Por Costanza Borea Rieckhof, abogada especialista en temas de Derecho Constitucional.

Todo lo que publiques en Internet te va a perseguir para siempre. Esta es una de las mayores preocupaciones en la actualidad y ha generado diversas demandas de privacidad a nivel mundial. Pero también ha generado una nueva forma de comunicarse: el anonimato. Recientemente, se han creado una serie de apps, la más popular Secret, que permiten a los usuarios publicar mensajes y fotos de manera anónima a sus contactos de redes sociales (como Facebook), quienes también podrán likear, comentar o compartir el mensaje de manera anónima. La popularidad del mensaje determina la cantidad de destinatarios.

De acuerdo a la página de Secret, se trata de una nueva forma de compartir y conectarte con tus amigos libremente. El anonimato permitiría que las personas se sientan libres de compartir sus sentimientos y pensamientos más profundos sin miedo a ser juzgados. Pero los riesgos exceden todos los beneficios. El anonimato es el instrumento perfecto para la amenaza, organización delictiva, instigación a la violencia, bullying, acoso, difamación, discurso de odio, discriminación, fotos gráficas, etc.

Precisamente, estas apps han causado alarma en Brasil sobre todo por su uso para el acoso escolar. Las personas están siendo vulneradas en sus derechos al honor, intimidad y dignidad a escalas nunca antes vistas, y sin posibilidad de defenderse. Esta semana, la Justicia del Estado de Espíritu Santo declaró fundada una demanda de acción colectiva presentada por la Fiscalía y ordenó a Google y Apple que eliminen Secret, y a Microsoft que elimine un app similar llamado Críptico. En este caso, el Derecho era claro: la Constitución brasilera prohíbe expresamente el anonimato. Pero, la pregunta queda para nosotros: ¿el anonimato está previsto en el derecho a la libertad de expresión?

El anonimato puede cumplir dos funciones diametralmente diferentes. Puede constituirse como un instrumento de revolución que le permita al ciudadano común cuestionar al Estado de manera libre y generar un cambio. Pero puede ser, sobre todo, un instrumento de deshumanización. Cuando dejas de ser tú mismo, cuando no asumes ninguna responsabilidad sobre tus actos, se crea la plataforma perfecta para que el ser humano deje de comportarse como tal.

Con el anonimato no existe rectificación, no existe defensa, no existe indemnización. Peor aún, no existe la posibilidad de controlar la información, no existe derecho al olvido. Por eso es un instrumento peligroso cuyo uso debería ser regulado.

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