Esta semana el Congreso de la República (con 55 votos a favor, 0 en contra y 19 abstenciones) derogó la ley que obligaba a los trabajadores independientes aportar a una Administradora de Fondo de Pensiones (AFP) u Oficina de Normalización Provisional (ONP). A propósito de este acontecimiento han surgido una serie de interesantes debates con respecto a cuál debiera ser el rol del Estado en el manejo de nuestros ingresos salariales, y si su accionar deberían suplantar las medidas o decisiones que nosotros, los ciudadanos, tomamos en aras de asegurar nuestro futuro. Da la impresión, sin embargo, que se ha soslayado un aspecto importantísimo que aportaría de manera esencial al debate en cuestión: discutir el problema de fondo, el que creemos se asienta en una grave falta de cultura de la prevención. En este sentido, el presente editorial pretende realizar aproximaciones con respecto a aquello que motiva la creación de leyes como la recientemente derogada: una problemática cuyas soluciones no solo despiertan grandes pasiones, sino también generan un escenario donde es difícil llegar a un consenso.

Empecemos, entonces, evaluando un aspecto de nuestra realidad laboral: la informalidad, uno de los grandes problemas de nuestro país. De acuerdo con Alejandro Vílchez, jefe del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), el índice de empleo informal no ha disminuido mucho en los últimos años: el porcentaje de trabajadores informales en empresas informales pasó de 61,5% a 57%, mientras que la cifra de trabajadores informales en empresas formales solo ha disminuido en 1 punto porcentual de 18,3% a 17,3%.[1] ¿En qué sentido ello es un problema? La lógica es simple. Al desarrollar sus actividades al margen de la formalidad, evaden tributar, y al no hacerlo, evidentemente, no aportan a ningún tipo de AFP u ONP. Esto resulta impactante cuando nos percatamos de que, aproximadamente, entre 60% y 70% de la población pertenece al sector informal.[2] Se puede decir entonces que únicamente el restante 30-40% de la población son quienes realizan algún tipo de aporte.

El segundo gran problema que encontramos es la ausencia de una cultura del ahorro. Acorde al Instituto La Familia y Dinero (IFAYDI), el 80% de las familias peruanas gasta por encima de sus ingresos mensuales y el 56% no tiene ningún mecanismo de ahorro de dinero en absoluto.[3] Al mismo tiempo, el Banco Central de Reserva (BCR) ha informado que los peruanos dirigen el 40.3% de sus ganancias a pagar deudas.[4] Esto evidencia la falta de conocimientos relacionados al manejo asertivo y efectivo de las finanzas familiares, lo que resulta en la imposibilidad de generar mecanismos de ahorro. Por si no fuera poco, el siguiente gran problema -aquél que es de conocimiento más extensivo-, es que los peruanos no suelen buscar por lo general, algún tipo de pensión por iniciativa libre y voluntaria. Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), únicamente el 25% de las personas mayores de 60 años tienen una pensión. Esta desalentadora cifra ha hecho que la proyección realizada lleve a concluir que, de seguir así, el 70% de adultos mayores en nuestro país no tendrán una pensión para el 2050. [5]

Ahora bien, lo que la derogada ley intentaba solucionar es la situación antes prescrita. Pese a ello, bien sabemos que las intenciones no bastan. Como dice un viejo refrán, de buenas intenciones está pavimentado el camino al infierno. Así pues, esta “intención” legislativa no previó la efectividad de las AFPs en asegurar el futuro financiero de la población. Es decir, soslayó que estos fondos no son ni la única opción, ni el medio más efectivo para construir esta ansiada cultura del ahorro que libere al Estado de solventar la vejez de quienes descuidaron en un entonces, guardar pan para mayo. Existe pues, toda una variedad de alternativas; empezando por invertir en propiedades, educación u optar por implementar medidas de fomento en vez de recurrir a la obligación. Un ejemplo de esto último lo refleja el Programa de Promoción de la Cultura del Ahorro en Familia en Pobreza (PPCA) de Colombia. Ello fue formulado con el fin de alcanzar los siguientes objetivos: “(i) transformar parte del ahorro no formal de las familias beneficiarias en ahorro financiero formal, (ii) incrementar el ahorro de estas familias para que puedan acumular activos en forma líquida y (iii) facilitar transacciones financieras a través de medios seguros y eficientes.”[6] Otras interesantes opciones incluyen deducir del pago del impuesto al consumo (IGV) un porcentaje mínimo que sea distribuido de forma periódica entre los peruanos mayores de 65 años, a manera de ser un apoyo para su sustento.

 

Reconocemos que el problema es de suma gravedad y exige una solución. La cuestión es que para ello, es menester que los ciudadanos nos enfoquemos en el problema de fondo dejando a un lado la peligrosa ceguera que muchas veces puede propiciar aferrarse a ideologías inalterables que predeterminan un determinado rol del Estado en materias que no admiten flexibilización. Eso sí, la proliferación de distintos tipos de propuestas para modificar el status quo en temas de prevención y vejez, es un buen indicador que permite darnos cuenta que si en algo estamos todos de acuerdo, es que una realidad como la nuestra exige un urgente accionar del Estado. Pero más importante aun, exige propuestas, modelos, ideas que vayan de acuerdo a nuestra realidad, nunca así, una importada.

[1] http://www.larepublica.pe/05-06-2014/un-743-de-los-empleos-en-el-peru-son-informales

[2] http://gestion.pe/economia/que-peruanos-no-ahorran-su-jubilacion-2085706

[3]http://laprensa.pe/economia/noticia-80-peruanos-gasta-encima-sus-ingresos-10984

[4]http://laprensa.pe/economia/noticia-80-peruanos-gasta-encima-sus-ingresos-10984

[5] http://gestion.pe/economia/que-peruanos-no-ahorran-su-jubilacion-2085706

[6] http://www.google.com.pe/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=12&cad=rja&uact=8&ved=0CCMQFjABOAo&url=http%3A%2F%2Fwww.proyectocapital.org%2Fes%2Fcomponent%2Fphocadownload%2Fcategory%2F1-documentos.html%3Fdownload%3D183%3Acolombia-promocion-de-la-cultura-de-ahorro-en-familias-en-pobreza&ei=sYACVNaTG47ygwS79oCICg&usg=AFQjCNG7FY9GhEvDlAQlgGfDry-Nyt5F4A&sig2=lahwxpoqS7gW_aKWEt3OeQ&bvm=bv.74115972,d.eXY

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