Por Miguel Ángel Pérez Caruajulca. Cajamarquino de corazón. Estudiante de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Miembro de la Comisión de Contenido de la Asociación Civil THĒMIS.

Cuando uno es aún estudiante, se limita principalmente a vivir el Derecho mediante casos hipotéticos, imaginarios y de laboratorio que acogen reducidamente la realidad. Algunas experiencias y sucesos nos son trasmitidos tímidamente por nuestros profesores, abogados con experiencia en el ejercicio profesional, pero no nos proporcionan una visión tal cual de la realidad.

Cuando mi profesor de Derecho Procesal Civil hablaba en clase sobre “la realización del Derecho”, haciendo referencia a aquellos casos en donde las decisiones judiciales tienen que ser ejecutadas, realizadas en la realidad, en su mayoría mediante el uso de la fuerza; poniendo como ejemplo a la ejecución de embargos, de desalojos, etc.; nos decía: “ustedes no se imaginan lo que es en verdad, las situaciones duras que se tienen que pasar”. Ciertamente, hasta ese momento, no me hubiera imaginado la trascendencia de sus palabras.

Hoy comprendo,  ingratamente, un poco más sobre “la realización del Derecho” de la cual hablaba. Mas me niego a pensar que es así como se debería dar. Algo anda mal en esa forma de proceder.

Sucede que, el día de ayer, jueves 30 de octubre, aconteció un suceso en Cajamarca que ha causado consternación e indignación en su población y en todo el país. Se trata de la ejecución de un desalojo que trajo consigo una batalla campal entre los humildes habitantes del inmueble desalojado, que se resistían a ser sacados, contra los policías y malhechores que los acompañaban.

No pasaría de ser un simple desalojo más, de no haber sido porque producto de la extrema violencia ejercida por la Policía Nacional, el propietario de la vivienda, Fidel Flores Vásquez, padre de siete hijos y abuelo de siete nietos, fue asesinado cruelmente.

Se trataría de un “caso de pérdida de la propiedad inmueble debido a una deuda que el señor Fidel Flores no pudo pagar a tiempo, producto de ello se procedió a un remate judicial y es la persona quien adquirió el bien en dicho remate, la que pidió el desalojo”[1], esto en palabras de la Jueza del Segundo Juzgado Civil de Cajamarca, Carmen Araujo, quien aprobó dicha medida y que, a pesar de las peticiones por suspender su ejecución dado que no se daban las garantías del caso, se desatendió del asunto y continuo con su realización.

Por su lado, momentos antes del atroz suceso, Fidel Flores, confundido y atemorizado por lo que iba a pasar, denunciaba ante cámaras[2] las irregularidades del lanzamiento, aludiendo que no se le había notificado, que las medidas no tenían sustento legal y que habían rasgos de corrupción en el proceder. No era la primera vez que se le intentaba desalojar. Era su propiedad y la tenía que cuidar.

Ahora bien, una gran repulsión han causado las imágenes difundidas en la red por los diversos medios de comunicación de Cajamarca, en donde se puede notar como un agente policial dispara sin piedad contra Fidel. Luego de ello, los policías en vez de ayudarlo y atenderlo, se dedican a agredir salvajemente a su hijo, que trata de prestarle ayuda, tomando además de los pelos a su esposa, tirándola al suelo hasta someterla[3].

Hechos tan salvajes como los descritos, nos llevan a repensar cómo se está utilizando al Derecho y reflexionar sobre las cosas que deberían cambiar. Los problemas suscitados así lo ameritan.

Un primer punto a tener en cuenta es el considerar si una medida legal, como es el desalojo, puede ir en contra de los derechos fundamentales de las personas y ser un medio para su violación. Sin duda alguna, la respuesta es negativa: ¡No! Para evitar que ello suceda, los jueces tienen un rol esencial, son ellos los que autorizan dichas medidas, y, con mucha más razón, son ellos los que tienen la obligación de velar por la no vulneración de los derechos de las personas en su ejecución. No pueden limitarse, como ha sucedido en este caso, a  decir que “el desalojo es, sin más, una medida de fuerza, una medida violenta”, que “todo es legal”, sin detenerse a prever las situaciones que se pueden dar y sin pensar en el daño irremediable que se puede causar.

Asimismo, es dudosa la idoneidad del la Policía Nacional para servir como apoyo en este tipo de medidas. Un sin numero de casos[4] nos demuestran el salvajismo de los hombres que tendrían que velar por la paz. Esto nos lleva a pensar en su capacidad y competencia, en el tipo de educación  y preparación que reciben, y preguntarse por qué actúan de esa manera, sin respetar los derechos de y el bienestar las personas. La fuerza pública está siendo utilizada de una manera irracional.

Es momento asimismo de traer a colación la cuestión de la pertinencia y constitucionalidad de la  vigente Ley Nº 30151  que “exime de toda responsabilidad penal a los policías y militares que causen lesiones o la muerte a terceros  en  acción de servicio”[5] que ya ha venido siendo aplicada[6] y la cual absolvería a los policías inmersos en este caso. Licencia para matar, como ya se ha dicho.

Los temas quedan planteados para su discusión. Y, por qué no, para su posterior tratamiento.

Finalmente, cabe decir que, en este caso, el daño está hecho y es irreparable. El actuar desenfrenado de la Policía Nacional, que se ensaña con las personas como si fuesen sus enemigos, sumado a la incapacidad de una jueza de prever las consecuencias de sus decisiones, han causado la muerte de un padre inocente que era el sostén de su familia y a quien ahora jamás volverán a tener presente. Seguramente, medidas menos gravosas existieron y pudieron llevarse a cabo para evitar esta tragedia.

Me sumo al grito de rechazo de la población cajamarquina, me adhiero a la defensa de la vida por sobre todo, a la defensa de los derechos humanos y más enfáticamente al llamado de Justicia por la muerte de Fidel Flores Vásquez. Los culpables tienen que pagar por su accionar. Este hecho no puede quedar impune. Ahora, queda una familia desamparada, sin su vivienda y con un gran vacío en su corazón. La violencia tiene ya que parar. La sociedad misma tiene que pronunciarse. El Derecho no es una arma para dañar, sino un medio para conseguir la mejora y la paz de la sociedad. Tenemos que saberlo utilizar.


[1] En: http://www.youtube.com/watch?v=MnQIRB_2x0U&sns=em

[2]  Las palabras finales del señor Fidel pueden ser vistas aquí: https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=p1b20fIkpsI

[3] Las imágenes pueden herir susceptibilidades. En: https://www.youtube.com/watch?v=e74DEWQCPhw&feature=youtu.be

[4] Aquí se puede ver como policías tildan de “perros” a pobladores. En: https://www.youtube.com/watch?v=SNnQjym7Is8

[5] En: http://www.larepublica.pe/14-01-2014/aprueban-ley-que-libra-de-culpa-a-militares-y-policias-ante-muertes

[6] En: http://www.larepublica.pe/20-02-2014/juzgado-absuelve-a-4-policias-aplicando-cuestionada-ley-n-30151

2 COMENTARIOS

  1. Felicitaciones al autor de éste artículo, estoy totalmente de acuerdo. Es gratificante leer a gente joven y muy bien preparada expresarse así. Jueza que actuó con incapacidad y los policias tienen que pagar por ésto.

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