Por: Gonzalo Monge Morales
Miembro de la Comisión de Contenido de la Asociación Civil THĒMIS. Practicante del Área Constitucional del Estudio Echecopar Abogados, asociado a Baker&McKenzie International y Asistente de Docencia del curso “Derecho Constitucional II” del Dr. Abraham Siles Vallejos.

Lo que Julio Castro y Martha Moyano no pudieron conseguir en 1993 y en el 2003, respectivamente, ahora lo intenta nuevamente Carlos Bruce. Parece que cada diez años discutimos la unión civil entre personas del mismo sexo y el 2013 no podía ser la excepción. Hoy es el turno del Proyecto de Ley Nº 2647-2013/CR, que cautelosamente propone la “unión civil no matrimonial”.

¿Y eso qué es? Nada más y nada menos que una figura jurídica para que dos personas del mismo sexo puedan establecer derechos y deberes entre ellos, incluyendo temas patrimoniales, sucesorios y de otra índole, como el régimen de visitas a hospitales y clínicas o a centros penitenciarios, así como de afiliación a seguros. No es como un matrimonio civil, que incluye, por ejemplo, la posibilidad de la adopción.

Esta iniciativa, que ya ha generado las reacciones de los religiosos recalcitrantes y los opinólogos del Paleolítico mental, cuenta con un sólido y contundente sustento constitucional, especialmente en el derecho a la igualdad y en la proscripción de la discriminación. Salvo débiles “argumentos” religiosos, no existe ninguna razón científica o jurídicamente válida para que privemos del reconocimiento estatal a las parejas del mismo sexo deseosas de conformar una vida en común. Y como es conocido por todos los estudiantes de Derecho de los primeros ciclos de Facultad, el trato diferenciado sin justificación válida es discriminatorio y, por lo tanto, inconstitucional.

“¿La Constitución dice que la familia es exclusivamente la unión entre hombre y mujer?”. No da ninguna definición porque todas las familias merecen protección: desde las que son conformadas por hombre y mujer, las que son lideradas por madres o padres solteros o aquellas que ya perdieron a los mismos. “¡Pero el matrimonio es un sacramento!”. Acá se discute la unión civil, el derecho fundamental de reconocimiento y protección estatal, desprovisto de cargas religiosas. Es más, la iniciativa legislativa ni siquiera la llama “matrimonio”, para la (in)tranquilidad de muchos. “¿No sería mejor reconocer el matrimonio igualitario?”. De acuerdo, pero esta propuesta no es incorrecta, va por el camino correcto.

La discusión de la unión civil no matrimonial es tan solo uno de los primeros peldaños que debe llevar a poder alcanzar un fin mayor: vivir en una sociedad que reconozca la igualdad de sus ciudadanos, sin importar su sexo, su identidad de género o su orientación sexual. El Estado y la sociedad civil deben avocarse a ese propósito, pues cada día somos testigos de las trágicas noticias de inocentes niños que deciden ponerle fin a sus prometedoras vidas por ser víctimas de “bullying” a raíz de “ser diferentes”. ¿En qué consiste su diferencia? Muchas veces, tan solo en amar a gente de su mismo sexo.

Lamentablemente, este Congreso y la actual Administración parecen totalmente desinteresados en hacerse cargo de esta labor. Basta recordar que este año ya fuimos testigos de la estrechez mental de nuestros congresistas, los mismos que rechazaron la inclusión de la orientación sexual y la identidad de género como agravantes para los crímenes de odio. Sin embargo, la Constitución Política y los tratados internacionales suscritos por el Perú, así como la propia jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (con el emblemático caso Atala Riffo y niñas VS. Chile), nos dan la razón a quienes vemos con buenos ojos el proyecto de ley de la unión civil no matrimonial. ¿Se imaginan escuchar a un Alcalde distrital decir “Y ahora los declaro compañeros civiles no matrimoniales?”. Quizás no estemos lejos de ello.

En fin, ya en otro artículo publicado en Enfoque Derecho tuve la oportunidad de referirme a la famosa frase estadounidense: “Be on the right side of History”. Esperemos que nuestros parlamentarios sepan estar a la altura de las circunstancias, sin necesidad de esperar al 2023 para plantearlo nuevamente. Los derechos fundamentales son más fuertes que los dogmas y los prejuicios, señores congresistas.

12 COMENTARIOS

  1. Felicitaciones señor, según lo leído usted es un hombre muy leído y eso es bueno. Algunos detalles que me gustaría observar:
    ¿Es el matrimonio un derecho? Porque si no lo es, me parece que para lo único que sirven sus comentarios es para rellenar un espacio publicitario. Si la respuesta es positiva, entonces muchos de los que no se casan estarían contra un derecho que se debería cumplir. Espero que pueda entender esta lógica que es muy sencilla pero profunda.
    Pero, ya en las profundidades de su línea de pensamiento. La familia no es solo patrimonio de un grupo de personas, sino patrimonio universal. La principal labor de esta familia es brindar a sus miembros una buena salud corporal, mental y espiritual. Mi pregunta, ¿qué hizo la familia con estas personas que en algún momento de su vida perdieron el horizonte natural y de género? ¿No cree que en vez de pedir a la “sociedad” un reconocimiento de esa pseudo unión, se debería pedir más bien preocupación por su salud corporal, mental y espiritual?
    ¿No cree que sería mejor profundizar más bien en la cultura que poco a poco va dejando de lado valores sagrados como el respeto? ¿No cree que en lugar de estar pensando en estas cosas, no sería mejor pensar y presentar proyectos de leyes que ayuden a los peruanos, a todos y no a una minoría, a ser mejores personas? ¿No cree que sería mejor aprobar leyes que ayuden a los hermanos de la sierra a preparar sus casas para el invierno, y para sus animales?
    Como se pierde el tiempo, pensando solo en un tema de coyuntura cuando el tema de fondo se quiere tapar con articulillos que defienden, desde la cátedra de un aprendiz de bufón, la realidad de un Perú que se desmorona de frío.

    Espero que esta vez si los congresistas sepan estar a la altura, y no afincándose más en el estrado en que ya se encuentran.

    • Óscar:

      Gracias por sus comentarios, siempre ayudan a nutrir el debate. Sin embargo, tengo muchas cosas que decir al respecto.

      1). “¿Es el matrimonio un derecho?” No puedo encontrar esa aseveración en el artículo que he escrito, pero igual procedo a absolver su interrogante. En primer lugar, me imagino que no es abogado, por lo que quizás sería conveniente saber que si bien uno cuenta con una gama de derechos, no necesariamente tiene la obligación de ejercerlos. Si a usted le impidiesen contraer un matrimonio civil con su pareja [mujer] sin ninguna motivación o justificación válida, claramente se le está afectando jurídicamente. Si no desea casarse nunca, bien por usted, no ha ejercido su derecho, lo cual no implica que no lo tenga o que lo haya perdido.

      En segundo lugar, el matrimonio, a efectos de lo que nos interesa, es una figura legal que vincula a dos individuos [en este caso, hombre y mujer] y que conlleva una serie de consecuencias patrimoniales y jurídicas que inciden en temas como la adquisición de bienes, los seguros, la herencia, etc. Basta leer el Código Civil para advertir todas y cada una de sus incidencias en la vida de quienes contraen matrimonio por la vía civil .

      Ese reconocimiento del Estado se torna importante, pues a todo ese marco de protección, de deberes y derechos, solo es posible acceder si lo buscan un hombre y una mujer. ¿Y qué sucede con las parejas estables conformadas por dos hombres y dos mujeres? Simplemente están excluidas, sin motivo o justificación alguna. Eso constituye un acto discriminatorio y por tanto el Estado debe legislar en su favor para permitirles gozar de un régimen similar y en algún momento idéntico y sin distinción alguna.

      2). “¿Qué hizo la familia con estas personas que en algún momento de su vida perdieron el horizonte natural y de género? ¿No cree que en vez de pedir a la ‘sociedad’ un reconocimiento de esa pseudo unión, se debería pedir más bien preocupación por su salud corporal, mental y espiritual?”. Hace ya 23 años que la Organización Mundial de la Salud retiró a la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales [en 1973 hizo lo propio la Asociación Americana de Psiquiatría]. Hoy está científicamente comprobado que es una condición natural con la cual una persona nace, nadie se vuelve homosexual o heterosexual. Sería conveniente que consulte un buen libro de psiquiatría, le puede ser muy útil para tener más luces al respecto.

      Ahora bien, a la sociedad se le pide aceptación y respeto, condiciones que deben ser impulsadas por el mismo Estado y por sus ciudadanos. En general, sí hay preocupación por su salud mental, espiritual y física. Por eso se hacen campañas contra el bullying en los colegios y hay atenciones psicológicas y psiquiátricas gratuitas en los hospitales públicos. También por eso se busca que la Policía resguarde por igual a todos los ciudadanos, sin decidirse por perseguir transexuales en la calle. Incluso también se buscó un agravante penal por crímenes de odio motivados en orientación sexual e identidad de género, pero eso no fue posible por argumentos tan burdos como el de los congresistas Lay o Rosas.

      Lo que no puede permitirse jamás es la discriminación y la exclusión de las minorías sexuales, ni de ninguna otra minoría, como las personas con habilidades especiales. Todos somos ciudadanos y merecemos el mismo trato digno, sin importar alguna característica que tengamos como nuestra religión, nuestras ideas políticas, nuestro lugar de nacimiento, nuestro color de piel o, también [y aunque le cueste pensarlo], nuestro sexto, así como nuestra orientación sexual e identidad de género. Piense en un médico católico que por objeción de conciencia se niega a practicar un aborto, un militante aprista que se niega a juramentar por la Constitución de 1993 o en una mujer que buscar hacer vida política.

      3). “¿No cree que sería mejor profundizar más bien en la cultura que poco a poco va dejando de lado valores sagrados como el respeto? ¿No cree que en lugar de estar pensando en estas cosas, no sería mejor pensar y presentar proyectos de leyes que ayuden a los peruanos, a todos y no a una minoría, a ser mejores personas?”. En primer lugar… ¿alguien se opone a fomentar valores? ¿No cree que sería mejor aprobar leyes que ayuden a los hermanos de la sierra a preparar sus casas para el invierno, y para sus animales?”. Yo no y creo que ninguno de los lectores de EnfoqueDerecho tampoco.

      En segundo lugar, las leyes no sirven para preparar casas ni cuidar animales, pues para eso están las políticas públicas que deben llevar a cabo los órganos correspondientes de la Administración [INDECI o Ministerio de Vivienda, por ejemplo]. Que no lo hagan o lo hagan mal es otro tema de discusión, ya que para eso existe la prevención y las campañas que respondan con prontitud a todos los requerimientos.

      Concluyo esta respuesta con dos ideas básicas:
      A). Pensar en los derechos fundamentales de las minorías no es perder el tiempo. Precisamente por ello vivimos en un Estado Constitucional de Derecho que también se reconoce como social y democrático, en el que el respeto por las minorías se torna elemental y sin el cual no sería posible afirmar que vivimos en una sociedad con esas características.

      B). En lo personal, creo que el país tiene muchísimos puntos débiles que merecen de toda la reflexión y actuación necesaria. ¿La eliminación de la pobreza, la reducción de las brechas sociales y el mejor desarrollo de políticas públicas en educación, salud y trabajo son más importantes? Yo creo que son prioritarias, pero no menos importantes que la discusión en favor de las minorías ni de los ciudadanos peruanos de todo tipo.

      Saludos,
      Gonzalo.

    • Su lógica está equivocada. Para eso basta diferenciar lo que es un derecho y lo que es un deber u obligación. La unión civil (entiéndase el coloquialmente llamado : matrimonio civil) es un derecho, más no un deber. ¿Comprende cuán equivocado está?

      Ah, y el Estado no está para avalar a la Iglesia Católica porque sea mayoría en el país, está para proteger al individuo como persona sin importar que hablemos de ‘minorías’.

  2. Este tema tiene un trasfondo muy importante dado que nos estimula a pensar en el bien de aquellas personas que están siendo dejadas de lado hasta el momento, que nunca pudieron ser escuchadas ni atendidas en sus reclamos, sus carencias mas básicas como la de sentirse identificado, aludido y amparado en su constitución, dejando de lado temas religiosos y miedos o prejuicios que no entienden de que se trata todo esto, solo porque no están en los zapatos de quienes si se enfrentan día a día a esta realidad que es la de estar desprotejidos todo el año y toda su vida. Es verdad, algunas personas tuvieron que cerrar sus ojos para siempre, sin la tranquilidad de poder ver que el ser amado (o sobreviviente que vivió días buenos y malos con el/ella) se quedaría -al menos- protegido por la ley para que pueda vivir su perdida en paz, con la seguridad de que nadie podría arrebatarle los bienes y derechos que le corresponden, algo que seria impensable le sucediese a una pareja heterosexual. Es por eso que la ley es valida y necesaria, para que estos temas de injusticia y dolor no sigan haciendo eco en nuestra sociedad, trastocando muchos aspectos en la vida de mas de 1 millón de individuos que necesitan estar amparados por la ley.
    Todos estamos interconectado, lo que sucede a uno, repercute en el otro (estos sentimientos de frustración e infelicidad pueden conllevar a afectar la vida de los demás) como sucede por ejemplo en las personas que se casan para no ser tildados de homosexuales, condenándose a si mismas a llevar una doble vida, o vida secreta, lo que es una lastima en todo sentido, creo no hace falta explicar lo que esto significa y como repercute en las familias, queramos o no verlo, porque existe. Por eso muy bien que se den estos avances en la sociedad y dejemos de condenar a un sector de la población, privándolos de vivir su vida con honestidad y dignidad, protegidos y amparados por su constitución y su país.

  3. ¡Gracias, César! Ojalá esta propuesta pueda ser debatida y finalmente aprobada. Aunque siempre la estrechez mental de nuestros parlamentarios es una amenaza a la lucha por los derechos fundamentales, esperemos que esta vez sepan advertir todos los aspectos positivos de este proyecto de ley.

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