A 21 años de la ‘captura del siglo’, la caída de Abimael Guzmán continúa removiendo puntos sensibles y abriendo viejas discusiones en relación a las décadas de violencia en el país. Hechos como el cuestionable performance de las Fuerzas Armadas y la autoría mediata del Estado respecto de diversos atropellos suelen dejar en un segundo plano el significado de la ‘Operación Victoria’ en sí misma. Connotaciones en asuntos complejos como este son inevitables. Sin embargo, desde este editorial consideramos que la penetración del aspecto político al momento de recordar hechos históricos no justifica dejar de lado aspectos de suma relevancia institucional para el país, como lo es la estrategia de inteligencia policial.

La captura de Abimael Guzmán el 12 de septiembre de 1992 no solo marcó un hito en la historia peruana al ponerle fin a dos décadas de terror y violencia. La estrategia del operativo, que se llevó a cabo ‘sin un solo disparo’, es un ejemplo de maniobra de inteligencia que no suele obtener la atención que merece.

Durante la década de 1980, años en los que brotaban las primeras apariciones del Partido Comunista del Perú, Sendero Luminoso, el gobierno desconocía por completo la organización y el funcionamiento del grupo terrorista. La estrategia de combate, entonces, consistía en responder violentamente a la violencia. Las bombas, los atentados contra las torres de tensión y los asesinatos constituyeron durante dicha década el único punto de referencia para la defensa estatal. Hasta que en la década de 1990 el Grupo Especial de Inteligencia (GEIN), brazo antiterrorista de la Dirección Contra el Terrorismo (Dircote), decidió que esta política de contraataque arremetía únicamente contra “la punta del iceberg”. Los atentados terroristas de Sendero Luminoso, pues, eran tan solo una ínfima fracción visible del movimiento. Por debajo, y fuera de la vista, estaba una sólida organización, estrategias de movilización de las masas, planificaciones internas y la ideología que servía de base para todo lo demás. La estrategia de derrota, entonces, debía centrarse en atacar el movimiento desde sus cimientos. Los principales cabecillas de la organización se convirtieron en el principal objetivo del GEIN.

El abandono de los métodos clásicos en la policía significó el paso de una estrategia de captura e interrogatorio a una de observación y seguimiento. Se dejó de detener a cualquier persona por el solo hecho de ser de izquierda y se adoptaron maniobras de bajo perfil para lograr una observación sin generar alerta. El agente policial se convirtió así en uno de inteligencia. Y es que la estrategia militar de enfrentamiento entre las fuerzas del orden y los terroristas, si bien fue también necesaria a corto plazo, no hubiera sido jamás suficiente para derrotar al movimiento.

Desde esta tribuna condenamos los atropellos y las víctimas generados tanto por Sendero Luminoso como por las fuerzas del orden. Sin embargo, consideramos que la operación que consiguió la captura de Guzmán hace 21 años debe ser observada de manera autónoma e independiente de aspectos externos. Aplaudimos, por tanto, la manera impecable y estratégica en que se llevó a acabo el operativo de inteligencia del GEIN y consideramos, por esta vez, necesario el énfasis en las formas. Hoy en día, Sendero Luminoso muestra rezagos de una organización más ligada al narcotráfico y reconocemos a cabalidad la complejidad del fenómeno. Es por ello que consideramos necesario recordar que no basta con apuntar a la fracción visible del movimiento. Los contraataques militares no son suficientes para poner fin a una organización cuyos cimientos van más allá de las armas. En la actualidad, hace falta la implementación de políticas de inteligencia como las efectuadas por el GEIN. Y es que si aun existen remanentes del partido (Movadef) se debe, en gran medida, a la desarticulación del grupo. “Si uno muere, esto –dijo Abimael Guzmán tocándose la sien- queda en los demás”.

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Las opiniones expresadas en este artículo editorial representan únicamente las del consejo editorial de Enfoque Derecho, y no son emitidas en nombre de la Asociación Civil THĒMIS ni de ningún otro de sus miembros.

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