelo al incorporar variables por largo tiempo obviadas. Naturalmente, esto se hace más sencillo conforme se avanza en los estudios puntuales en una multiplicidad de casos. Por ejemplo, tu análisis sobre el consumo de cigarrillos y la publicidad inserta en sus empaques, la responsabilidad civil por Luppi y Parisi, los contratos predispuestos por Korobkin, etc.

    Afortunadamente el número de interesados sigue creciendo y eso contribuirá a su difusión, afianzamiento y a sostener conversaciones académicas como la presente.

    Saludos

  5. Estimados;

    Muchas gracias por sus comentarios. Con Renzo hemos comenzado un proyecto de difusión del Derecho y Economía Conductual en el Perú (junto a otros interesados) que esperamos retomar pronto.

    Quiero concentrarme en la cuestión planteada por Carlos Alberto Rodriguez. Creo que la preocupación a la que apuntas es cierta. Existe una facción (quizá la más fuerte) de esta teoría que estaría dispuesta a utilizar la misma con fines paternalistas.

    Sin embargo, no es la posición que comparto.No debemos confundir al aporte de la teoría económica con la decisión política para la cual se utilice. Bajo esa perspectiva, es innegable que una aplicación pura y dura del AED podría justificar una sociedad utilitarista “seudo-fascista”.

    La postura que Carlos Rojas (coautor) y yo tenemos es que el BL&E debe buscar los mismos fines que el AED: eficiencia y bienestar social.

    Creemos que el BL&E puede aportar a ello al identificar una realidad en el mercado (sesgos y heurísticas) que impiden la asignación de bienes a sus usos más valiosos. El BL&E no debe ir más allá de la corrección de esta falla del mercado allí donde el mercado mismo no pueda “desesgar” a los individuos.

    Creo que el tema da, por lo menos, para un nuevo post, que espero publicar en las próximas semanas

    Saludos

    Mario

  6. Encuentro interesantes la columna y los comentarios de quienes me han precedido. Los felicito por compartir sus conocimientos en un área en el que existen pocas luces, por lo menos en los claustros universitarios de nuestro país.
    Me queda claro cuáles son los fundamentos básicos de la teoría de la elección racional, según la escuela clásica. Lo que no me queda claro es cómo los resultados de los experimentos que demuestran la irracionalidad cuasi sistemática de aquellas personas que participaron en dichos experimentos, han sido formalizados dentro del marco teórico del BLE. Me refiero a que el BLE también debería tener un marco teórico definido, como lo tiene el Law & Economics. ¿Cuál sería entonces las nuevas asunciones o premisas teóricas que propone el BLE?
    Asimismo, me interesa sobremanera conocer el rol que juegan los incentivos en el BLE. Me refiero a que si se ha llegado a determinar, mediante experimentos, que las personas se comportan irracionalmente de manera cuasi sistemática, el único modo de corregir “la irracionalidad” es cambiar el contexto en el que se comporta el individuo. Si no es la única solución, los incentivos no serían acaso otra respuesta —y al fin y al cabo la misma respuesta— para corregir dicha irracionalidad. Por ejemplo, si una persona se comporta irracionalmente y valora más los beneficios de consumir comida chatarra y valora menos los beneficios a largo plazo de hacer ejercicios, tal conducta se enmarcaría dentro de los resultados que dieron razón de ser al BLE. No obstante, si esa persona descubre que no es saludable, sea (i) enterándose de que tiene una enfermedad originada por la obesidad o (ii) porque terceros de su entorno se lo hacen notar, en tales circunstancias, el incentivo por “volver” a un estado saludable lo haría retornar a un comportamiento más racional. Si ambas conductas –irracionales y racionales— se dan de forma intermitente a largo plazo, entonces digamos que los incentivos del clásico homo economicus estarían equilibrando la conducta irracional del sujeto. Y viceversa.

    Y este ejemplo me lleva a cuestionarme cómo se puede entender la extrapolación de los resultados experimentales del BLE hacia el terreno de la realidad.

    Genial el aporte de todos. Saludos a cada uno de ustedes.

    César

    • Estimado César:

      Tienes razón hay un conjunto de premisas de las que parte el BL&E. Por ejmeplo, así como el mainstream del L&E formula que el ser humano como agente económico es un ser racional que maximiza su propia función de utilidad, con un orden de preferencias estable, etc.; el BL&E sostiene que el ser humano tiene racionalidad acotada (bounded rationality), que sus decisiones no necesariamente maximizan su propia función de utilidad pero si satisfacen sus necesidades, que en ocasiones van en contra de sus intereses (bounded will power) y que actúan como si les importara los intereses de los demás, más allá de la idea del altruismo (bounded self-interest).

      Esta es la formulación general del ser humano (homo sapiens) en contraposición del agente económico racional (homo economicus). De allí se parte para luego, a través de los estudios de las heurísticas (razonamientos por intuición o atajos mentales que empleamos muchas veces inconscientemente), sesgos (la tendencia a reaccionar o “pensar” de cierta manera debido a la presencia de una heurística potenciando la posibilidad de errores sistemáticos), la relevancia del marco en que se presenta la información (framing) y desde luego como se toman las decisiones bajo incertidumbre (prospect theory).

      En relación a los incentivos y la vinculación con el BL&E, los estudios han demostrado que los seres humanos no reaccionamos tal como asume la teoría de la elección racional, vale decir, si generas un incentivo (por ejemplo económico) los seres humanos seguirán ese incentivo para beneficiars, precisamente porque se los asume racionales. Sin embargo, ello no es así, hay un conjunto de evidencia empírica que demuestra no sólo que los seres humanos no mejoran la calidad de sus decisiones ante la presencia de incentivos, antes bien, las decisiones empeoran.

      La idea del marco no esta correlacionada directamente a la creación de incentivos, en realidad el asunto es “guiar” al ser humano a tomar aquella decisión que es más consistente con su propio interés. Debido a esta “guía” (o “nudge” si prefieres el término en inglés), es que los libertarios objetan el BL&E, al considerarlo como una intromisión. Por contrapartida, Sunstein y Thaler sugieren la noción de paternalismo libertario para concordar la idea de “guía” sin un menoscabo real a la libertad individual; algo similar, pero de manera más compleja, es propuesto por Korobkin.

      No veas la idea del BL&E como un esfuerzo dirigido a mostrar que los seres humanos somos irracionales, en realidad nadie puede ser totalmente irracional todo el tiempo ni plenamente racional en todos los planos de la vida y en cada decisión. La idea en verdad es mostrar un cuadro más realista y próximo a lo que somos, por este motivo se habla de racionalidad acotada y no de irracionaldiad, hay que tener cuidado con eso. Esta confusión es la que motiva muchos “peros” por parte del mainstream del L&E.

      En relación a cómo se aplica lo descubierto por el BL&E en el plano de la realidad pues hay muchos ejemplos. Desde el conocido cambio de régimen de las hipotecas en los EE.UU. luego del descalabro financiero, lo cual suscito las denominadas “plain vainilla mortgages” o la norma por defecto del ahorro con fines previsionales; en las discusiones por la imposición de nuevas reglas tenemos un ejemplo interesante en el régimen de responsabilidad extracontractual, el cual ha sido sugerido por Parisi y Luppi (publicado en Ius et veritas).

      Como ves el tema es complejo y no podría agotarlo en un breve comentario. He intentado dar algunos lineamientos en un artículo que publiqué en Ius et veritas, en un conjunto de notas breves (algunas incluso publicadas en Enfoque) y en algunas ponencias a lo largo de los últimos años. Repasaré algo de esto en un taller de verano de L&E en el que particó en la UNMSM.

      Cualquier cosa, te invito al taller y a consultar mi blog “Decisiones, cada día” en Ius 360.

      Saludos,

      Renzo S.

  7. Estimado Renzo,

    Gracias por tu amable respuesta. (Recién ahora 20 de mayo doy cuenta de ella)

    ¿El taller sigue en pie?

    Un abrazo,

    César

  8. Hola César:

    Disculpa que no me percatara de tu respuesta antes. El taller que te comentaba era sólo uno organizado por una agrupación de estudiantes interesados en el AED pero sólo duraba unas cuantas sesiones. Tal vez el próximo veranos se abra otro.

    Por mi parte, he iniciado la labor de organizar un proyecto interesante y serio de BL&E. Cualquier cosa en la que pueda ayudarte o conversar, tienes por esta vía, correo electrónico, mis clases o mis blogs un espacio abierto.

    Saludos,

    Renzo S.

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