Enfoque Derecho entrevista a Javier Iguiñiz, Doctor en Economía y Profesor en la PUCP.

ED: ¿Qué relación hay entre la economía, el medio ambiente y el desarrollo humano?

JI: Es una relación que no es fácil de establecer, porque hasta ahora se han planteado las cosas de manera predominantemente polarizada. Por ejemplo, generalmente se establece que el desarrollo económico es incompatible con la continuidad y sostenibilidad ambiental. Asimismo, se dice que la lucha contra la pobreza y el desarrollo humano se logran a través del uso de recursos naturales y materias primas que van agotándose y que no se renuevan, destruyendo muy a menudo la naturaleza.

En general, por lo tanto, la relación entre esos elementos se ha planteado y se sigue planteando de una manera contrapuesta. Por ejemplo, en los debates que hay ahora a propósito de la COP 20, uno encuentra gente que dice que la única solución al problema ambiental es cambiar de modelo económico, y eso algo de cierto tiene sin duda. Pero a la vez constituye un salto en garrocha demasiado arriesgado, porque no hay un solo desarrollo económico y no hay una sola manera de lograr la sostenibilidad ambiental.

La relación que me plantean no es de bloques en choque (desarrollo económico, sostenibilidad ambiental y desarrollo humano); sino que se pueden convertir en tres elementos que coadyuvan al progreso entre sí. Por ejemplo, entre desarrollo humano y desarrollo económico, se ha considerado a menudo que el desarrollo económico se hace principalmente a costa del desarrollo humano: bajando salarios, abaratando la mano de obra, reduciendo la estabilidad laboral, etc. Y eso ocurre a menudo, incluso se dice que eso está ocurriendo ahora en el Perú para salir de esta desaceleración de la economía y que esta llevando a medidas que flexibilizan el trabajo.

Sin embargo, esa contraposición entre desarrollo humano y desarrollo económico no tiene por qué ser tan contrapuesta. Por ejemplo, y eso indica la experiencia asiática, el desarrollo humano a través de políticas educativas o de salud es a la vez un factor de desarrollo económico incuestionable. Desarrollo económico no es solo invertir en acero, equipos o maquinaria, sino que también puede ser invertir en personas. Y en la medida en que es invertir en personas es también desarrollo humano.

Entonces, hay contraposiciones que resultan de formular de una manera estrecha el desarrollo económico y el desarrollo humano. Con el medio ambiente, el desarrollo económico tiene una relación polarizada, pero que tiene puntos de contacto y posibilidades de relación constructiva. En ese sentido, es posible avanzar en rutas que se están comenzando a plantear como por ejemplo, el desarrollo verde; lo que sugeriría que puede haber una relación colaborativa.

Las polarizaciones vienen a menudo de un estilo de argumentar basándose en valores. Por ejemplo, quienes tienen el argumento económico como dominante señalan que no se les puede impedir destruir árboles o acabar con alguna especie, porque a fin de cuentas son ellos quienes dan trabajo a la gente y les permiten vivir. Entonces, surge la interrogante: ¿cuál es la prioridad?, ¿la gente o el medio ambiente? Bajo esa lógica, los ambientalistas están en contra de la reducción de la pobreza. Pero como ya dije, no es incompatible un cierto tipo de crecimiento económico con el medio ambiente.

Por otro lado, los medioambientalistas tienen como valor el cuidado de la naturaleza, que es un valor que estamos aprendiendo como muy importante. Y el desarrollo humano tiene como prioridad el florecimiento de la gente, la libertad de la gente, en el sentido de que las personas tengan cada vez más opciones en la vida y puedan escoger entre ellas. ¿El medio ambiente se opone al desarrollo humano?, en cierto aspecto sí. Si se destruye cierto recurso y hay actividades no renovables que se anulan como posibilidad a futuro, las siguientes generaciones tienen menos opciones de las que tuvimos nosotros en la medida en que se han destruido algunas alternativas por la naturaleza de la actividad económica o industrial.

Esos son ejemplos de distintos tipos de valores. Como señala un famoso experto en Ética para el desarrollo, que ya falleció hace algunos años, no hay forma de salir de este entrampamiento entre los tres elementos si es que no se concede algo por cada uno de los que defiende alguno de ellos. El valor de la libertad no puede ser irrestricto, el valor de la naturaleza no puede ser incólume, el valor de la justicia tampoco lo puede ser. Cada uno de los tres tiene que moldearse entre sí y redefinirse en diálogo con los otros valores.

A mí me gusta esa idea, porque me permite dialogar con gente, pero no en términos monotemáticos. No hay forma de hablar con quien cree que todo se debe sacrificar por el medio ambiente o con el que cree que la economía es la única manera de reducir la pobreza y que lo único que vale para el ser humano es el poder adquisitivo y la riqueza. Con este tipo de visión de la economía, tampoco se puede hablar, porque todo lo ven peligroso. E igual con el desarrollo humano, no pueden plantearse las cosas como si ninguna faceta de la libertad humana puede ser cuestionada ni por el medio ambiente ni por la economía.

Una lección que me sirve para conversar con gente diversa, sin polarizar, es reconociendo que ninguno de esos valores (libertad, justicia, naturaleza) son valores intocables, aislados unos de otros. Lo que hay que hacer es redefinirlos, cada uno debe ceder un poco para algo de los demás, pero el debate sigue y la pregunta que me hacen es algo que continúa en discusión.

ED: Tomando en cuenta este marco, ¿cuál es la importancia de los acuerdos que se tomen en la COP 20? 

JI: Bueno, primero, aún no sabemos cuáles serán los acuerdos. El interés que tenemos en ver qué pasa consiste en dos planos. El primero, que es el más importante y el más crítico, es el del calentamiento global como tal. Junto a este, hay otro plano que nos interesa más como peruanos: la agenda interna o nacional. Así que tomamos parte de este proceso, no solo para colaborar con la reducción del calentamiento global, sino también para hacer más factible la vida acá.

Respecto a la agenda interna, hay temas ya conocidos y estudiados que son cruciales. En primer lugar, está la cuestión del Bosque Amazónico, que es en lo que el Perú puede colaborar más para mitigar el calentamiento global. A pesar de que no pueda hacer mucho, las cifras referidas al tema son significativas. En segundo lugar, están las fuentes de energía que en el Perú son excesiva e innesariamente basadas en combustibles (fósiles). Podrían explotarse más las fuentes hidroeléctricas, eólicas o solares, pero eso requeriría más inversión.

El tercer tema relevante, sobre todo para Lima, es la manera de vivir en las ciudades. El caso de nuestra capital es particularmente desastroso, ya que ha crecido demasiado horizontalmente, solo en los últimos años su crecimiento ha sido vertical. Eso es extremadamente ineficiente en términos de calentamiento global ya que gastamos demasiado combustible. En general, esta situación genera problemas respecto al agua, pero también respecto al transporte. Se debería usar más el transporte público, porque ahora se abusa demasiado del transporte privado, lo cual causa más contaminación. Uno espera que aprovechando esta conferencia, estos temas se tomen en serio y nos sensibilicemos respecto a ellos.

A nivel del calentamiento global, el argumento clásico que se menciona es que hay unos pocos países que son los principales causantes de este problema, pero que los daños principales los sufren los que menos han colaborado a generarlo, que son los países sub desarrollados. Sin embargo, empieza a cambiar ese diagnóstico, porque hay algunos países pobres todavía como India, Brasil o Sudáfrica que son ahora colaboradores no tan insignificantes del problema.

Ahora bien, en general, los problemas que resultan del calentamiento global, como tifones, tormentas, cambios  climáticos muy fuertes, afectan más a los países más pobres. Se encuentra fácilmente en los noticieros que, por ejemplo, han sucedido grandes inundaciones en Alemania causando la muerte de menos de cinco personas, mientras que ante eventos similares en Filipinas mueren cientos o miles. ¿Y por qué es así? Porque la protección de los problemas que provienen del calentamiento global dependen del dinero (de la calidad de las construcciones, de las posibilidades de tener subterráneo, de las probabilidades de mudarte y no regresar, etc.). Entonces, hay una situación de injusticia: los que más causan el problema son los menos afectados.

Creo que ese es el punto de fondo, hay otros referidos a la parte económica del asunto y yo no creo que eso sea lo fundamental, lo fundamental tiene que ver con vidas humanas y no con quién financia a quién para que corte un poco menos de bosque o lo mantenga como está, con la finalidad de que el bosque retenga el carbono y se disminuya así el calentamiento global.

Hay una noticia a resaltar para el optimismo cauteloso que ha trascendido bastante, la cual es un eventual acuerdo entre China y Estados Unidos con la finalidad de que se acerquen a ponerse metas para la reducción de gases de efecto invernadero, ya que los dos son los principales causantes de ello. Ojalá haya una expresión de voluntad y se plantee algo muy radical para EE.UU. y China.  El primero es un país de frontera en términos de progreso en muchos sentidos y el segundo, China, es un candidato a ello. Según los expertos, si China más India, Indonesia y Brasil tienen el objetivo de convertirse en países del primer mundo como EE.UU., efectivamente destruiríamos el planeta.

Para mí, hay un aspecto simbólico dentro de este eventual acuerdo, porque el país más rico estaría reconociendo que su manera de desarrollarse no es la que hay que imitar y, por otro lado, que los chinos estén allí, significaría que también están sugiriendo que su meta no es ser como EE.UU., sino ser de alguna manera distintos; por la misma razón en parte.

Y es que esa manera de vivir que ahora tienen los países ricos es inviable para todo el planeta. Tengo la expectativa de que estos debates generen conciencia en la ciudadanía del mundo respecto a lo que realmente es una sociedad avanzada; el tema ya está en agenda, pero falta introducirlo con mayor fuerza. Sabemos ya que esa sociedad no es la de nuestros países pobres, ya que ahí no se vive bien y tampoco es la sociedad de los países más ricos, porque quizás viven bien, pero haciendo mucho daño.

Entonces, estamos en un momento muy favorable a la creatividad y a la imaginación para responder en qué consiste desarrollar para progresar sin hacer daño. Mi mayor expectativa respecto a este evento, tan grande e interesante, va en la dirección de saber cuál debe ser esa manera de vivir, y eso tiene que ver con lo que entendemos por desarrollo humano. Sabemos ya que eso no significa vivir como EE.UU. Para mí, ese es el tema más estimulante, constituye un pilar para crear políticas y buscar fórmulas para el desarrollo.

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