Traducción por Ian Forsyth

Las burocracias son grandes y complejas organizaciones jerárquicas gobernadas, como indica Posner, por reglas formales en lugar de decisiones discrecionales. Esta aparente rigidez en el proceso de toma de decisiones no necesariamente hace a las burocracias “ineficientes”, ya que pueden tener ventajas de escala y alcance que compensen sus desventajas de inflexibilidad y decisiones maquinales.

Si una organización es “eficiente” no se puede determinar en un sentido absoluto, pues esto solo se puede hacer en relación con las alternativas viables. Por lo tanto, es razonable concluir que una gran organización burocrática es eficiente si es capaz de prosperar en un sector competitivo, es decir, en un sector con una fácil entrada de organizaciones con diferentes estructuras para la toma de decisiones, porque si los participantes potenciales son más eficientes que las organizaciones burocráticas, ellos podrían entrar en el sector y sacar a las burocracias del mercado.

Los bancos, las compañías petroleras y los fabricantes de equipos de construcción, para tomar algunos ejemplos, están en industrias sin mayores obstáculos artificiales a la entrada de competidores. Empresas burocráticas grandes como Caterpillar, JPMorgan Chase y Exxon persisten de manera rentable en estas industrias, a veces junto a las empresas mucho más pequeñas como los bancos pequeños, las pequeñas empresas de equipos de construcción y los perforadores de petróleo que son, en general, más ágiles. La persistencia de estas grandes empresas burocráticas sugiere que las ventajas netas, teniendo en cuenta su mayor rigidez, son suficientemente grandes para que puedan sobrevivir la competencia de empresas más pequeñas y flexibles. Esta es una aplicación del enfoque de “Principio de Supervivencia” para la eficiencia desarrollado hace décadas por el Nobel economista George Stigler (véase su artículo, ” Las economías de escala “, Revista de Derecho y Ciencias Económicas, octubre de 1958).

Las burocracias del gobierno, por el contrario, están a menudo en situaciones que no involucran competencia, ya que otras organizaciones no están autorizadas para competir directamente con ellas. Las fuerzas armadas, por ejemplo, son una enorme burocracia que no enfrenta competencia en el combate, lo que significa que es difícil medir su grado de eficiencia. Empresas de propiedad estatal en China muchas veces no tienen competencia directa debido a leyes que les dan poder de monopolio sobre sus sectores. Aún así, sin embargo, se puede intentar de juzgar la eficiencia de estos organismos gubernamentales mediante la comparación de su productividad frente a la de empresas privadas extranjeras en la misma industria o, en el caso chino, en relación a las empresas privadas chinas en sectores más competitivos.

Algunas agencias gubernamentales tienen competencia directa de las organizaciones privadas o de otras agencias gubernamentales. Por ejemplo, la oficina de seguridad social compite, en cierta medida, contra las empresas que invierten fondos de las cuentas IRA; la CIA compite contra el FBI en la recolección de información; y, las agencias federales se enfrentan a competencia de las agencias estatales y locales. Así mismo, las elecciones se pueden decidir en parte a partir de los reclamos sobre qué candidatos pueden ayudar a organizar distintos sectores del gobierno de la manera más eficiente.

Esta competencia es a menudo muy útil para mejorar la eficiencia de las agencias del gobierno. Sin embargo, es generalmente más débil y menos directa que la competencia que enfrentan las empresas privadas en muchas industrias. Es por ello que las burocracias de las grandes empresas privadas tienden a ser más eficientes que las burocracias de los organismos gubernamentales relacionados, aunque repito, comparar la eficiencia de los sectores no es fácil

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