Por Sergio García Long, estudiante de último ciclo de Derecho en la PUCP. Asistente de Docencia en los cursos de Derecho de las Obligaciones y Responsabilidad Civil. Investigador financiado por el Vicerrectorado de Investigación de la PUCP. Ha sido Asistente de Investigación en temas de Responsabilidad Extracontractual y Derecho de Contratos. Actualmente, investiga sobre Behavioral Economics y Fusiones y Adquisiciones.  

Capture

¿Se había puesto a pensar que el idioma que hablamos puede afectar la cantidad de dinero que ahorramos? ¿Qué tienen en común las personas que ahorran menos y aquellas que practican sexo inseguro? ¿Por qué China realmente es un país ahorrador? ¿Por qué nuestras preferencias no se mantienen constantes a largo plazo? ¿Cómo hablar del clima puede explicarnos quiénes están más propensos a ahorrar?

Psicólogos y economistas han dado respuesta a dichas interrogantes, sin embargo, las mismas han sido obviadas por el informe titulado “El Sistema Previsional del Perú: Diagnóstico 1996-2013, Proyecciones 2014-2050 y Reforma”, elaborado por economistas de la Universidad del Pacífico.

Nuestro objetivo es poner sobre la mesa algunos puntos que no han sido considerados en dicho informe. En este breve comentario, queremos explicar cómo el lenguaje define nuestra manera de pensar y cómo ello afecta nuestra toma de decisiones, con especial incidencia en nuestra tendencia al ahorro. Sin perjuicio de centrarnos en dicho extremo, los invitamos a revisar el paper completo.

¿Cómo el idioma Chino favorece el ahorro y cómo nuestro idioma no lo hace? Behavioral economics al rescate

Aunque usted no lo crea, la estructura del lenguaje que hablamos condiciona la manera en cómo pensamos, y por ello, en cómo tomamos decisiones. Algunas lenguas permiten que sus hablantes ahorren más que otros.

Normalmente, si alguien te pregunta “¿dónde está el baño?”, podrás responder “a la derecha” o “a la izquierda”. Nadie dice “el baño está al nordeste o al suroeste”. Pero, ¿qué pasaría si nuestro lenguaje no nos obligara a usar las palabras “derecha” e “izquierda”? ¿Ello afectaría nuestra forma de pensar?

La lengua de una comunidad aborigen en Australia es el Kuuk Thaayorre. En dicha lengua, en vez de decir “izquierda” o “derecha” se dice “nordeste” y “sureste”. Según Lera Borodistky, Profesora de Psicología en la Universidad de Stanford, los hablantes de dicha lengua suelen mantenerse siempre orientados, incluso en paisajes desconocidos[1].

¿Qué pasaría si un profesor les pidiera a sus alumnos que cierren los ojos y que apunten hacia el sur? Seguramente, una vez que los alumnos abran los ojos, se reirían al darse cuenta que todos apuntan en diferentes direcciones. Esto es lo que hizo Boroditsky con alumnos de Harvard y Princeton, obteniendo los mismos resultados[2]. Ello no quiere decir que desconozcamos las direcciones cardinales, sino que nuestro lenguaje no nos obliga a usarlas en todo momento.

Lo mismo ocurre con el Chino mandarín. Existen idiomas que obligan a sus hablantes –si quieren hablar correctamente-, a transmitir un mayor número de información al momento de expresarse, lo cual implica pensar en un mayor número de cosas.

Si en Inglés decimos “this is my uncle” (este es mi tío), el mensaje se habrá comprendido y no será necesario entrar en detalles. Sin embargo, lo mismo no pasa con el Chino mandarín. Un chino no puede decir simplemente “this is my uncle”, dado que el mandarín los obliga a especificar si se trata de un tío por parte de madre o de padre, o si está relacionado por sangre o por matrimonio. Ello ocurre porque hay diferentes palabras para referirse a todos aquellos tipos de tíos. Una persona que habla Chino mandarín no podría decir simplemente “this is my uncle”, ya que al momento de pensar en el término “uncle”, piensan a la vez en más información relacionada a la misma (según sea el tipo de tío)[3].

22

Lo mismo ocurre cuando queremos referirnos al tiempo. La manera en cómo nuestro lenguaje se estructura para expresarnos sobre el espacio, afecta la manera en cómo percibimos el tiempo. Pensemos en la predicción del clima, el cual siempre se encuentra pensando en el futuro.

Según Keith Chen, Profesor de Economía en la Universidad de California y hablante de Inglés y Chino, existen lenguas que pueden ser consideradas como “futured” (con concepto de futuro) y otras como “futureless” (sin concepto de futuro), lo cual no quiere decir que una tenga futuro y la otra no. La diferencia entre dicho tipo de idiomas es que la segunda no te obliga a usar términos que marcan el futuro como algo distinto al presente, haciendo que presente y el futuro se vean más distantes[4].

Mientras que en futured languages como el Inglés, se distingue entre el pasado, el presente y el futuro, en futureless languages como el Chino, se usa el mismo fraseo para describir eventos de ayer, hoy y mañana. Nosotros podríamos decir en Inglés: “it rained yesterday”, “it is raining now” o “it will rain tomorrow”. Pero si hablamos en Chino, podríamos decir: “it rain yesterday”, “it rain today”, “it rain tomorrow”[5]. Dicho lenguaje no obliga a sus hablantes a expresarse como lo haría un americano.

4

La estructura gramatical del Chino hace que el futuro no se sienta tan distante del presente. No es lo mismo pensar en ahorrar para ir al cine el fin de semana que para comprar un carro en 5 años. El hecho de que haya lenguas que obliguen a sus hablantes a distinguir necesariamente el presente del futuro, hace que se sienta más distante el transcurso del tiempo, lo cual hace que las personas estén menos propensas a ahorrar. El ahorro implica dejar de consumir ahora para tener más para mañana. Los estudios realizados por Chen demuestran que en países con futureless languages como el Chino, es más probable que las personas ahorren 30% más cada año, lo cual implica un 25% de ahorro adicional para la vejez.

Otro ejemplo es el caso del Finlandés y el Francés. Mientras que el primero no tiene un verbo que marque, y por ello, distancie el presente del futuro, el Francés sí lo tiene[6]. En vez de decir “it is cold today” y “it will be cold tomorrow”, los finlandeses podrían decir “today is cold” y “tomorrow is cold”, sin tener problema alguno:

2

Situación diferente ocurre con el Francés, el cual al ser un idioma que sí separa necesariamente el presente del futuro, distingue –a efectos de hablar correctamente- entre “it is cold today” y “it will be cold tomorrow”:

3

El hecho de que las personas sientan que el futuro está más cerca, afecta la manera en cómo toman decisiones. Si la gramática de una lengua te hace sentir que el mañana no está tan distante, entonces habrá menor contraposición entre las necesidades a corto plazo y las necesidades a largo plazo. En efecto, los hablantes de futureless languages fuman menos en un 20-24%, se encuentran menos propensos a ser obesos en un 13-17% y están más dispuestos a usar condón en un 21%[7].

Por el contrario, en futured languages, cuando fumas hoy, no te preocupas por las enfermedades del mañana; cuando te alimentas hoy con comida chatarra, no te preocupas por la obesidad; y cuando tienes sexo sin condón, no te haces problemas con la posibilidad de que  puedas contraer alguna enfermedad de transmisión sexual.

Si sientes que la distancia es más corta, te preocuparás más que si sientes al futuro muy lejano. Los sujetos generalmente prefieren el presente al futuro, y esto afecta la manera en cómo las personas toman decisiones.

En un experimento muy sencillo, se demostró cómo las preferencias de los sujetos puede verse afectado por la distancia en el tiempo. A diversos sujetos se les hizo la siguiente pregunta:

Capture

A menudo, frente a la primera pregunta los sujetos preferían los $100 hoy, mientas que frente a la segunda preferían los $110 en 31 días[8]. Si alguien te dice que puedes recibir $100 hoy, no lo piensas dos veces y lo recibes, dado que no valdría la pena esperar todo un día por $10 adicionales. Pero cuando la distancia cambia, si ya esperaste 30 días, esperar un día más no es un problema si con ello recibirás un extra de $10. La diferencia está en que en la primera pregunta el presente cobra mayor relevancia, mientras que en la segunda pregunta dicha relevancia se relativiza.

¿Qué ocurre con el castellano? Si queremos expresarnos correctamente deberíamos decir “llovió ayer”, “llueve hoy”, y “lloverá mañana” o “va a llover mañana”. Nosotros no podríamos decir “llueve ayer”, “llueve hoy” y “llueve mañana”. Según las investigaciones realizadas por Chen en la Universidad de Yale, los peruanos pertenecemos a aquél grupo de hablantes que al distanciar el presente del futuro, nos encontraríamos propensos a ahorrar menos.

Este es solo uno de los puntos que no ha sido tomado por los economistas de la UP. Para conocer más argumentos, los invito a revisar el paper completo.


[1] Boroditsky, Lera. “How Language Shapes Thought. The languages we speak affect our perceptions of the world”. En Scientific American, February 2011, pp. 64.

[2]  Ibídem, pp. 63.

[3] Chen, Keith. “Could your language affect your ability to save money”. En TED, Junio de 2012.

[4] Chen, Keith. “The Effect of Language on Economic Behavior: Evidence from Savings Rates, Health Behaviors, and Retirement Assets”. En American Economic Review, 103 (2), 2013, pp. 3.

[5]   Chen, Keith. “Could your language affect your ability to save money”, Óp. Cit.,

[6] Chen, Keith. “The Effect of Language on Economic Behavior: Evidence from Savings Rates, Health Behaviors, and Retirement Assets”, Óp. Cit., pp. 4.

[7]  Ibídem.

[8]  Mullainathan, Sendhil. “Development Economics through the lens of Psychology”, Óp. Cit., pp. 48.

1 COMENTARIO

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here