Por Luis Davelouis Lengua, periodista.

Luis Miguel Castilla es perfectamente consciente de la vulnerabilidad de su encargo: es el más visible de los ministros, el más buscado, el más consultado, el más importante. De hecho, es el primer ministro de facto con un gabinete propio pues algunos ministros despachan con él más que con el mismo titular de la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM). Administrar el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) es estar al frente de prácticamente todo el dinero que se mueve en el país y, en ese sentido, la independencia y autonomía de los Poderes del Estado (Judicial, Electoral y en alguna extensión hasta el Legislativo con algunas excepciones), están supeditados a las “recomendaciones” técnicas del titular de dicha cartera. Todos los ministerios, todos los gobiernos subnacionales, el presidente del mencionado Poder Judicial incluido, deben ir a tocarle la puerta o pedir cita para sustentar un incremento de presupuesto que sirva para desde subir sueldos hasta comprar tinta para las impresoras.

Pero seamos justos, no lo ha hecho mal y los números lo han acompañado hasta ahora, cuando el ritmo del crecimiento, que arrastra todo lo demás y que ES la tarjeta mágica de Castilla, empieza a declinar, quién sabe hasta qué nivel y con los efectos que ello supone. El “éxito” macro económico obtenido hasta ahora, en medio de un gobierno que empezó con el peor de los pronósticos por ser presuntamente estatista, populista y “chavista”, le granjeó primero aliados y luego hinchas entre el sector privado en donde, por lo menos la mayoría, lo considera indispensable ahí donde está hoy y quisieran que se quede para siempre. CONFIEP siempre apuesta a seguro, siempre por lo (malo) conocido; lo que constituye una ironía si consideramos que representan a empresas y empresarios que son (nos dicen siempre) invalorables para la sociedad, precisamente en la medida que y porque toman riesgos con su propio dinero allí donde el resto de los mortales no se atreve. Esta carta, este voto de confianza del empresariado -como decíamos en la primera parte de esta historia- y el que casi todo lo que le dice al Presidente que va a pasar, de hecho pasa, es lo que le ha ganado la buena voluntad de Ollanta Humala y de su esposa. Esto, y nada más que esto, es lo que lo hace indispensable.

Algunos de sus críticos más duros, como su predecesor Luis Carranza (quien en su momento fuera también el rockstar, el hombre fuerte del gabinete de ministros de Alan García y su asesor económico personal para todo lo que fueran las finanzas públicas, incluso cuando Luis Valdivieso estuvo al frente del MEF) piensan que las reformas debieron ser más profundas y en algunos casos, tomar rumbos diferentes para que fueran más efectivas y eficaces.  Y sostenibles. Es también lo que piensa Piero Ghezzi.

El contexto económico internacional no nos va a ayudar. Europa crecerá apenas (1% este año según el FMI) y EE.UU. alrededor de 2,2%, con suerte. China no va a crecer todo lo que esperamos (todo lo que nos conviene, todo lo que quisiéramos) que crezca, ni con las velitas que le prenda Castilla. Los países emergentes, motores del crecimiento global mientras pasó lo peor de la crisis, entre ellos el Perú, no la van a tener tan fácil porque además vivimos de exportar materias primas que son demandadas solo en la medida del crecimiento de otras economías que, como dijimos, no van a crecer tanto como dice el FMI.

Luis Miguel lo intuye, y por eso es que se va en julio, antes de que el barco se empiece a hundir, fiel a su estilo de pasar de perfil. Por eso es que atracó, aunque un poco receloso, que Piero Ghezzi (aspirante a su silla) entre al gabinete a acechar su actual puesto. Y se va con René Cornejo, su ahora amigo (o socio, a quien recomendó para la cartera de Vivienda al comienzo del gobierno) quien debe compartir la visión de Castilla y a quien no le molesta que le enmienden la plana en la tele (por algo será).

Las perspectivas en este escenario no son positivas. El crecimiento económico del Perú, que ha sacado a millones de peruanos de la pobreza, se va a meter un frenazo. Es natural, el super ciclo económico de 20 años está terminando; eso no es un secreto, todos sabían que ocurriría, era solo cuestión de prever más o menos en qué momento. Y parece que ese momento empieza ahora. El problema mayor, sin embargo, es que al menos la mitad de esos siete millones de peruanos que se convirtieron en clase media en los últimos 11 años, son altamente vulnerables (crudamente vulnerables) a cualquier contracción de la tasa de crecimiento o alguna dificultad que afecte sus ingresos; desde una apendicitis o cualquier otra enfermedad como el cáncer, el SIDA o la tuberculosis (que se expanden silenciosamente) o que uno solo de los miembros de la familia pierda su empleo.

El economista jefe del Banco Mundial para América Latina, Augusto de la Torre, me contó, en una entrevista que le hice en noviembre del año pasado, que si el crecimiento de la economía de América Latina pasara de 3% a 2%, la mitad de las personas que salieron de la pobreza (lo que se ha dado en llamar la clase media no consolidada) volverían a ser pobres. Lo mismo aplica para la economía peruana: si pasa de crecer 5,5% en promedio a crecer 4%, la reducción del desempleo se detendrá. Si el crecimiento cae a tasas de 3,5% alrededor de 3,5 millones de personas volverían a la pobreza. La promesa del crecimiento-empleo-bienestar rota.

¿Se imaginan la conflictividad social que eso generaría aquí si en Brasil (donde, sí, son más bravos) hubo una trifulca espeluznante porque se incrementó el costo de los pasajes? Y ello sin contar que muchas de las instituciones micro financieras (las que le prestan a los sectores más bajos y amplios de la pirámide socio económica) ya tienen problemas para recuperar sus colocaciones y que además hay un sobre endeudamiento en todos los niveles crediticios. Como me comentaba mi amigo, el periodista y economista, Alberto Limache, el riesgo de que el microcrédito se detenga o ralentice es real y ello podría provocar un corte en la cadena de pagos pues el grueso de las micro y pequeñas empresas se endeudan para obtener capital de trabajo. Sin empleo, endeudados y sin acceso a más créditos para financiar esas deudas en medio de una vorágine consumista que apenas se extingue. Es una mala combinación, volátil, explosiva.

Las personas que se compraron la idea de la prosperidad se van a sentir engañadas: cuando se reduzca la oferta de puestos de trabajo, los cientos de miles de chicos que fueron a las universidades-negocio -y sus padres- comprobarán que fueron estafados. Las demandas sociales van a arreciar al tiempo que la criminalidad, en una economía llena de personas que buscan sobrevivir o mantener sus nuevos estilos de vida y de consumo como sea, se incrementa. Como pasó (y pasa) en México o como empieza a pasar hoy en Brasil pese a que ha seguido creciendo. Y ahora se está desacelerando.

En el Perú, el ajuste está empezando por las transferencias por canon minero, que podría caer hasta en un 40% este año comparado con el 2013. La caída de la producción en algunos casos y de los precios en otros, consecuencia de la contracción de la demanda internacional de materias primas, explican este hecho. En un año electoral, estos “recortes” ya empiezan a ser utilizados con intenciones políticas en las regiones del sur del país. Eso genera expectativas negativas y preocupación. Y se va a poner peor.

Luis Miguel Castilla lo ha visto desde lejos (pero tan cerca como en agosto del año pasado) y, como es lógico, le quiere dejar la papa caliente a otro, no es tan importante a quién. En un escenario como el descrito todos los dedos van a señalar al gobierno y, dentro de él, a quien esté en la silla del ministro de Economía y Finanzas. Cuando las papas queman, no hay amigos que proteger y si te botan de un ministerio, no vuelves, al menos, no durante el mismo gobierno.

Que sea Ghezzi quien enfrente una situación como la descrita en la que poco le quedará al fisco por hacer dado que el impacto es de fuera, de una manera antojadiza y retorcida le dará la razón a Castilla: “el chico no está preparado”. Este se va como el héroe, para que lo extrañen como cuando la crisis del 2008 le reventó en la cara a Luis Valdivieso y todos extrañaban a Carranza que, de hecho, regresó ovacionado y en loor de multitudes. A Castilla le debe gustar la idea. Mientas tanto, es posible se vaya a descansar porque sí, está cansado, sobrecargado de trabajo, no tiene espacio para su vida personal ni para su familia y está subpagado. Hasta que lo llamen o, como Carranza, se haga llamar.

Ese es el panorama potencial que, más o menos, enfrentamos. El ministro Castilla probablemente ya hizo sus maletas para julio, y (quizás) vuelve cuando se calmen las aguas y la gente lo extrañe demasiado. En una situación así, hasta la Presidencia de la República parece alcanzable. ¿Quién sabe?

Y en el (ya no tan) oscurito, alguien dice “bye bye suckers!”.

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