Por Adrián Lengua, miembro del Consejo Editorial de Enfoque Derecho; y Guillermo Castaños, alumno de la Facultad de Derecho PUCP y miembro de la Sociedad Debate PUCP.

 

La semana pasada, muchos de nosotros fuimos testigos en nuestras redes sociales de lo que ha sido denominado como un “nerdgasmo”. Ante el anuncio de Marvel Studios de su próxima serie de películas, fue cuestión de minutos para que diferentes espacios se llenen de imágenes, vídeos, especulaciones y estados exaltados por la noticia. Y es que, tanto para los fans como para aquellos más distanciados de esta “cultura friki”, el mensaje no es para menos. En el evento realizado en Los Ángeles, la multimillonaria franquicia anunció la culminación de un monumental megaproyecto que comenzó en el lejano 2008 y que terminará con la denominada “Fase III”, que consiste en una gama de producciones para la pantalla grande hasta el año 2016. Justamente, entre los títulos anunciados en esta lista de películas, una en particular acaparó nuestra atención: “Captain America: Civil War”.

Si bien aún existen muchas especulaciones y se desconocen varios detalles de la producción, la sola remisión al cómic que inspira esta futura película nos permite apreciar que hay contenido e historia para hacer un filme que rompa la taquilla en los cines[1].

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A modo de resumen, la trama consiste en la promulgación de una ley por parte del gobierno de los Estados Unidos que crea el “registro único de súper-héroes” y que obliga a todos los individuos con estos súper poderes a inscribirse como agentes del Estado si quieren utilizar sus habilidades, o de lo contrario serán arrestados. Todo esto se lleva a cabo con la finalidad de regularizar el uso de la fuerza por parte de estos personajes y así, proteger a la población civil ante las posibles consecuencias de un uso desmedido de estos poderes (explosiones, incendios, sismos, rayos láser y todo lo que ya se pueden imaginar). Como es posible vaticinar, esta normativa genera una serie de cuestionamientos que divide al mundo Marvel en dos bandos que se enfrentarán a lo largo de todo el cómic: el lado de los rebeldes, liderados por Capitán América; y los “pro-registro”, comandados por Iron Man.

Ahora bien, más allá de las emociones que genera ver a todos nuestros héroes y villanos en una batalla de magnitudes colosales, lo simpático del cómic es que nos permite abordar de forma dinámica y desde distintas perspectivas una serie de debates. Así, desde el punto de vista del Derecho, queremos hacer un pequeño ejercicio y comentar algunas reflexiones jurídico-políticas que nos permite abordar este tiraje, y por las que recomendamos su lectura. Comenzamos:

I. Cuando el Derecho es insuficiente

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Este es un asunto que el cómic gráfica de manera muy lúcida. Es conocido que en la búsqueda de la promoción y tutela del interés público o los derechos fundamentales, el Estado promulga una serie de normas y realiza una gran variedad de políticas públicas para lograr estos fines. En ese sentido, y debido a que nos encontramos frente a una sociedad con intereses e ideas muy diversas, siempre existirán beneficiarios y retractores de estas acciones. Así, nunca faltarán ciudadanos que se resistan a la regulación estatal por haber vivido fuera de todo régimen formal por mucho tiempo y que buscarán hacerle frente al Estado para evitar verse sumergidos ante este accionar, a pesar de los beneficios directos que esto genera para la comunidad (e incluso para los mismos “afectados”).

Ahora bien, cuando el Estado tiene fortaleza o capacidad para llevar a cabo la implementación de estas políticas, no hay ningún problema. Pero, ¿qué pasa si el Estado es débil o dentro de la sociedad existen actores muy poderosos? Para aterrizarlo un poco mejor a la dinámica de este artículo, replanteamos la pregunta: ¿qué sucede si un Estado tiene como contraparte al Capitán América, Daredevil o Goliath haciéndole el pare? Simple, la ley no se cumple y el Derecho pierde un elemento fundamental como lo es la posibilidad de coerción.

En “Civil War”, se muestra claramente lo que sucede cuando el Estado no tiene la fuerza para hacer cumplir sus normas o llevar a cabo sus políticas públicas. A pesar de que se promulgó una norma que obligaba a todos los súper-héroes a inscribirse en el registro, dicho mandato no llegó a ser completamente efectivo y, por el contrario, ocasionó una serie de daños a la población civil con los conflictos que se generaron a partir de este hecho. Esta situación no es ajena a nuestra realidad, pues se puede constatar en muchos países la lucha constante que tienen los Estados (el Perú incluido) para combatir distintas redes de narcotráfico, criminales o informales.

De esta forma, el cómic grafica y constata la importancia que tiene la existencia de un Estado consolidado, fuerte y capaz para el Derecho. Si no hubiese un aparato gubernamental con estas características para llevar a cabo todo lo que sus normas mandan, el Derecho sencillamente se vuelve un montón de promesas escritas en un papel sin mayor esperanza en la realidad. He ahí la relevancia de esta relación.

 II.  El debate sobre la identidad secreta y el registro: ¿un conflicto de derechos? 

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Este probablemente sea el punto medular del cómic. No por nada su slogan propaga la frase “Civil War: whose side…are you on?” . Y es que, con los acontecimientos narrados, la historia busca que los lectores nos cuestionemos qué es lo correcto ante la promulgación de esta ley y así elegir a cuál de los bandos apoyaríamos. En ese sentido, la trama permite un debate rico en argumentos, y esto se debe a que en el fondo lo que podemos encontrar es un clásico conflicto de derechos.

Así, como ya se ha mencionado, queda claro que los “pro-registro” buscan la seguridad de la población civil mediante la regulación del uso de los súper-poderes. No obstante, ¿qué podemos encontrar por el lado de los rebeldes? A nuestro entender, son dos los puntos a tomar en cuenta: (i) la protección de la intimidad e integridad de estos personajes y sus familiares, y (ii) la no afectación del proyecto de vida y libre desarrollo de la personalidad.

Con respecto al primer punto, cae a colación la frase “la cadena es tan fuerte como su eslabón más débil”. En este caso, muchas veces el eslabón más débil de un superhéroe es la persona detrás de la máscara, pues representa su lado más vulnerable. Así, en estas situaciones, lo que en el fondo representa la identidad secreta es quizás el arma más fuerte de estos personajes al cubrir un claro talón de Aquiles. ¿Qué pasaría si mediante un registro se elimina esta protección? Pues no solo se ve expuesta la persona en sí, sino quizás algo más valioso para él: sus seres queridos. No hay que ser un letrado en la “cultura friki” para saber que uno de los mayores temores que tienen estos personajes es que sus enemigos descubran su verdadera identidad y así conozcan sus principales debilidades; poniendo en riesgo la vida de sus familiares y amigos. Por estas razones, uno de los argumentos a favor de los rebeldes se manifiesta en la afectación y puesta en peligro que representa la obligación de inscribirse en un registro de esta naturaleza[2].

El segundo punto hace referencia al derecho de estos personajes a desarrollar un proyecto de vida bajo sus términos y condiciones. Queda claro que la inscripción de los mismos automáticamente acarrea el nacimiento de una serie de estigmas de la sociedad hacia la persona, y por los cuales  verá condicionado distintos ámbitos de su vida a partir de la exposición pública como súper-héroe. Asimismo, el hecho que te “enrolen” como agente del Estado por tus poderes, también implica un condicionamiento a los proyectos que quieras realizar a futuro.

En consecuencia, queda claro que para ambos lados se ponen en juego derechos muy fuertes. Ante esta situación, el Derecho cumple una función de balanza, donde se tendrá que ponderar si la finalidad pública que busca la norma puede restringir válidamente los derechos de estas personas. Para ello, esa restricción deberá ser idónea, necesaria y proporcional. ¿Quién tiene la razón? Ya están algunos elementos, el análisis queda en ustedes.

 III.  ¿Realmente el Estado tiene el monopolio de la fuerza?

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Finalmente, una última reflexión que nos genera el cómic nos remite a una situación que actualmente sucede en la realidad. Como es conocido, para poder realizar sus objetivos, el Estado posee el monopolio de la fuerza con la finalidad de resguardar el orden público y la seguridad de las personas que son parte de su territorio.

No obstante, es común observar en comics como “Civil War” que las fuerzas del orden por lo general se ven completamente obsoletas ante la proliferación de personajes más poderosos y que logran hacer justicia de forma más efectiva. En ese sentido, y a pesar de una inicial negativa del Estado en buscar o llamar a los superhéroes, al final no queda otra opción que reconocer que estos personajes son los únicos capaces de poder lidiar con estos conflictos. Entonces, frente a esta situación, la reflexión que debemos hacer es: ¿dónde quedó el monopolio de la fuerza?

En el plano de la realidad, es posible encontrar cada vez más la proliferación de una serie de mecanismos de seguridad que surgen a partir de la población civil. Desde la tenencia de armas de fuego de uso particular hasta las rondas campesinas o vecinales, el monopolio de la fuerza por parte del Estado se ve relativizado. Ante esta situación, el aparato gubernamental busca restituir su posición de garante e intenta diversas formulas para lograr retener lo que por “naturaleza” le corresponde. Así, tanto en el cómic como en nuestra coyuntura, el Estado busca distintas formas de regulación para recuperar el control sobre el uso de las armas, la conformación de grupos de seguridad o de rondas campesinas.

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Como se puede apreciar, “Civil War” es un comic que permite abordar una gran variedad de temas. El presente artículo únicamente ha querido esbozar, de forma general, algunos temas que nos llamaron la atención como simpatizantes de esta obra. En ese sentido, probablemente existan otros temas para analizar; no obstante para no excedernos demasiado en la extensión de este artículo, esos asuntos se los dejamos a ustedes. Nuestra intención desde un inicio era mostrar una forma dinámica de expresar algunos puntos que también  se encuentran presentes en la realidad. Los invitamos a hacer el mismo ejercicio con otras películas, libros o comics.


[1] Cabe resaltar que también existen algunas críticas y temores fundados sobre el éxito de esta película. Acá los comentarios de un buen amigo: http://alvmar0122.blogspot.com/2014/08/no-lo-arruinen-marvel.html

[2] Un conocido ejemplo de esto en Marvel es Spiderman, quién cuida su identidad secreta para no poner en peligro a su Tía May o a su novia Mary Jane, e incluso llega a alejarse de esta última por temor a que sus enemigos puedan hacerle daño. Ahora, si bien en el cómic de “Civil War” se busca polemizar esto con el inicial apoyo de Spiderman al bando “pro-registro” (y razón por la cual este personaje NO puede faltar en la película), el argumento de la protección al derecho a la integridad sigue vigente para muchos otros casos.

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