Le dedico estas líneas, y todo lo implícito en ellas, a mi gran amigo Marcus.

Hace unos meses, escribí un artículo sobre los controles de lectura sorpresa que suscitó un muy provechoso debate tanto escrito como verbal. Después del debate, mi convencimiento respecto a lo negativo que son los controles de lectura sorpresa para el aprendizaje significativo y la autonomía de los alumnos, ha aumentado y encontrado nuevas y diversas justificaciones. No viene al caso, ahora, profundizar en eso. Al menos para mí (parte evidentemente involucrada), la situación quedó bastante clara. Quien quisiera formarse una opinión, o poner en cuestión la ya tomada, puede ver el debate aquí.

Quiero ahora hablar de otro asunto con respecto a los métodos de evaluación en Derecho, aunque lo que diré no es exclusivo de dicha carrera: la nota de participación.

Una experiencia reciente

Actualmente, estoy siguiendo una Maestría en la PUCP, en la que he estado atento a cómo me siento con el asunto de la participación. Me gusta mucho hablar. Ni bien el profesor comienza a explicar algo, ya estoy pensando en ideas y me siento con ganas de decirlas. Levanto la mano y hablo con frecuencia (quizá demasiada). Me suele ocurrir que brindo mi opinión y luego siento que no me he dejado entender o, en todo caso, que mi idea no salió como yo quería. Cuando el profesor me responde y me doy cuenta que lo más interesante de mi idea no fue del todo captado, me da un poco de roche, o algo por el estilo, opinar nuevamente o aclarar mi punto. Y pienso: “fue”.

Me pasa también que opino sobre un tema que no es del todo relevante para el asunto del que está hablando el profesor, porque quizá me quede pegado a una idea y eso me impidió seguir conectado a la línea discursiva del profesor. A veces, también siento una compulsión por hablar y me angustio cuando no encuentro el momento para hacerlo o cuando el profesor no ve mi mano. Esto último en sí mismo es a veces un problema, porque siento que ya puedo estar cayendo mal o un poco pesado al profesor y al resto, por lo que “levantar la mano” me genera sensaciones ambivalentes. Al mismo tiempo, esta situación me puede “sacar” de la clase, es decir, hacer que mi atención se centre en dar mi opinión más que en seguir escuchando y prestar verdadera atención.

La verdad es que reconozco todo esto sin mayor angustia. Creo que en la narración de estas experiencias se ven expresadas mis virtudes naturales y también, algunas de mis áreas por desarrollar. Hay también algo de mi “sombra” en juego, es decir, aquellos temores o partes de mi forma de ser que no me gustan y me cuesta aceptar y manejar. Hay de todo un poco y la verdad es que me entusiasma reflexionar sobre esto e ir mejorando poco a poco.

Dos variables me parecen centrales cuando uno reflexiona sobre su propia experiencia en la nota de participación: i) nuestro tipo de personalidad y ii) nuestros temores.

El tipo de personalidad

De acuerdo con Jung, todos tenemos ciertas preferencias en nuestra personalidad, que son innatas. Se trata de formas de actuar y ser con las que tendemos a sentirnos más cómodos. Jung dijo que todos tenemos todas las preferencias, pero que algunas de ellas nos fluyen más naturalmente. Así, por ejemplo, algunas personas tienen preferencia por “Extroversión”; mientras que otras personas tienen preferencia por “Introversión”. Estas preferencias tienen que ver con el mundo en que obtenemos nuestra energía y con el mundo que más nos llama la atención (mundo exterior o mundo interior).

En términos generales, quien tiene preferencia por Extroversión obtiene su energía en el mundo exterior de las actividades, las cosas, las personas. Dicho mundo es también en el que más enfoca su atención. Quien tiene preferencia por Introversión enfoca su interés más en el mundo interior: las emociones, los pensamientos y las ideas. Su energía tiende a obtenerse más cuando hay espacios de calma y reflexión.

Se dice además que quien tiene preferencia por Extroversión puede tener una tendencia a estar en muchas cosas al mismo tiempo, mientras que quien tiene preferencia por Introversión prefiere enfocarse en una tarea a profundidad.

Tres puntos centrales, para evitar confusiones:

  • Todos tenemos ambas preferencias, todos disfrutamos de ambos mundos; pero alguno de ellos nos da, naturalmente, más energía y llama más nuestra atención.
  • Ninguna de las preferencias es mala o menos buena. Simplemente, son distintas y cada una tiene sus propias virtudes y sus propios aspectos a desarrollar.
  • Todos podemos desarrollar nuestra “no preferencia” con calma y práctica. Para ello, es importante comprender y valorar nuestra preferencia y tener algunas ideas de cómo ir desarrollando, con seguridad, nuestra “no preferencia”.

Veamos ahora algo más aplicado a la nota de participación.

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Es válido preguntarnos: ¿qué se puede hacer?

El Myers & Briggs Type Indicator es el indicador de personalidad más prestigioso y más usado en el mundo, y se sustenta en las teoría de Jung. Ahora hemos visto una dicotomía (Extroversión/Introversión), pero la complejidad y las bondades del indicador van mucho más allá. Hay en total 4 dicotomías, y la combinación de las 4 preferencias da lugar a nuestro tipo de personalidad. A través de los pasos para conocer nuestro tipo de personalidad, y de la información resultante de la elección, un alumno puede comprenderse mucho mejor y tener estrategias precisas para buscar balance: potenciar al máximo sus virtudes naturales y desarrollar con seguridad los aspectos no preferidos.

Por razones de espacio no podemos profundizar en las 3 dicotomías restantes y tampoco en cómo la combinación específica de las preferencias nos brinda también información de la más alta relevancia. Será para otra ocasión o,  si Themis lo considera pertinente, para el siguiente debate o charla (me gusta más hablar que escribir, lo que es un problema para la evaluación de profesores… Sí, ¡a nosotros también nos evalúan!).

Otras cosas que se pueden hacer son: i) dar preguntas por adelantado, ii) tener debates  de estilo rápido, pero también en otros momentos dar tiempo para pensar y reflexión en clase, iii) dar la posibilidad de comentarios después de la clase, iv) dar peso a la calidad de las participación, v) no evaluar tanto la participación sino más bien el nivel de involucramiento en el curso, que se mide con otros indicadores (asistencia, atención, preguntas, aportes de diverso tipo, participación, ganas con el curso) y vi) dar feedback sobre el modo en que cada alumno maneja el tema de la participación, haciendo explícito que no todos tenemos las mismas preferencias, pero que todos sí podemos sacar provecho de reflexionar sobre nosotros mismos.

La sombra

Todos tenemos nuestros temores y problemas a nivel personal, temas que nos afectan y nos cuestan, ideas sobre nosotros mismos que nos dañan y preocupan, inseguridades y frustraciones. Esos temores y problemas son de la más alta importancia para reflexionar sobre nuestra experiencia como alumnos. La comprensión de estos temas, junto con la comprensión de nuestro tipo de personalidad, puede ser liberadora y darnos un vuelo distinto en nuestra experiencia como alumnos.

Les cuento una experiencia que como alumno viví en Duke durante mis estudios de Maestría (mis alumnos la conocen).

Era mi primera clase en mis estudios de Maestría en Duke. Me había preparado y había preparado lo que iba a decir a modo de participación. Había fantaseado con una participación “genial” y con el reconocimiento de todos los alumnos y de la profesora. La clase arrancó y en un momento consideré que ya debía hablar, repasé durante unos segundos lo que iba a decir (eran en Inglés), levanté la mano y comencé. Rápidamente, me di cuenta de que iba a ser un desastre. No me salían las palabras, no hacía mayor sentido, mis orejas me comenzaron a quemar (físicamente) y sentía cómo se ponían rojas, y mi corazón latía furiosamente. En una o dos ocasiones me quedé callado buscando la palabra por algunos segundos. Nunca en mi vida me había pasado algo así.

Salí de la clase sintiéndome avergonzado y muy mal. Hice una pausa. Después de algunos años en terapia psicoanalítica, he aprendido a pensar sobre mi mismo antes de caer preso de las emociones. Me puse a pensar en por qué me había pasado eso. Recordé que había postulado a la Universidad de Yale, que siempre había sido mi mejor opción y a la que siempre pensé que iba a ingresar. No me habían admitido y eso me había hecho sentir muy mal. “Si la mejor no me admite, es porque no doy la talla para ser el mejor”. Así de estúpido puede ser uno cuando está dominado por su sombra. Yale es la número 1 en el ranking y yo fantaseaba, consciente e inconscientemente, en decirle a la gente “me voy a Yale”. Creo que eso era lo principal ya que los cursos de Duke me llamaban mucho más la atención. Pero bueno, estamos a veces muy acostumbrados a querer para nosotros lo que sentimos que el resto desea de nosotros. Seguí pensando en el asunto y en cómo esa necesidad de “ser famoso, admitido y reconocido”, frustrada por la no admisión, se había cargado mucho, es decir, ahora era una GRAN necesidad.

 En mi mente creo que estaba la idea de que Duke era como una “segunda opción” y que, en consecuencia, no podía hacer otra cosa que deslumbrar con mi brillantez a todo el mundo. A esto se suma, claro está, un asunto previo que es mi autoestima, la que por mucho tiempo (felizmente, ya no), dependía excesivamente del resto. Caminando por los bosques de Durham (donde está Duke) y pensando en todo esto logré superar el asunto, o al menos restarle su carácter de “desastre”. Le escribí a la profesora diciéndole que me había sentido muy nervioso en la primera clase. Ella me contestó que no me preocupe, que quizá en las primeras clases debía escuchar al resto para captar la lógica de la clase. Gran consejo. Pude apreciar el valor de una clase construida entre los alumnos y el profesor. Algo muy diferente a mis experiencias en el Pregrado donde, quizá en mi caso con más énfasis, cada levantada de mano es un intento por superar al otro y quedar como el “caña”, más que un intento por construir y aportar. No creo que haya nada de malo en mostrar lo que uno sabe y estar orgulloso de eso (lo hago conscientemente en mis clases de Maestría), pero sí creo que es un problema no apreciar lo otro: el valor de construir en conjunto y en ser reconocido por lo que uno aporta desde lo que uno es, más que desde lo que sabe. Un gran aporte al debate y a la clase vale mucho más, ahora para mí, que pegarla de sabiondo.

No hay camino hacia uno mismo que no pase por la sombra. Lamentablemente, las psicologías “modernas” se empañan tanto en lo “positivo” que no le dan la importancia debida a esa realidad. Muy complicado para el mundo actual, donde todo debe ser rápido y fácil.

En mi caso, Duke fue una experiencia fantástica de autoconocimiento, donde terminé siendo reconocido por lo que más genuinamente soy y no por lo que sentía que debía ser. Además, los cursos, la ciudad, la calidad de los profesores y de mis amigos es imposible de igualar. A veces hay que dejarnos engañar por la idea, tan desprestigiada hoy en día, de que existe un destino y que este siempre es el convertirnos en nosotros mismos. Esa es la meta de todo héroe en toda mitología. Duke fue parte fundamental en mi camino: la primera en mi ranking, que es el que más importa.

Es evidente que me he ido del tema del artículo, pero regresar no es difícil porque toda la reflexión parte de una experiencia en una clase, en una participación. Pensar en las cosas que nos pasan con seriedad y motivación por comprendernos nos abre a un mundo interior basto, donde todo al final se conecta. Como profesores, creo que es nuestro deber acompañar al alumno en el descubrimiento de dicho mundo, no cerrarle sus puertas. Lamentablemente, algunas veces nuestros sistemas de evaluación, poco pensados a la luz del crecimiento personal y profesional, hacen lo segundo.

1 COMENTARIO

  1. Es en gran medida beneficioso y enriquecedor tener a nuestra disposición este tipo de notas. Me he sentido identificado con la introversión, ya que en reiteradas ocasiones he tenido la imperiosa necesidad de emitir una opinión o pregunta respecto de un tema determinado, pero el tiempo que me ha tomado construir mi idea ha sido insuficiente y he dejado pasar la oportunidad. Aunque presumo que sólo haya sido cuestión de segundos. Muchas gracias al autor por dar a conocer un tema que particularmente considero novedoso.

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