Traducido por Ariana Lira. Republicado y traducido con permiso de los autores. El artículo original se encuentra aquí: http://www.becker-posner-blog.com/2012/10/will-us-economic-growth-slow-posner.html

Es bueno recordar que la tasa de crecimiento económico no es constante, que ha variado en buena medida en el pasado y que puede que decline en el futuro indefinido, como temía Robert Gordon en el estudio discutido críticamente por Becker. Concuerdo con las críticas, de las cuales la central es que el futuro es impredecible, incluyendo no solo el futuro tecnológico, sino que también el futuro político y el futuro de los gustos y preferencias personales. Más aún, prácticamente toda predicción es extrapolación de condiciones actuales, de modo que el pesimismo es característico de las predicciones económicas durante un periodo de depresión económica, como en la que permanece Estados Unidos.

El nivel de vida material de muchos estadounidenses es bastante alto; aproximadamente el 20 por ciento de las familias estadounidenses tienen un ingreso anual superior a $100,000. A ese nivel, el deseo de ocio (incluyendo una temprana jubilación) o de bienes y servicios que emplean mucha mano de obra, los cuales hacen que aumentos en productividad (por substitución de capital) sean difíciles de alcanzar, pueden retardar el crecimiento económico, pero incrementar el bienestar económico. Al mismo tiempo, la creciente desigualdad de ingresos puede reducir la demanda de bienes y servicios en familias de menores ingresos, con efectos negativos en el crecimiento económico. Aunque parezca improbable, uno puede al menos imaginar una situación en al cual la creciente desigualdad de ingresos produzca una rica corteza superior saciada con posesiones materiales y una vasta clase baja incapaz de costear muchas de dichas posesiones, y este sería un patrón perjudicial para el crecimiento económico.

Por razones explicadas por Keynes, el consumo conduce la economía (estimulando la oferta y por tanto el empleo, lo que a su vez provee ingreso para consumo posterior), y por lo tanto si el deseo de consumir se debilita, la economía crecería muy lentamente, o no crecería, o declinaría, a menos que el Estado levante el estancamiento. Sin embargo, si el debilitamiento de deseo de consumo representara simplemente una saturación de posesiones materiales y una resultante preferencia por el ocio, el bienestar económico puede de hecho incrementar, en lugar de decrecer.  Los europeos, a juzgar por la duración promedio de la semana laboral en Europa relativa a Estados Unidos, colocan un mayor valor al ocio que los estadounidenses, y quizás nos volvamos más como los europeos una vez que nuestra economía se recupere de su actual depresión.

Por supuesto, no debemos llevar muy lejos la idea de la saturación material, como lo hizo Keynes en su ensayo de 1930 “Economic Possibilities For Our Grandchildren”. Este predice que de obstaculizar otra guerra mundial o alguna tragedia comparable, el ingreso per cápita un siglo después sería cuatro a ocho veces mayor debido a una continuidad de inversión de capital. Hasta ahora, todo perfecto. A pesar de que ocurrió otra guerra mundial, el PBI per cápita en Estados Unidos casi se ha sextuplicado desde 1930 (y el ingreso per cápita de los británicos también), y aún quedan 18 años para que se cumpla el siglo. Keynes pensó que el incremento en la producción per cápita llevaría a una caída dramática en las horas de trabajo: para el 2030, una persona tendría que trabajar sólo 15 horas semanales para mantener su nivel de vida. El “problema económico” habría sido resuelto y el desafío hubiera sido llenar el tiempo de ocio de las personas con actividades de ocio de recompensa. ¡Improbable! La gente en países ricos como Estados Unidos e Inglaterra están trabajando menos horas en promedio que en 1930: apenas 40 en vez de 50. Pero Keynes pensaba que, para el 2010, el promedio sería 20. La satisfacción material no está a la vista, pero no hay una ley económica de hierro que establezca que las semanas laborales no deban ser menores de 40 horas; un incremento de la sustitución de ocio por trabajo continuará mientras el alza de ingresos continúe.

Probablemente el crecimiento económico no es algo de qué preocuparse. La preocupación debería enfocarse en corregir prácticas ineficientes, tales como la renuencia a permitir la inmigración de científicos e ingenieros altamente calificados por la competencia que significarían para nuestros ciudadanos en carreras técnicas, o el nepotismo en la educación superior, o la desatención de la infraestructura, o la excesiva criminalización, o nuestro absurdo sistema de impuestos; la lista sigue y sigue. Corregir las ineficiencias permitirá un crecimiento económico más rápido, o menos, si la gente tiene preferencias por bienes, servicios o actividades (o inactividades) en las cuales la productividad es difícil o imposible de aumentar. El crecimiento económico debe ser pensado no como una meta, sino como un derivado de una economía eficiente; el enfoque de las políticas debe ser en medios,  no en fines.

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