Hace tiempo lo vengo pensando, de hecho lo charlamos bastante con mi amiga Ursula Indacochea y quedamos en poner manos a la obra. Por algún lado hay que empezar y hoy se me revolvió el estómago, así que acá va.

Esta mañana, (hoy es martes 24/6)  revisando Facebook, encontré en media hora al menos cuatro congresos de Derecho, la mayoría de Derecho Civil y uno de Derecho Penal, en el cual no había expositoras mujeres. Ah, perdón, en uno que se hace en Arequipa había una profesora entre diecinueve expositores. Ejemplar, ¿verdad?

Lo peor es que no parece molestarle a nadie: ni a los expositores, ciertamente no a los organizadores, pero tampoco a los asistentes, que suelen ser, en su mayoría ¡mujeres!

Y sin embargo, es algo grave, muy grave. ¿Qué quiere decir que no haya mujeres en un evento académico? Es decir, hay mujeres en la organización, en la mesa de inscripciones, asistiendo al comité directivo, pero no exponiendo. Ayudando, asistiendo, acompañando pero sin voz ni voto. Aclaremos algo de entrada, profesionales mujeres destacadas, sobran. En algunas áreas más que en otras, pero que las hay, las hay y conozco a muchas con nombre y apellido. Y en el Derecho Civil más aún; en los años que viví en Perú tuve la suerte de compartir debates e ideas con un buen número de ellas. ¿Dónde están? Para los señores organizadores – y esto va desde ilustre profesores hasta organizaciones estudiantiles – esas mujeres no existen.

Así de simple, no existen. Excluir a las mujeres de los eventos académicos implica sostener que las mujeres no estudiamos Derecho, no hacemos investigación,  no tenemos cosas válidas u originales que decir, no litigamos o ejercemos de formas diversas la profesión, ni somos exitosas. Mucho menos podemos aspirar a ser modelos de algún tipo, referentes, maestras, mentoras, conferencistas. Candidatas a la presidencia sí, ¿pero conferencista en un congreso de Derecho no?

¿Hasta cuándo vamos a tolerar esto? Hay que tener en cuenta que esta invisibilización – que en el mejor de los casos llega a la subrepresentación (por ejemplo, una en 19)- incide en toda la cadena educativa: ¿qué estímulo, qué meta o ejemplo va a tener una estudiante que ve que mientras que ellas son mayoría en las clases (y se destacan entre los estudiantes), tienen cuatro o cinco profesores varones (o más) por cada profesora? ¿Qué la va a impulsar a la investigación, tarea dura, de largo aliento y  solitaria, si sabe que sus chances de ser profesora o que la reconozcan en su tarea como investigadora va a ser mínima? ¿Cuántas más jóvenes investigadoras podrían estar hablando, pensando, articulando, cambiando el Derecho si fuera natural que tuvieran acceso a los espacios públicos, a los foros de debates, cuando comiencen a crecer? ¿Cómo impacta en las destacadas profesoras el quedar fuera de esa selección arbitraria y machista, donde ser mujer te hace candidata a ser invisible?

Y existe un pudor mal entendido de que si una protesta, es porque se siente dolida que “la dejaron afuera”. No señor, cada uno sabe lo que tiene arriba de las cejas; así como es sabido cómo se manejan las relaciones de poder. Porque hablamos de eso, en definitiva, de esas relaciones de saber-poder que atraviesan la vida de varones y mujeres con suerte bien dispar.

Estoy convencida de que es tarea de las organizaciones estudiantiles cambiar este orden de cosas. Organizando eventos donde la paridad sea la regla, igual número de chicas y varones, desde etapas tempranas de la carrera. Así como están en las Revistas y los Centros estudiantiles, estén en los congresos, mesas de debates, talleres, como voces nuevas y luego, como voces reconocidas. Esas jóvenes ya fogueadas en hablar en público, defender sus ideas, pensar creativamente, exigirán ser parte de los congresos y los planteles docentes. No podrán ser ignoradas, porque no lo tolerarán y más aún, porque sus compañeros generacionales habrán crecido con ellas a lo largo del camino, las respetan y no se les ocurriría excluirlas.

Empiecen con los boicots. A ver quién se anima, quién toma esta posta. Boicot público a los eventos que invisibilizan a las mujeres en Derecho. ¡Una linda campaña de concientización de los derechos de las mujeres!

Y cuando ustedes organicen eventos, cuiden siempre de tener mujeres entre los invitados, obliguen a las vacas sagradas a sacarse los anteojos del sexismo académico. Denuncien. Reprendan. Eduquen. Orienten. Es su obligación como jóvenes futuros abogados y abogadas, que los derechos bien entendidos, empiezan por casa.

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