Por Samuel Abad,  abogado y Doctor en Derecho, especialista en Derecho Constitucional y Derechos Humanos.

“Convertir la indignación en cambio político” ha sido uno de los mensajes contundentes que ha hecho que PODEMOS se haya convertido rápidamente en un movimiento político que viene haciendo preocupar al Partido Popular (PP) –actualmente en el poder- y al Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Un líder carismático, claro, directo e inteligente: Pablo Iglesias, joven profesor de Ciencia Política de la Complutense. Una activa presencia en redes sociales y un discurso que ha sabido rescatar los intereses básicos de la ciudadanía, le han servido para aprovechar la ola de indignación que vive España. No es para menos.

Corrupción, crisis económica y desencanto de la clase política han sido factores que han contribuido a su surgimiento. Han detectado el momento oportuno y lo están aprovechando. Nacieron en enero de este año, aunque varios de ellos vienen de grupos de Izquierda, y ya están haciendo temblar al bipartidismo del PP y del PSOE. Agrupaciones a los que los peruanos llamaríamos “partidos tradicionales”.

Es una interesante experiencia procedente de un país europeo, muy cercano al nuestro, que puede plantear ilusión, pero también posibles desencantos si es que no logran institucionalizarse. Ya cuentan con cinco eurodiputados, y anuncian una activa presencia en las próximas elecciones generales. Si logran superar al PP y al PSOE habrán hecho historia. Las encuestas más recientes indican que de celebrarse elecciones generales mañana saldrían ganadores. Más allá de ello, será importante conocer sus propuestas y la forma como pretenden implementarlas. Para unos son “populistas”, para otros son “la alternativa”.

En el Perú, ¿tendremos un PODEMOS? Sería interesante. Por lo menos para hacer despertar a una clase política que sigue pensando en la coyuntura y no en los temas trascendentales. No logran plantear una agenda básica de cambios relevantes que contribuyan a fortalecer la institucionalidad en el país. Un Fiscal de la Nación totalmente desprestigiado, un ex Presidente de la Corte Suprema que ventila públicamente sus rivalidades y envidias hacia otra ex- Presidente de la República, un Congreso que no adopta decisiones relevantes y se conoce más por sus intimidades y “chuponeos”, Presidentes Regionales presos y candidatos con un conocido prontuario son solo algunos ejemplos de lo que viene sucediendo.

¿Qué hacer al respecto? En materia económica, con algunos necesarios ajustes, nos venimos defendiendo. El problema es institucional. No puede haber crecimiento sostenible sin sólidas instituciones que brinden servicios básicos y de calidad a la ciudadanía. Seguridad, salud, educación, justicia, todas ellas libres de corrupción, son algunas de las tareas básicas que un Estado moderno debería brindar. Nunca seremos ciudadanos del primer mundo sin ello.

No es fácil. Tampoco imposible. Se requiere un consenso básico de todos los actores involucrados para enfrentar estos temas clave. Y una decidida voluntad política. No podemos seguir distrayéndonos en debates estériles ni en peleas inútiles. El rápido surgimiento de PODEMOS está demostrando que la indignación puede conducir a un cambio político. Si ya lo sabemos, ¿por qué no comenzar a enfrentar los temas centrales? El tiempo pasa y los problemas siguen. No podemos seguir esperando.

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