Traducido por Ariana Lira. Republicado y traducido con permiso de los autores. El artículo original se encuentra aquí.

El número de votantes en las recientes elecciones presidenciales de EEUU disminuyó en alrededor de cinco millones de votantes con respecto al 2008, y sin embargo alrededor de 120 millones de estadounidenses votaron en noviembre. El presidente Obama tuvo uno de los más pequeños porcentajes ganadores en el voto popular de presidentes que van por la reelección, pero igual ganó por un margen de alrededor de tres millones de votos.

Esto despierta la antigua cuestión de por qué las personas votan en elecciones grandes, cuando sus probabilidades de ser un votante decisorio son virtualmente cero, y cuando votar toma tiempo y suele ser inconveniente. El electorado es seguramente consciente del costo que implica votar ya que, por ejemplo, la participación es usualmente mucho menor cuando hace mal clima. La respuesta común estos días respecto a esta supuesta paradoja del voto no es que los votantes son irracionales, sino que éstos votan por razones distintas a influenciar los resultados. Puede que voten para indicar su apoyo moral a candidatos particulares, o porque creen que expresan un derecho preciado cuando votan, o por otras razones no instrumentales.

Estas explicaciones no dicen mucho sin mayor análisis, pero sí dan posibles direcciones para tratar de entender la cuestión fundamental de por qué y cómo votan las personas. Jorg Spenkuch, un estudiante egresado de la Universidad de Chicago, provee algunas respuestas usando data de elecciones en Alemania. Muestra que alrededor de 1/3 de los votantes que prefieren partidos pequeños, tales como el Partido Verde, actuaron de forma “decisoria” y votaron, por el contrario, por partidos que tenían muchas más chances de ganar ciertas elecciones. Si los votantes principalmente quieren expresar apoyo moral a sus candidatos favoritos, ¿por qué tantos partidarios de pequeños partidos que tienen pocas posibilidades de ganar generalmente votan por candidatos de uno de los grandes partidos porque no quieren “desperdiciar” sus votos?

Dado que la gran mayoría de votantes presumiblemente no esperan influenciar los resultados de las elecciones, quién apoyan es influenciado desproporcionalmente por retórica de campaña, por debates entre candidatos que tienen poco contenido intelectual y por otros métodos de persuasión que no son muy informativos respecto de los candidatos. Me gusta decir que los consumidores dedican más tiempo y esfuerzo en decidir cuál cereal comprar y en otras pequeñas decisiones de consumo que en recolectar información sobre asuntos económicos, entre otros, correspondientes a los candidatos presidenciales.

Pero no estoy afirmando que los votantes son menos ‘racionales’ que consumidores de los productos cotidianos. Los individuos prestan más atención a lo que compran que por quién votan porque lo que compran tiene un efecto directo y tangible en su bienestar. Dado que los incentivos para informarse correctamente son radicalmente diferentes, votar ‘racionalmente’ implica tipos de conducta muy distintos que aquellos que implica la elección racional de cereales o mantequilla de maní.

Dado el mínimo esfuerzo que los votantes dedican en determinar las posiciones políticas de los diferentes candidatos, se incrementan las chances de los candidatos que son carismáticos, que se ven honestos y que proyectan tener visiones atractivas de lo que quieren hacer, incluso cuando realmente no tienen planes y creencias bien planteados de cómo proceder si son elegidos. Este análisis, y la mayor competencia usualmente presente en el sector privado que en el área política, implican que la retórica y publicidad de campaña generalmente serán menos informativas y menos honestas que la típica publicidad privada. Por supuesto, los votantes también valoran los debates y la publicidad de campaña por el entretenimiento que proveen (esto se da también en la publicidad de algunos bienes).

Los votantes tienen más posibilidades de influenciar en elecciones locales, de modo que se podría esperar que los votantes estén mejor informados en asuntos y candidatos locales que en asuntos y candidatos nacionales. Esta es una razón de por qué los gobiernos descentralizados tienen más posibilidades de responder a los deseos del electorado que los gobiernos centralizados.

Por supuesto, estoy de acuerdo con que las elecciones en competencia, el fundamento de una sociedad democrática, son un sistema por lejos mejor que uno en el que no hay elecciones y un partido único decide quiénes ocupan las distintas posiciones gubernamentales. Incluso la competencia débil entre partidos por cargos políticos con votantes que no están bien informados es usualmente mucho mejor a que no haya competencia alguna. Winston Churchill dijo muchos años atrás: “Ha sido dicho que la democracia es la peor forma de gobierno, con excepción de todas las demás formas de gobierno que se han probado en alguna ocasión”. Puede que esta conclusión no sea tan cierta en el mundo moderno de la web como lo fue en los tiempos de Churchill, pero aun contiene una verdad fundamental.

Sin embargo, en la determinación de qué decisiones deben ser tomadas por el proceso político en una democracia, es importante recordar que los individuos tienen muy pocos incentivos para estar bien informados en asuntos políticos. Como resultado, puede que sus votos no reflejen efectivamente sus intereses o conocimientos de los asuntos.

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