Por: Lucas Ghersi, alumno de la Facultad de Derecho en la PUCP y analista de prensa en PEIC.

Desde que Alberto Fujimori dejó la presidencia del Perú, allá por el año 2000, se ha discutido de forma intermitente si es conveniente volver o no a la bicameralidad. Para los proponentes de esta medida, es conveniente que exista una segunda cámara para que todas las iniciativas legislativas se discutan dos veces. Para ellos más debate implica más pensamiento y ello contribuiría a que la calidad promedio de las leyes mejore. Asimismo, otro argumento que esgrimen tiene que ver con la división del trabajo: para ellos el congreso trabaja mal porque la Constitución lo sobrecarga de atribuciones. Por lo tanto, aseveran, la creación de una cámara alta contribuiría a que todo el mundo trabaje mejor.

Por otro lado, los promotores del unicameralismo lo defienden diciendo simplemente que este es más práctico. Desde el punto de vista político, un Congreso compuesto solo por una cámara puede aprobar normas más rápido que uno compuesto por dos. Además, desde el punto de vista presupuestal el sistema unicameral es probablemente más barato que el bicameral. Por lo tanto, si es que se concibiese un paralelo entre el Poder Legislativo y las máquinas, habría que concluir que el unicameralismo es el sistema más eficiente porque puede producir leyes más rápido y a menor costo.

Sin embargo, razonar en términos de eficiencia no es válido en este caso porque la naturaleza de las leyes no es idéntica a la de los bienes de consumo. Cuando se producen automóviles siempre será mejor producir dos que producir uno siempre y cuando estos sean de igual calidad. Esto es bastante evidente puesto que cuando aumenta la producción aumentan también las rentas y utilidades de quienes producen. En cambio el caso de las leyes es muy distinto. Todo automóvil por viejo o feo que sea puede darle algún tipo de provecho a su dueño. Si este no lo quiere manejar podría venderlo y si no quiere venderlo podría, en última instancia, desahuciarlo y vender la chatarra. Sin embargo, una ley mal formulada o redactada sin cuidado puede hacerle mucho daño no solo a los congresistas que la aprobaron sino también a sus hijos y a sus nietos y, en términos generales, a toda la sociedad.

La misión de los legisladores es emitir normas que puedan tener un efecto positivo en la sociedad y que, a la larga, terminen generando cambios sociales que se estimen provechosos. El problema con esto es que para hacerlo bien se necesita contar con suficiente información. Una sola persona, por inteligente que sea, nunca podrá disenar políticas sensatas por su cuenta. Por eso es que hasta los dictadores más narcisistas se rodean de ministros y de consejeros. Por esa misma razón es que el congreso peruano cuenta, por ejemplo, con 130 miembros y no con 20 o 30. La propuesta de reinstaurar la bicameralidad respondería precisamente a esta lógica. Mientras menos concentrado esté el poder seguramente se tomarán menos decisiones pero lo más probable es que éstas tiendan a ser más sabias.

A modo de conclusión, con un sistema bicameral se emitirán probablemente menos leyes. Sin embargo, en un país sobreregulado esto es algo positivo. Asimismo, las leyes que sí se aprueben estarán mejor consensuadas y se debatirán con más tiempo; es decir, serán menos arbitrarias.

1 COMENTARIO

  1. En España existe bicameralidad es el país con el ordenamiento jurídico más denso del mundo occidental… Así que no sé por qué infieres que con una doble cámara habrá menos normas. Máxime cuando la complejidad-simplicidad de las normas ahora mismo parece que depende más de los reglamentos que las desarrollan.

    Un saludo. 🙂

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