Quizá el lado bueno de haber pasado por la desgracia económica de los años 80 es que al menos ahora conocemos por experiencia algunas cosas que no debemos hacer con la economía. Un ejemplo es el de control de precios. Si hoy día el gobierno decide poner un control sobre el precio del azúcar, el país se le tira encima.

El razonamiento detrás del control de precios es sencillo (y peca de simplista): los precios de un bien cualquiera (arroz, azúcar, medicinas, dólares) están muy altos y, por tanto, se decreta por ley que los precios deben ser bajos. Sin embargo, como sucede a menudo con la economía, algo que suena tan fácil suele ser demasiado bueno para ser cierto.

¿Por  qué, exactamente, funcionan mal los controles de precios?

Los precios, en el mercado, se dictan por la oferta y la demanda. El precio que tendrá un bien en el mercado depende de cuántos productores ofrezcan un bien –es decir, la oferta– y cuántos consumidores quieran comprarlo –la demanda–. Si hay mucha oferta y poca demanda, los precios bajarán porque los ofertantes se verán forzados a competir ofreciendo precios más atractivos para que le compren su producto; viceversa, si hay mucha demanda y poca oferta, los precios subirán porque el bien será escaso, y por tanto los compradores competirán entre sí y el bien subirá de precio.

Si existe solo un ofertante o un puñado de ofertantes, se da una situación de monopolio u oligopolio, respectivamente, en la cual el monopolista fija el precio como desea  o los pocos ofertantes se ponen de acuerdo para hacer lo mismo, porque saben que los consumidores no tendrán alternativas y deberán comprar el bien. Esta forma de cooperación entre los ofertantes elimina la competencia en perjuicio del consumidor. La situación inversa (menos común) se llama monopsonio y ocurre cuando hay  un solo demandante y es el único comprador quien puede fijar los precios. Idealmente, en un mercado habrán muchos ofertantes y muchos demandantes, de forma que se ningún participante podrá fijar los precios.

Regresando al control de precios: este fracasa porque los precios, en un mercado con competencia, dependen de la oferta y la demanda. Si el estado pretende establecer un precio legal inferior al precio real que sería resultado de la interacción de oferta y demanda ocasionará varias distorsiones perjudiciales como consecuencia inevitable:

En primer lugar, dado que el precio de venta legal ha bajado, producir el bien resulta menos atractivo para los ofertantes. Si el precio del kilo de azúcar es S/.5 y producirla cuesta S/.2, pero el Estado decide que su precio máximo será S/.3.50, los productores van a reaccionar de una forma muy esperable: muchos van a empezar a producir menos azúcar, por la sencilla razón de que ahora las ganancias se han reducido de S/.3 por kilo a S/.1.50. La consecuencia inmediata de ello es que la producción total se reducirá y se generará escasez. Las largas colas para comprar bienes de primera necesidad en épocas de la primera presidencia de Alan García son testigo de ello.

Un segundo efecto no deseado del control de precios es que los productores van a hacer lo posible por sacarle la vuelta a estas leyes. Para empezar, venderán informalmente o en mercado negro. Ello ocurre actualmente en países como Argentina y Venezuela con el control de la tasa de cambio (es decir, del precio del dólar) y ocurrió en los años ochenta cuando un vendedor decía que no tenía arroz al precio oficial… pero sí tenía otro al precio extraoficial. También recurrirán a producir bienes de menor calidad, de forma que les sea menos costoso producirlo y compensen un poco por los precios forzosamente bajos.

En tercer lugar, los precios reales acaban subiendo. Por un lado, la oferta se ha reducido mientras la demanda se mantiene, y por tanto los precios reales naturalmente subirán. Y, por otro lado, los mercados negros son ilegales, y el riesgo de trabajar fuera de la ley eleva el precio aun más. El resultado es que el precio clandestino resulta más alto.

Las políticas de control de precios son perjudiciales tanto para el productor, quien ve reducidas sus ganancias, como para el consumidor, quien enfrenta escasez, peor calidad y mercados negros con precios más altos, por el contrario de la intención de la ley. Afortunadamente, en el Perú hemos aprendido (a la mala) que los controles de precios traen malos resultados. Hoy parece que la era de los controles de precios ha acabado.

Sin embargo, no aplicamos la lección a todos los casos. El más importante de ellos, actualmente, quizá sea el sueldo mínimo.

El sueldo mínimo es, aunque no sea evidente, nada más que un control de precios sobre un bien particular: la mano de obra. Si bien es cierto un kilo de azúcar y una hora de trabajo humano son incomparables en muchos sentidos, en términos económicos ambos tienen un valor y ambos son bienes que se transan en el mercado entre ofertantes y demandantes.

El precio de la mano de obra obedece a las reglas de la oferta y la demanda. Si se reducen los puestos de trabajo y aumenta la demanda empleo (en otras palabras, si aumenta el desempleo) los sueldos tenderán a la baja, puesto que los empleadores tendrán más trabajadores buscando trabajar y podrán encontrar alguien que contratar por precios menores. Sin embargo, el efecto inverso también ocurre: cuando el desempleo es bajo, los empleadores tienen mayor dificultad al buscar personas que contratar y se ven forzados a competir por encontrar personas que quieran trabajar y se ven empujados por efectos del mercado a aumentar los sueldos y la calidad del trabajo ofrecido. Hasta este punto, todo esto es solamente descripción de cómo funcionan los precios de la mano de obra, es decir, los salarios. (Por cierto, nada de esto niega que los salarios dependan también de varios otros factores, como la productividad del trabajador.)

El sueldo mínimo es nada más que un control de precios. Ciertamente es bienintencionado. El razonamiento de la política del sueldo mínimo es también sencillo: se repite desde siempre que dado que los empleadores tienen una posición “más fuerte”, pueden establecer los sueldos bajos de forma unilateral en perjuicio del trabajador, porque este se ve forzado a aceptar el trabajo. De esta manera, aumentar el sueldo mínimo forzaría por fuerza de la ley a los empleadores a reducir los excedentes que reciben y aumentar la porción de la riqueza que se distribuye a sus trabajadores. Esto es una equivocación, por las mismas razones que con el resto de controles de precios.

Es falso que los empleadores puedan establecer las condiciones de trabajo que quieran por una supuesta posición “más fuerte”. Bajo las mismas premisas, uno podría decir que todas las empresas pueden ponerle el precio que quieran a sus productos porque tienen una posición económica más fuerte que la de los consumidores, y argumentar a favor de un control sobre los precios de todo. Pero, por supuesto, esto no ocurre porque la competencia en el mercado se asegura de que nadie pueda asignar los precios unilateralmente siempre y cuando tenga otros ofertantes con quienes compita. Salvo que se dé un monopolio u oligopolio, los ofertantes se ven forzados a aceptar los precios del mercado tanto como los demandantes.

En el caso del mercado de mano de obra, la competencia en la oferta de puestos de trabajo es enorme: hay muchísimos empleadores que compiten por trabajadores a todo nivel de precios. La idea del  trabajador que llega a pedir trabajo al empleador, y este le ofrece un salario inhumano que el trabajador se ve forzado a aceptar porque, si no, vendrá otro trabajador dispuesto a aceptarlo no es real, salvo que exista una situación de desempleo grave. De otra forma, si un empleador no paga un sueldo decente y competitivo de acuerdo al mercado los trabajadores se irán a trabajar a otro lado.

Finalmente, se podría razonar (correctamente) que eliminar el sueldo mínimo permitirá que los empleadores paguen, legalmente, sueldos inferiores al mínimo. El problema es hoy esto ocurre de cualquier forma.

El salario mínimo fracasa por exactamente las mismas razones que fracasa cualquier otro control de precios. En el mercado, los precios no dependen de lo que la ley diga sino de la oferta y la demanda, aunque nos gustara que pudiéramos cambiar la realidad con una varita mágica legal que diga “aumenten los sueldos” para que aumenten los sueldos, como diciendo “hágase la luz” y esperando que la luz se haga en las tinieblas.

Por ejemplo, supongamos que yo busco a alguien que pueda hacer mantenimiento a mi auto. Por lo que a mí me vale, estoy dispuesto a pagar hasta, digamos, S/. 700 mensuales por el trabajo. Y encuentro a alguien dispuesto a aceptar ese trabajo por no menos de S/. 500. Negociamos y nos ponemos de acuerdo en un precio con el que ambos quedamos contentos: S/. 600 mensuales. Llega la ley paladina y me dice no puedo contratarlo por menos del sueldo mínimo vital, que son S/. 750 mensuales. A partir de ahí, pueden suceder tres cosas:

En primer lugar, puede que decida pagarle el sueldo mínimo. Sin embargo, esto probablemente no ocurrirá en este caso porque para mí, el servicio que recibo a cambio de mi dinero no vale ese precio.

Lo segundo que puede ocurrir, que es mucho más probable, es que decida no contratarlo. Por ejemplo, una empresa paga un salario a un trabajador en la medida en que este le sea más productivo que lo que gastará en su sueldo. Si el trabajo de una persona vale para una empresa, digamos, S/. 20,000 anuales pero el sueldo mínimo (más las demás obligaciones laborales) determinan que contratarla le costará S/. 22,000, la empresa simplemente no lo contratará porque perdería dinero, y nadie hace empresa por caridad. El trabajador se queda sin la posibilidad de tomar un trabajo que hubiera aceptado libremente y se queda con la alternativa de quedarse desempleado.

Lo tercero que puede ocurrir, y es lo que ocurre más a menudo en nuestro país, es que el trabajador sea contratado por fuera de la ley, informalmente. Es lo mismo que ocurre cuando hay control de precios sobre el arroz, y los comerciantes lo venden en el mercado negro fuera de los precios legalmente establecidos. Hay un mercado negro del trabajo: se llama el sector informal, que es, al fin y al cabo, un mercado clandestino y fuera de las regulaciones legales que esquiva el control de precios obligado por ley.

No digo que ello sea lo más frecuente sin motivo: el Perú es una economía tremendamente informal, con porcentajes de informalidad laboral que suelen calcularse entre el 60% y el 80%. Para esta inmensa mayoría de trabajadores, que exista un sueldo mínimo es irrelevante.

Pertenecer al sector informal no solo significa no ganar el sueldo mínimo, sino además no tener ningún otro derecho laboral, como protección frente al despido arbitrario o la discriminación, límite de horas de trabajo semanales o condiciones mínimas de salud o seguridad.

El que la informalidad sea además es una traba para el desarrollo del país es solamente la cereza del pastel.

Retomando lo anterior, controlar legalmente el precio del arroz o del azúcar o del dólar trae como resultado escasez de oferta, mercados negros y, a la larga, precios más altos. De la misma forma, el salario mínimo no aumenta los salarios que se pagan a los trabajadores. En cambio, traen, por un lado, reducción de la oferta de puestos de trabajo y mercados negros. Es decir, desempleo e informalidad. Finalmente, el menor empleo y la informalidad conducirán a sueldos más bajos.

El bienintencionado salario mínimo solo beneficia al trabajador formal que es muy afortunado en comparación con la vasta mayoría de trabajadores informales. Tal es la situación real de nuestro país: paradójicamente, el sueldo mínimo es una regulación que beneficia a las minorías afortunadas en perjuicio de las mayorías más necesitadas.

El desempleo hoy bordea el 6% y en muchos lugares alcanza el pleno empleo, con lo cual el precio de la mano de obra hoy tiende al alza, y no porque el Estado benevolente aumente el sueldo mínimo. La razón por la que en nuestro país existe tanto subempleo y por la cual persisten, en gran parte, sueldos bajos es, entre otras razones, por la baja productividad de los trabajadores. Esta es causada a su vez por factores como la falta de calidad educativa y, paradójicamente, la informalidad.

Los sueldos mínimos no van a hacer nada para solucionar eso. Aunque se haya visto progreso en los últimos años, sin duda alguna queda mucho por hacer. Vivimos aun en un país con alta pobreza y, en general, ingresos bajos. Pero creer que la solución es que la ley mande “entonces que suban los sueldos” es facilista. Y nuevamente, como suele suceder con la economía, cuando algo suena así de sencillo suele ser demasiado bueno como para ser cierto.

27 COMENTARIOS

  1. la discusion sobre el sueldo minimo es moral antes que economica. todo el mundo debe recibir por lo menos x cantidad de dinero necesaria para la mas subsistencia basica, mas alla de si es capaz de producir esa cantidad de valor o no. el tema te quedo grande.
    y en la actualidad hay control de precios para bastantes cosas (energia, telecomunicaciones, agua, luz) y no nos estamos cayendo al barranco. la idea de que un mercado mas libre ayuda a todos es una fantasia. y es verdaderamente desagradable ver a una persona en una situacion de privilegio (tu, joven, blanco, hombre, universitario) hablando sobre el sueldo minimo. que desgracia.

    • Rodrigo:

      ¿Cuánto es “cantidad de dinero necesaria para la mas subsistencia básica”? ¿Lo justo y necesario para comer? Eso es mucho menos que cualquier sueldo mínimo fijado por cualquier gobierno. ¿O acaso es lo necesario para mantener tu estilo de vida?

  2. Estimado Rodrigo:

    Antes que nada, te pediré que no hagas aseveraciones sobre mi situación económica personal que, te aseguro, desconoces. Por otro lado, podría ser hijo del chavo del ocho o de Bill Gates y eso no cambiaría mis argumentos. Por último, me agrada informarte que hasta hace poco trabajé varios meses a cambio del sueldo mínimo. Insisto: no me parece que eso sea en absoluto relevante.

    Yendo al problema de fondo: calificar el problema de moral no cambia absolutamente nada. El hecho es el siguiente: siendo generosos, dos tercios de los trabajadores, hoy, trabajan en el sector informal. El sueldo mínimo, para ellos, es un chiste de mal gusto. Aunque te sea horrible reconocerlo, hoy, quien gana sueldo mínimo, es relativamente privilegiado frente a quienes ganan mucho menos y, además, no tienen ningún derecho laboral. Esa es la realidad que ignoran quienes piensan que diciendo “sueldo mínimo” los sueldos suben. Como explico en mi artículo, y no tiene caso repetirlo, establecer sueldos mínimos aumentan los sueldos a muy pocos y desprotegen a muchos más.

    Por otro lado: ninguno de los ejemplos que citas tiene un control de precios, salvo que me equivoque. Muy distinto es que el precio esté regulado. Sin embargo, una regulación de precios es muy distinta de una fijación de precios.

  3. Según tu tesis si el mercado regula tan bien los precios por qué tenemos los costos de conexión a internet y servicios de celulares más caros de América y de peor servicio. ¿Qué pasó con el mercado?
    La otra cosa que me preocupa es que teniendo tanta gente en pobreza y sin trabajo, es decir una sobre oferta de mano de obra, el único que beneficiaría con tu lógica sería el empresario.

    • Los que se benefician de quitar el sueldo mínimo son principalmente dos: los pequeños empresarios que son los que más mano de obra emplean por el mínimo, y los actuales desempleados, que pasarían de ganar 0 a ganar algo, y con el tiempo ir ganando cada vez más en la medida en que se vayan capacitando y puedan ir haciendo uso de bienes de capital que los hagan más productivos.

  4. Hay demasiados simplismos y vacios en el articulo. Pero solo para que pisemos tierra: conoces algun pais de este mundo que NO tenga salario minimo? Estas reduciendo al ser humano a una mercancia y creo que ningun pais del mundo hoy aceptaria algo asi. Seria el capitalismo salvaje del siglo antepasado. Que este articulo haya sido escrito solo despues de unos dias del 1ro de mayo es tragicomico. Por ultimo, tu perspectiva es muy comoda. Es como dos personas que tienen que llegar a una meseta, pero uno nacio a 2 metros de ella y otro a 2 kilometros bajo tierra. No crees que el Estado debe de intervenir para dar igualdad de oportunidades a todos? O deberia estar pintado en la pared, dejando a “la mano invisible” del mercado hacer su magica labor de llevarnos a la competencia perfecta y el bienestar?. Te recomiendo leer a Amartya Sen en vez de Milton Firedman. Saludos

    • Ejemplos los hay, deberías investigar más. Dinamarca, Italia, Austria, Finlandia, Suecia, Islandia, Noruega y Suiza no tienen ley de salario mínimo. Saludos

      • Por favor, no compares a Perusalem con Alemania, Italia, Noruega, etc. Justamente antes de preguntar, googlee (como tu) para saber que paises eran. Todos del primer mundo. El mercado laboral peruano es mas complejo que el cholo barato, que aqui se propugna. Recuerdo a Jurgen Schulzt cuando ponia como ejemplo en sus clases: un mono ve a un pez en el agua y piesna que se esta ahogando, entonces lo toma y lo saca del agua, y luego no entiendo porque se muere. Axioma: no se pueden importar modelos y sistemas que funcionan en otras realidades, e imponerlos como verdad universal. Concuerdo con un cometario de por alli: Adam Smith esta superado y arrollado por la aplanadora de Nash. Slds.

        • Preguntaste por ejemplos y ahí los tienes. Evidentemente, los países no son comparables. El argumento en contra del sueldo mínimo no es que si ellos lo hacen, por qué nosotros no; muchos países europeos tienen una rigidez laboral terrible (el sueldo mínimo es un componente dentro de ello) y hoy son los que peor la pasan. Incidentalmente, hoy Alemania es líder casi indiscutido en Europa. El argumento está en el artículo, y en ningún momento recurro al argumento de imitación. Pero países civilizados sin sueldo mínimo abundan.

  5. Tu sistema teórico es solo eso, teoría. Funcionsría en un marco ideal, pero no consideras muchos factores como la especulación. Tienes derecho a opinar, pero kamento que mi universidad forme niños que no ven más allá de sus cuadernos, y abogados que creen ser economistas. En fin… al menos aportas al debate y es por eso que las ideas se combaten con ideas y el fuego con fuego.

  6. ¡Gracias a todos por los comentarios!

    Trataré de responder brevemente a todos, en la medida que pueda.

    Angel: en cuanto a lo primero, no conozco bien el caso del internet así que no me aventuraré a decir mucho. Pero lo cierto es que quizá sea una cuestión de oferta y demanda. Si no hay un mercado tan grande de internet como sí en, por ejemplo, Brasil, es esperable que los precios sean más altos. Pero como te digo, no conozco bien el caso. En cuanto a lo otro, creo que no. Creo que actualmente el sueldo mínimo no beneficia al trabajador, aunque sea algo extraño decirlo. Beneficia, eso sí, al trabajador formal que gana sueldo mínimo. En nuestra economía, es una minoría diminuta. Por otro lado, perjudica al resto de trabjadores, informales.

    Augusto: países sin un sueldo mínimo son Alemania Suecia y Dinamarca. Salvo que me corrijas, quizá esté siendo impreciso con algunos de esos casos. Te aseguro que hay más. Por otro lado, no estoy reduciendo al ser humano a una mercancía. Por otro lado, el trabajo humano es una mercancía. Todo lo que producimos y hacemos es una mercancía. Una manzana es una mercancía, tanto una hora de consulta en el psicólogo es una mercancía y una hora de trabajo de oficinista es una mercancía. Pero con eso no estoy emitiendo opinión. Eso es un hecho económico. Una hora de trabajo puede significar una hora de vida, puede estar ligado a una identidad humana que (estaremos de acuerdo en esto) no tiene valor dinerario. Pero es también una mercancía. Por lo demás, mi situación personal no desmerece en absoluto mis argumentos. Te prometo que si viviera en situación de pobreza o fuera hijo de un millonario, mis argumentos no cambiarían. Por último, creo que el Estado debe adoptar las regulaciones que más beneficien a las personas, y sobre todo, a las personas en peor situación económica. Creo que el sueldo mínimo perjudica a las personas más necesitadas y no ayuda a nadie. Es lo que digo en el artículo.

    Eduardo: lamento tu (curioso) apelativo de “niño”. Yo, a diferencia de ti, no lamento que mi universidad te esté formando o haya formado en lo que sea que hayas estudiado. Asumo que es economía, o si no, bajo tus propios argumentos, no tienes credencial para opinar sobre el tema. Quizá lo sea, y si es así, me interesaría saber lo que piensas sobre el fondo. No se por qué asumes que solo puedo opinar sobre lo que aprendí de cursos universitarios; la universidad no es la única fuente de educación (precisamente por “ver más allá de mis cuadernos”, que no dicen nada sobre el sueldo mínimo, es que opino lo que opino). Yo en lo personal no creo que necesites credencial alguna para opinar sobre lo que quieras. Necesitas solamente argumentos, y si son débiles, pues que sean refutados. Y como dices, los argumentos se combaten con argumentos. Me interesaría mucho que tú también aportaras al debate y argumentaras por qué estas en desacuerdo en lugar de lamentarte porque la PUCP me haya dado la oportunidad de estudiar.

    ¡Gracias a todos por la crítica!

  7. La discusión del salario mínimo, probablemente, es y será una de los eternos temas debatibles en material laboral. Particularmente, más que tomar una posición haré una reflexión sobre el tema. Al respecto, pienso que hay que tener mucho cuidado con las comparaciones, Perú no es Alemania. El sistema laboral alemán tiene sus particularidades que si lo analizaríamos a la luz de “libre mercado a la peruana” diríamos que es intervencionista y que desincentiva la inversión. Por otro lado, el autor mencionó que hay un gran sector informal en donde el sueldo mínimo es un mal chiste y es cierto. Sin embargo, cada sector tiene sus peculiaridades. No es lo mismo analizar sectores con poca mano de obra y gran demanda y otros con sobreoferta, en los primeros establecer salario mínimo sería algo más que innecesario por obvias razones. Sin embargo, para no ir muy lejos, en el caso de los practicantes de derecho hay un problema de sobreoferta (esto se puede verificar bien en las bolsas de trabajo de las universidades públicas o privadas y en la proliferación de facultades de derecho). La consecuencia de esto son los estipendios paupérrimos que recibimos (incluso menores al salario mínimo) y no es precisamente el sector informal sea el ámbito de trabajo del practicante. ¡Simple oferta y demanda, dirán algunos! Finalmente, qué duda cabe, que la imposición o no del salario mínimo no debería ser una medida única sino integrada a un paquete de medidas complementarias. Si se opta por el sueldo mínimo y no se sanciona la informalidad, ni se incentiva la formalidad por otros medios, ni se potencia la fiscalización laboral (y no el saludo a la bandera que tenemos ahora) será lo mismo de siempre: una norma con vocación caritativa pero inútil.

    Felicidades por el artículo, porque al margen de la emociones concitadas, cumplió su cometido.

  8. Ante todo creo que tomar como única variable la oferta y la demanda a la hora de analizar el mercado laboral es cuando menos pobre. Tú mismo dices “algo que suena tan fácil suele ser demasiado bueno para ser cierto” y creo que en este caso se aplica. No quiere decir esto que el mercado laboral no se rija por oferta y la demanda, naturalmente lo hace, pero hay más variables en juego y más problematización de por medio.
    Claro el trabajo humano es una mercancía pero en el caso del trabajador es su única mercancía y no una de la más alta demanda . En un mundo perfecto, o un sistema teórico perfecto, la demanda y la oferta siempre están en equilibrio pero en el mundo actual y en el país actual no se da así. Casi necesariamente siempre habrá menos demanda de empleo que empleados ofertando su fuerza de trabajo. Esto no quiere decir, por supuesto, que el sueldo mínimo resuelva este problema ni mucho menos (de hecho hasta cierto punto lo empeora) pero la argumentación que das “peca de simplista” y al no tomar en cuenta la enorme complicación que presenta este problema descalificas tu posición que puede ser válida o no si es que la presentarás mejor expuesta. En todo caso el ataque que haces al sueldo mínimo solo se presenta como correcto en tanto se siga este esquema tan simplista. Tal vez problematizado más se podría tomar más en cuenta la idea pero que no tomes en cuenta las imperfecciones inherentes al mercado como parte de tu argumentación lamentablemente la descalifica.

  9. Manuel, creo – constructivamente – que tu ideas parten de dos dos premisas equivocadas:

    (i) ya hemos superado a Adam Smith en economía. No podemos dejar todo a libertad del mercado, sino que donde existen costos de transacción suficientemente altos (como el del subempleo) sí importa la norma legal que impongamos (Coase, Premio Nobel de Economía de 1991); y,

    (ii) el salario mínimo responde a un desarrollo de “Mechanism Design” (Maskin, Premio Nobel de Economía 2007) donde el Estado en su capacidad de jugador con prerrogativas importantes puede plantear estrategias de incentivos al mercado. El salario mínimo es una de ellas pero no se lee individualmente: incentivos tributarios, laborales, de combatir la informalidad, etc.

    Entiendo que es inevitable que se pueda crear con el sueldo mínimo un mercado negro o aumentar el desempleo, pero la pregunta es: ¿el mercado se encuentra en capacidad de fijar un sueldo “eficiente”?¿Cómo se puede llegar a ello si existen infinitos “bienes sustitutos” (trabajadores) para empleos mal remunerados?

    A ello debo agregar que el Perú no cuenta con el incentivo perverso de seguro de desempleo y tiene poquísima especialización en mano de obra. Pregunto ahora, ya no económica sino moralmente: ¿te parece que el mercado solucionaría ello?

    Interesante artículo!!!

  10. Leandro: estoy en buena cuenta de acuerdo con mucho de tu comentario. Para aclarar, no creo que Alemania y Perú sean comparables. Solo cito el caso porque se me increpó que no existen países donde no exista el sueldo mínimo. Lo que propongo no es, pues, una locura o salvajada.

    Rafael: con mi artículo no pretendo agotar todas las variables de análisis existentes. Tal cosa no se puede hacer en un artículo de esta extensión y, ciertamente, no por este medio. Creo que cualquier caso de análisis tiene que tomar ciertas aristas y dejar de analizar otras. En todo caso, espero que mi artículo no haya causado la impresión de ser omnicomprensivo y, si lo hace, ello es un error. Sin embargo, sí creo que lo que pienso es correcto y sí creo que por las razones expuestas el salario mínimo es perjudicial para los trabajadores. Por lo que tu mismo dices, parece que no estuvieras tan en desacuerdo con la validez de tal argumento.

    Estimado Javier: decir que ya hemos superado a Adam Smith en economía es algo arbitrario, al menos en la medida en que la escuela entera del liberalismo se basa en lo que planteó Smith. Seguramente mucho de su análisis sea incompleto a la luz del paso de los siglos. Pero yo no me aventuraría a decir que ya hemos superado a Platón.

    Por otro lado: ¿Qué entiendes por costos de transacción? Y, ¿en qué sentido el subempleo es un costo de transacción? Al menos solo por lo que comentas en tal párrafo, no entiendo cómo se relaciona el teorema de Coase con el subempleo ni con la eliminación del sueldo mínimo. Al menos, los costos de transacción son bajos entre empleado y empleador.

    Sobre lo segundo, entiendo los argumentos a favor de las regulaciones de sueldo mínimo, pero estoy en desacuerdo con ellos. Entiendo lo que pretenden lograr. Creo que fracasan, y ahí está el problema. De hecho, no veo cómo esto crea un sistema de incentivos más allá de “tienes que subir los sueldos porque si no usaré la fuerza del estado para sancionarte”, lo cual es básicamente lo que significa el sueldo mínimo. Lo que falta de dicho análisis es entender que esta intervención legislativa es una intervención económica, y que trae consecuencias económicas que no son iguales a las deseadas. Tanto no son iguales a las deseadas que, creo yo, en este caso causan el efecto contrario al deseado. Que tal política puedan ser acompañada por otras como las que mencionas no significa que el efecto de ella no pueda ser analizada, puesto que creo que como política funciona independiente.

    No existen infinitos “bienes sustitutos” que sean los otros trabajadores. “Bienes sustitutos” se usa en referencia más bien a categorías de bienes. Sin importar que haya muchos trabajadores, ello no significa que el precio del trabajador vaya a tender hacia abajo al infinito. Lo que ocurre en el mercado es que cada vez, para que un empleador pueda encontrar la cantidad de trabajadores que necesita, tiene que competir contra los otros empleadores por atraerlos a su empresa. La única manera de hacer eso es ofreciendo mejores condiciones (por ejemplo, mejor sueldo). De hecho, eso ocurre hoy en el Perú y por eso los ingresos en todos los sectores están subiendo. Para que los empleadores pudieran reducir los sueldos a su deseo, tendrían que ponerse de acuerdo entre ellos para todos bajar los sueldos (creando un oligopolio). Pero considerando la enorme cantidad de empleadores y de puestos de trabajo, ello es imposible, precisamente porque los costos de transacción en tal caso serían demasiado altos.

    Sobre lo último: Felizmente en el Perú no existe el “seguro” de desempleo. Y ciertamente la productividad de la mano de obra es baja. Ellos son problemas conexos, pero no puedo comentarlo todo en un breve artículo. No creo que tenga ningún sentido responder un problema económico moralmente, como no creo que tendría sentido responder económicamente un problema moral. Pero sí creo que ello es un problema económico que amerita un análisis particular. Y lo poco que puedo adelantar es que creo que cualquier solució que haya del tema será una de índole económico. Hacer economía con el corazón es una mala idea.

    Gracias a todos por la crítica constructiva. Me alegra que haya despertado discusión.

  11. Creo que la razón por la que este artículo despertó tanta reacción es, a pesar que el mismo autor señala que existen otras variables que influyen en la relación empleo y salario mínimo, que se afirma que la ley de la oferta y la demanda basta y sobra para deducir que hay una relación inversamente proporcional entre salario mínimo y empleo. Es decir, que la existencia del salario mínimo genera como consecuencia directa una menor demanda de empleo.

    El problema del salario mínimo es mucho más complejo y existen dos grandes razones que, tranquilamente, contravienen la tesis central de este artículo.

    Primero, desde hace varios años el mercado de trabajo viene siendo estudiado desde ópticas distintas. La ley de la oferta y la demanda de empleo no aplica, a secas, para explicar la movilidad laboral, las tasas de desempleo, el aumento o reducción de salarios y los demás temas que son estudiados en el mundo laboral. Hay un buen artículo de Patricio Meller (las diferencias entre el mercado de trabajo y el mercado de las papas) que pueden leer sobre el tema.

    La segunda, que es correlativa a la primera, está ligada a que como la ley de la oferta y la demanda laboral no basta para fundamentar una relación inversamente proporcional entre salario mínimo y empleo, la no existencia de un salario mínimo o, en otras palabras, un salario bajo no significará, necesariamente, mayor empleo.

    Y quién mejor que Javier Iguiñiz para explicar esto. Irónicamente, este argumento es desarrollado en una entrevista que se encuentra en este portal, aunque tal parece que no fue muy atendido a la hora de trabajar este artículo. http://enfoquederecho.com/%C2%BFsalario-minimo/

    Saludos!

  12. Estimado Saulo:

    Gracias por el comentario. Leeré, tan pronto como tenga tiempo, el artículo que citas.

    En lo personal, discrepo con tu comentario. Creo que toda discusión implica incontables variables. Sobre todo en temas económicos, donde casi todos los factores tienen influencia sobre los demás. Sin embargo, ello no invalida hablar sobre factores particulares. Decir, por ejemplo, que alzar los impuestos a un bien elevará su precio ignora, por supuesto, las condiciones en la producción del bien, los cambios eventuales en las preferencias del consumidor, la existencia de bienes sustitutos, los aranceles, la informalidad, y muchos otros factores. Sin embargo, es claro que, en paridad de condiciones, al aumentar los impuestos sobre un bien su precio tenderá a subir. Decir “hay más factores en juego” no descalifica que los factores citados tengan los factores que sostengo. Sobre todo cuando no mencionas ninguno de estos factores que dices que refutan los argumentos ni por qué ni cómo los refutan.

    Por supuesto que el mercado laboral no se reduce a la comrpensión de la oferta y la demanda: hay muchos aspectos económicos adicionales. No por ello excluyen la oferta y la demanda, e ignorar los efectos de la oferta y la demanda sería ingenuo y contrafáctico. El mercado laboral, de la misma forma que cualquier mercado, tiene particularidades. Pero no tiene la particularidad de ser inmune a la ley de la oferta y la demanda, que es una de las leyes más fundamentales del mercado y que creo que es plenamente aplicable.

    Con respecto a la entrevista, no solo la recuerdo bien sino que estuve presente durante su filmación (aunque afuera de la habitación, y tuve que verla en video luego; Nancy Vidal, a quien entiendo conoces, podría contarte la anécdota, si aún la recuerda). Con respecto a la entrevista, puedo anotar dos cosas:

    Por un lado, el aturo acepta plenamente que, en igualdad de condiciones, la elevación del salario mínimo causa reducción del empleo, cosa que tú cuestionas. Lo que sí dice es que el empleo también se correlaciona con otros factores (cosa que es una verdad de perogrullo) y sugiere con ligereza que para compensar por la pérdida de empleo, bajemos la tasa de interés, como si ello no tuviera a su vez consecuencias ulteriores. Siendo así el caso, en buena hora: no tenemos que esperar a que se reduzca el empleo, ¡bajemos la tasa de interés no más! Así eliminaremos de un solo golpe el desempleo y, de paso, generaremos mucha inversión. Esto suena absurdo porque lo es. La tasa de interés está ligada a muchos otros factores y manipularla así, sin más, causará distorsiones por doquier en otros factores que no viene al caso discutir. El que hayan muchos factores que se relacionen entre sí no excluye que las relaciones puedan analizarse también individualmente y, menos aun, como sugieres, que existan y que tengan efectos muy reales.

    Por otro lado, mencionaría que el problema del desempleo, que es el que atiende principalmente Iguíñiz, no es el principal de mi artículo ni, creo yo, el más grave en el Perú. Actualmente, tenemos tasas de desempleo bajísimas (razón por la cual suben actualmente los salarios). El problema principal es la informalidad, dentro de la cual la imposición de un sueldo mínimo legal es irrelevante. Tal regulación lo único que hace es subirle poco el sueldo a algunos pocos de la minoritaria fracción que gana sueldo mínimo en el sector formal, empujar a otros tantos a la informalidad y alejar la formalidad a todos los demás, y ese es el verdadero problema. El que haya otros factores en juego no es ninguna objeción para que estos factores sean reales y determinantes ni mucho menos que podamos ignorarlos. Y sí, creo que estas razones al menos atienden a la razón principal para entender por qué, hoy, la regulación del sueldo mínimo fracasa rotundamente, y lo seguirá haciendo.

  13. Yo creo como Manuel que el sueldo mínimo únicamente traba la competencia de los más desfavorecidos, su inclusión al mercado. Al ser 750 soles la norma, los empresarios prefieren a los de mayor experticia. Si se eliminara, ellos podrían competir. Además, empresas pequeñas podrían acceder a créditos. (Dos ejemplos mal que bien concretos de sus efectos)
    El sueldo mínimo no protege a nadie. ¿? Mentira. Pero toda norma conviene y no conviene a alguien. Y yo y Manuel creemos que en el caso del sueldo mínimo, sería mejor eliminarlo. Protegería más a los trabajadores con menor pericia, probablemente, los más pobres.
    Me molesta, como a cualquier simpatizante con las ideas liberales, que se nos crea ricos o fascistas; cuando quien creó la corriente liberal (el buen Adam) quería tan sólo el Reino de Dios en la tierra, igual que Marx, yo, Cristo y Manuel. Sólo discrepamos en cómo lograrlo. El liberalismo es también un ideal a pensar y discutir en casos concretos. Si podemos ir a la universidad, tener privilegios; no tenemos la culpa de eso. No se nos puede culpar por eso. Y yo que creo que nadie tiene por qué exigirle a nadie sacrificar su vida por nadie, no voy a exigirle a nadie que sea Cristo tampoco. Pero sí yo pienso igual que Manuel que el sueldo mínimo debería caer. Es lo que pienso y, sin embargo, me falta para convencerme más un análisis sociológico. Ignoro cifras concretas, especulo.
    Otorgar derechos no significa protegernos. Si así fuera, oh santísima trinidad, qué fácil sería hacer política.
    Tampoco creo que controlar algún precio (el trabajo humano dentro del sistema económico tiene precio, es un producto, lo que no quiere decir que el arroz con pollo tenga el mismo valor que una persona; sino necesitaríamos un psiquiatra, urgente y creo que ni el nos salva) sería pecado. El precio del trigo es un posible bien a controlar en Europa porque politólogos han comprobado que si el precio baja demasiado (como ha ocurrido por acciones del Banco Alemán) en la pasada década, la gente en Africa se comienza a morir de hambre. Estas consecuencias del mercado son terribles. Y saben los señores del Banco Alemán lo que hacen? Seguramente, de hecho… Pero son egoístas. Y a los africanos no los protege su Estado. ¿Entonces? Quizá, por lo pronto, habría que protegerlos. El anarcocapitalismo, a diferencia de lo que creía Smith (hasta Marx se equivoca) no trae la felicidad humana. La crueldad tiene rostro humano.

  14. Además, me molesta la falta de tolerancia. Algunos comentarios abundan en denigrar y, a decir verdad, no están a la altura del artículo de Manuel.

  15. ASÍ ES: “Hacer economía con el corazón es una mala idea”. Las buenas intenciones no hacen buenos gobiernos. El intervencionismo en la economía conduce a los fracasos de esta (allí está como mal ejemplo el primer gobierno de Alan García). Tampoco el Perú es como Alemania, y si Alemania quiere desincentivar su mercado alentando regulaciones incrementará la crisis europea (de la cual está eventualmente a salvo). Javier Iguiñiz es, con seguridad, un buen profesor de economía, pero tiene una inclinación por los sistemas intervencionistas en el mercado. Eso no es nada raro en él; después de todo fue Presidente del Plan de Gobierno de Izquierda Unida en la campaña 1990. Su visión keynesiana no simpatiza con el libre mercado. Es estatista y tiene todo el derecho de defenderla (estuvo a favor de la estatización de la banca en 1987), como la tienen los de la vereda opuesta a combatirla. No creo que Adam Smith haya sido superado como señala líneas arriba un comentarista; de lo contrario ya se hablaría de un fantasma (ya tenemos bastante con Marx). Asimismo los modelos no se importan, simplemente son aplicados por el sentido común. Si el álgebra –inventada por los árabes– no tuviera ninguna utilidad, los matemáticos no la tomarían en cuenta. El hecho de que hubiera venido de otra parte del mundo, no invalidó su uso. Amartya Sen y Nash son respetables –también Stiglitz–, pero también lo son Friedrich von Hayek –premio Nobel de Economía 1974– y Ludwig von Mises, de la Escuela Austriaca. “Por que tenemos los costos de conexión a internet y servicios de celulares más caros de América y de peor servicio. ¿Qué pasó con el mercado?” Simple, hay un monopolio de Telefónica en el primer caso (situación contra la que lucha el liberalismo, que es todo su opuesto); en el segundo caso, el Estado debe incentivar el ingreso de más compañías de servicio de telefonía, así los costos bajaran –con mejores servicios, obviamente– en beneficio del consumidor. Finalmente, el debate de fondo en este artículo versa en dos sistemas económicos: el liberal que defiende el articulista y el intervencionista que defienden sus opositores. Buen debate de ambos lados (con algunos excesos por allí), buenas réplicas y dúplicas en general. Por último –ahora sí–, no se puede sino estar de acuerdo con lo expresado por Samiq Saavedra: “Adam Smith quería tan solo el Reino de Dios en la tierra, igual que Marx y Cristo. Sólo se discrepa en cómo lograrlo”. Muchos saludos.

  16. Estimado Manuel, definitivamente el tema del salario mínimo, ni siquiera desde el enfoque puramente económico es pacífico. Menos pacífico será entonces, si incluyes otras disciplinas. Pero antes de cualquier otro comentario de fondo, te comento que noto cierta influencia de A. Bullard en tu redacción, proceso mental (deducción/inducción), conocimientos de economía e ideología de base. De ser afirmativa tu respuesta, lo dejamos ahí, y en caso contrario, sigamos conversando. Un Saludo.

    • Estimado José Manuel:

      Estoy consciente de que el tema no es, ni de lejos, pacífico. Quizá la polémica fue lo que me animó a dar mi posición sobre el tema (que, por supuesto, no es ninguna invención ni innovación mía). Creo que el que un tema sea polémico no significa que uno no pueda opinar sobre ello.

      Sobre la influencia de Alfredo Bullard: sin duda es uno de las personas cuyas ideas generalmente comparto y quien ha influenciado mi forma de pensar. Ahora, no veo por qué eso debería significar que no pudiéramos seguir la conversación.

      Gracias por el comentario,

      Manuel

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