Todo comenzó en el 2002 cuando un clérigo musulmán formó Boko Haram. Sin embargo, lo que inicialmente fue una escuela islámica, se convirtió en el 2009 en un grupo extremista que atacaba al gobierno para así imponer un Estado islámico. Desde entonces, Nigeria vive en zozobra. El pasado 14 de abril, el grupo islamita atacó de nuevo, esta vez secuestrando a 276 niñas del internado de una escuela en Chibok. Recientemente, se difundió un video en el que las niñas secuestradas, vestidas con hijabs (velos), cantan el Corán. Luego, se muestra al imponente líder del grupo, Abubakar Shekau, declarando que Alá le ha ordenado vender a las niñas al mercado y que cumplirá tal mandato. Cerca de 50 niñas lograron escapar, pero el futuro de las otras aún es incierto y se especula que algunas ya han sido vendidas como esposas al precio de 12 dólares[1]. Este macabro panorama lleva a pensar que las niñas estarían expuestas a la trata de personas, un terrible fenómeno global que será analizado en el presente editorial.

La trata de personas es considerada como una forma de esclavitud. Ella consiste en captar, transportar, trasladar, acoger y recibir personas recurriendo a amenazas, al uso de la fuerza, al rapto, al fraude, al engaño y a otros, con fines de explotación. La explotación puede ser sexual, laboral o en variadas prácticas como mendicidad, venta de órganos y embarazos forzados con fines de adopción[2]. Quienes son víctimas de esta ven vulnerada su libertad en todas sus dimensiones. No tienen libertad ni de autodeterminarse, ni de desplazarse libremente y con ello, tanto su libertad individual, como personal se ven disminuidas. Además, las víctimas son vulnerables a abusos físicos, sexuales y psicológicos y están constantemente expuestas al crimen organizado y a otras actividades ilícitas[3]. Y, ¿quiénes son usualmente víctimas de este flagelo? Según un informe de la UNODC, mujeres y niñas son las más perjudicadas.

Las estadísticas al respecto son escalofriantes. Según el anterior informe, el 80% de las víctimas se encuentran en los grupos antes mencionados. La trata de niños representa cerca del 20% del total de los casos y es, además, una modalidad presente en todas las regiones del mundo e incluso la modalidad principal en algunos países. La explotación sexual se da en la mayoría de casos. Además, según un informe de la OIT en el 2005, 2,4 millones de personas se encuentran en situación de trabajo forzoso como consecuencia de la trata de personas. Las ganancias por la trata de personas, según este mismo informe, ascienden a 32, 000 millones de dólares por año. Solo en Nigeria, según el Índice Global de Esclavitud del 2013, se estima que cerca de 700,000 personas viven situaciones de esclavitud moderna.

Esto nos lleva a preguntarnos, ¿qué se ha hecho por contrarrestar el problema?, ¿qué ha hecho Nigeria para enfrentar tan elevada cifra? La Organización de Naciones Unidas ha jugado un papel importante al respecto, dentro de sus esfuerzos por la lucha contra la trata de personas, se encuentran el Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas; el Plan de acción mundial de las Naciones Unidas para combatir la trata de personas; y el Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena. Sin embargo, llama la atención el primero, ratificado por Nigeria, el que obliga a los Estados parte a proteger a las víctimas de trata de personas y de la misma manera, a prevenir y combatirla. Así, los Estados parte deberán facilitar el retorno de las víctimas y asegurar que éstas estén protegidas de ser deportadas o regresar a donde se encontraban. Además, los Estados parte deben sancionar criminalmente a los responsables de trata de persona y prohibir el tráfico de niños para cualquier fin.

Detrás de los velos de las niñas secuestradas de Chibok, se esconden una serie de problemas políticos, ideológicos y sociales. A nivel político, Boko Haram pide la liberación de sus presos a cambio de la libertad de las niñas. A nivel ideológico, el grupo extremista busca imponer el islamismo en un país con mayorías musulmanas y cristianas en el norte y sur, respectivamente. Además, prohíbe la educación occidental -como bien lo indica la traducción del nombre, “la educación occidental es un pecado”-, aduciendo que las mujeres no deben asistir a la escuela sino deben estar casadas. Y según las especulaciones, éste es el destino que ha deparado a muchas de las menores secuestradas, quienes probablemente han sido vendidas, como si su vida podría contabilizarse en monedas.

La trata de personas es solo una de los graves preocupaciones que se esconden detrás del hashtag #Bringbackourgirls utilizado en las redes sociales para mostrar la solidaridad con estas niñas. Lo preocupante es que pese a la magnitud del problema, recién ha comenzado a ser analizado en los medios de comunicación y recién se están buscando soluciones a éste. Si bien no existe propiamente una guerra, no puede decirse que Nigeria es un país que viva en paz, porque la paz no se logra, sino hasta que se generan las condiciones mínimas para vivir en libertad. Así, mientras existan niñas como las de Chibok expuestas a ser vendidas, mientras exista Boko Haram, la paz no habrá llegado a Nigeria.


[1] Véase: http://elcomercio.pe/mundo/terrorismo/us12-habrian-sido-vendidas-parte-menores-secuestradas-noticia-1727343.

[2] Definición de la Organización de Naciones Unidas acogida por UNICEF en: http://www.unicef.org/lac/Informacion_basica.pdf

[3] Ibídem.

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