Por Eduardo Fernández Luiña, Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Santiago de  Compostela (España). Profesor del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (EPRI) en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala.

Los últimos sucesos acaecidos en Hong Kong muestran cómo una ciudadanía acostumbrada a la tecnología es más difícil de controlar y dominar. Las libertades inherentes al individuo se fortalecen cuando poseemos instrumentos y medios materiales que faciliten su disfrute y puesta en práctica.

La hiper-tecnológica sociedad de la región administrativa especial de Hong Kong ha superado las barreras impuestas por el gobierno de Beijing y con ello, ha logrado internacionalizar su protesta pro democrática ganando adeptos a lo largo y ancho del planeta. ¿Por qué la tecnología es tan beneficiosa? ¿Por qué facilita y dinamiza la participación democrática? La tecnología es un instrumento que reduce las barreras de entrada democratizando –aún más- la libertad de expresión y la participación política convencional –en relación a procesos electorales, etc.- y no convencional –fortaleciendo la creatividad de algunas protestas sociales-.

Es necesario señalar que el sector tecnológico ha evolucionado de forma muy satisfactoria a lo largo de los últimos treinta años.  Era Clayton M. Christensen el que señalaba en su trabajo The innovator´s dilemma que los mercados tecnológicos habían mejorado sus productos, reduciendo los precios de los mismos durante dos décadas consecutivas. Es decir, como individuos disfrutamos de mejores y más potentes dispositivos tecnológicos a un menor precio. Con ello, la ciudadanía no sólo perfeccionó sus sistema de comunicación y conocimiento con el resto del plantea. Además, también se facilitó la participación y la capacidad  de opinar sobre asuntos públicos tanto a nivel local como a nivel global.

La tecnología y el fácil acceso a la misma han promovido la participación de todos los individuos en política a un coste relativamente bajo. Gracias a los avances que han tenido lugar en computación y en telefonía móvil, un gran número de individuos han tenido –y cada días más tienen- acceso a mecanismos de comunicación global que han hecho del mundo un lugar más pequeño. Thomas L. Friedman publicaba en el 2005 su trabajo La tierra es plana. El texto presentaba la lógica horizontal que marcaba las relaciones comerciales a nivel global a inicios del siglo XXI. El intelectual venezolano Moisés Naim mostraba en su trabajo El fin del poder que lo mismo estaba sucediendo en el campo de lo político.

La horizontalización de la política gracias a la tecnología es un arma que la ciudadanía comprometida con la defensa de los derechos y libertades individuales debe utilizar para vacunarnos frente a propuestas liberticidas. Es una herramienta que facilita la coordinación y la acción colectiva. Por ello, los jóvenes y todo aquel que desee protegerse frente a la amenaza populista e iliberal debe utilizar la tecnología como un mecanismo para pelear en la batalla de las ideas y con ello, convencer al indeciso del resultado de determinadas elecciones políticas. La reducción en las barreras de entrada al juego de competición político puede ser una oportunidad para que como individuos no perdamos las libertades y derechos individuales que tanto nos han costado ganar. Con tecnología y ansia de libertad, se puede. A la tarea.

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