Enfoque Derecho entrevista a Iván Alonso, economista y filósofo, sobre el eje de la economía en la gestión del gobierno de Ollanta Humala.

ED: En términos generales, ¿cuál cree que ha sido la mejor y la peor medida del gobierno de Ollanta Humala en materia económica?

IA: Sobre la mejor medida, creo yo que es difícil tratar de identificar una, por lo menos en este momento. Considero que, en conjunto, el haber dado marcha atrás con el Plan de la Gran Transformación ha sido lo mejor que ha hecho y esto se ha dado en una serie de frentes donde no sucedieron cosas que se anunciaban que iban a suceder. No hubo nacionalizaciones, no hubo lo que se temía acerca de los ahorros de las AFP, una serie de cosas de las Gran Transformación no ocurrieron y básicamente, se ha mantenido la misma política económica de los últimos tres gobiernos. Yo creo que eso ha sido lo más positivo.

ED: ¿Y en lo que respecta al aspecto negativo?

IA: Hay varias reformas que no son las mejores que debieron hacerse. Por ejemplo, lo que se ha hecho con las AFP acerca de que una sola tenga el monopolio de los afiliados por dos años. Creo que no es la mejor manera de reformar el sistema, aunque tampoco me parece lo más grave. Creo que lo más negativo de estos tres años fue el anuncio de que se estaba por comprar la refinaría La Pampilla. Felizmente, ello no se concretó, pero generó una serie de dudas, temores y desconfianza; además, el gobierno se demoró en dar marcha atrás generando una sensación de regreso a la Gran Transformación.

La Consulta Previa tampoco fue una medida positiva positiva, pues fue algo que el gobierno dio rápidamente, de manera precipitada, y que después no ha sabido cómo salir del problema. Crearon un problema para un montón de proyectos y no han sabido cómo resolverlos, no sabían cómo iba a ser la consulta, quienes iban a ser los consultados, qué pasaba si no se aprobaba, en fin…

ED: Según el diario El Comercio, el gobierno ya ha lanzado anteriormente medidas para impulsar la economía y dinamizarla, pero no cumplieron con su objetivo. Respecto al paquetazo presentado por el MEF, ¿en qué se diferencia este de los anteriores? ¿Cree que logrará su cometido considerando los ejes para dinamizarlo?

IA: Primero, distingamos lo que son las medidas que llaman “de impulso a la demanda” que creo personalmente -y en esto discrepo con el 90% de los economistas- son siempre inefectivas. Por ejemplo, tu dices que vamos a dar un aguinaldo, y el dinero que das en el aguinaldo es dinero que no se puede usar en otra cosa; es decir, que se iba a usar en algo y que ya no se puede usar en otra cosa. O se dice, vamos a liberar la CTS, pero la plata que liberas es plata que los bancos podían usar para prestar a las empresas que ya no van a poder usar. Estas medidas son siempre inefectivas salvo que se trate de un aumento, de una expansión monetaria, que puede ser efectiva pero también es riesgosa porque puede causar inflación a la larga.

Entonces creo que eso de [las medidas] es cosmético, que es algo para la tribuna, pero no va a tener un efecto real. Lo que puede tener un efecto más importante, pero no inmediato es lo que hagan, por ejemplo, en la cuestión de los permisos ambientales para las nuevas inversiones mineras y petroleras.

ED: ¿Considera que es positiva la reducción del plazo que se le ha dado a estos estudios de impacto ambiental sin tomar en cuenta la magnitud de la empresa o del proyecto, que es uno de sus puntos más criticos?

IA: Yo solamente puedo decir que en general me parece positivo el espíritu de que estas normas se modifiquen para que no constituyan trabas innecesarias. En lo específico no puedo hablar, porque es una cuestión especializada. Tengo la impresión de que exigir que se responda a un EIA en treinta días por la magnitud, la profundidad o la complejidad del tema puede ser irreal, de repente no se puede estudiar al fondo y responderlo como se debe en ese plazo. Entonces, suena bien reducir el plazo pero tal vez no es factible. Por eso, yo me quedo en lo general, en el espíritu de retirar parte de estas trabas.

ED: Hay un tema que también está dentro del paquetazo, el referido a la capitalización de los intereses en las deudas tributarias, ¿cuál cree que sería el efecto que generaría en las empresas?

IA: Bueno, el efecto para las empresas que tienen este problema es positivo, les va a reducir la deuda tributaria, según dicen. Depende de cada caso específico, se ha hablado de un orden de magnitud del 20%. Ello para las empresas es positivo, pero yo no creo que sea bueno como medida política el ser concesivo, si la deuda tributaria es justificada y si no es resultado de una arbitrariedad de la SUNAT, entonces no veo porqué se deba ser concesivo con el que no pagó a tiempo. Si debes lo que te dice la ley y no has pagado a tiempo, ¿por qué te voy a perdonar los intereses? ¿por qué el Estado y todos los demás tienen que perdonarle intereses al que no pagó a tiempo?

ED: Este gobierno recientemente inauguró un Plan Nacional de Diversificación, ¿considera que es necesaria la existencia de este para llegar a dicha diversificación de nuestra economía?

IA: Yo creo que no y lo he dicho públicamente en El Comercio. Considero que a medida que las economías crecen, estas se diversifican naturalmente. No es necesario que el gobierno diga cómo debe de diversificarse porque la gente, los empresarios que van detectando nuevas oportunidades comienzan a hacer cosas diferentes, comienzan a incursionar en nuevos negocios. Yo escribí sobre ello en El Comercio y puse como ejemplo que si uno empieza a mirar unos diez años atrás -y me parece que esto está en la página web de PromPerú-, si la cantidad de partidas arancelarias que el Perú exporta se ha multiplicado por diez hasta el día de hoy es porque la economía se ha diversificando de manera natural.

ED: Según los detractores de lo que vendría a ser el plan, señalaban que se trataba de una especie de industrialización por sustitución de importaciones que nos retrotraería a los 60. ¿Qué opina usted de esta crítica?

IA: No es mi caso. Por lo menos, yo no veo que se esté hablando de sustitución de importaciones. Esta fue una política que aplicaron muchos países en los años 50, 60 e inclusive 70, que consistía en cerrar el mercado y poner aranceles altos para que no entren las importaciones que competían con productos locales. Entonces, el resultado de esto fue que los productores locales tenían pues el mercado para sí mismo, no tenían ninguna amenaza de competencia externa. Ellos podían subir los precios, podían producir cosas de una calidad cuestionable.

Uniformemente, el resultado fue malo, pero yo no veo en el plan de diversificación nada por el estilo. En ningún momento el ministro Ghezzi ha dicho que van a subir los aranceles o que van a ver que no se importen cosas que compiten. Lo que él está diciendo es que se ponga un equipo en el ministerio para detectar nuevas oportunidades para diversificar la producción junto al trabajo de las empresas en desarrollarlas. Considero personalmente que ello es innecesario ya que un funcionario no tiene mayor conocimiento de lo que necesita el mercado que un empresario privado, no tiene tampoco un incentivo como sí lo tiene el empresario que va a ganar dinero; así, el funcionario no tiene un incentivo para decir si hay una buena oportunidad y vale seguir o no. Entonces, no veo en qué puede ayudar una agencia u oficina de diversificación, creo que es llenar de funcionarios públicos por gusto.

ED: Según el Banco Central de Reserva, tanto la demanda como la inversión interna se ha desacelerado en esta primera parte del año. ¿A qué se debió y qué efecto tendrá en esta segunda etapa del año?

IA: Sí, la tasa de crecimiento ha caído y hay mucha preocupación por esto, pero yo personalmente no estoy muy alarmado. Las economías no crecen a una tasa uniforme. Si la economía crece más rápido y este año no tan rápido, no me parece para alarmarse. Es difícil mantenerse y hay pocas experiencias de países en el mundo que han podido crecer a tasas de 5% y 6% por más de 10 años seguidos. Puede ser una caída temporal, pero si soy muy escéptico de que el gobierno pueda hacer algo para revertirla; me causa recelo el pensar que por tratar de resolver un problema inexistente, creemos otro.

ED: Nuestra brecha de inversión en infraestructura sigue siendo altísima. ¿Esta se debe a los pocos esfuerzos del gobierno o la ineficiencia de las medidas que este plantea?

IA: Pasa por las dos. Estas mediciones hay que tomarlas con cuidado porque muchas veces se hacen comparaciones con lo que existe en Chile, pero las realidades son distintas: la geografía, los ingresos, los servicios.  Idealmente uno tendría que decir que hay una brecha de infraestructura cuando hay proyectos que no se dan a pesar de tener una demanda. Yo he visto muchos casos de proyectos que ProInversión saca a licitación y es difícil hacerlos rentables porque no hay una demanda que los sustente.

Dicho esto, hay proyectos que salen y que si están muy bien justificados, pero enfrentan problemas después de haber sido adjudicados. Es decir, no tienen los terrenos a tiempo porque las expropiaciones demoran, no se les aprueban los expedientes en los plazos acordados, no pueden conseguir los permisos o licencias para iniciar la construcción. Ahí el Estado falla porque no hay una maquinaria dentro de él que funcione para que el proyecto una vez adjudicado se ejecute.

ED: Según la SIN la industria peruana debe expandirse en un 6% para así cerrar el año con un crecimiento del 4%. ¿Es esto posible? ¿Qué tipo de medidas se pueden tomar para fomentar este crecimiento?

IA: Es factible porque en otros años se han visto tasas de crecimiento de ese tipo. Ahora, en la situación actual, no lo sé. ¿Qué medidas se podrían tomar? Como decía, yo soy bien escéptico respecto de las medidas de expansión de la demanda porque eso implica sacar plata de un bolsillo para meterlo en otro. La manera en cómo crecen las industrias es cuando los empresarios detectan cosas que la gente quiere comprar. Está más en mano de ellos que del gobierno el incrementar esta tasa.

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