Comunicar y difundir conocimientos jurídicos no es tarea fácil. Buena parte se debe a que por mucho tiempo al abogado se le ha visto como un celoso poseedor de este, miembro honorario de un círculo elitista que con artilugios lingüísticos construye barreras para impedir que la población común y corriente pueda entender más de esas normas que dicen disciplinar su comportamiento, pese a paradójicamente conocer muy poco de ellas. Aun quedan rezagos de este paradigma, y unos cuantos abogados que siguen rindiéndole honor, aunque me atrevería a afirmar que hoy existe un consenso y grandes esfuerzos por revertir esa imagen y desvirtuar tales prejuicios.

Creo que parte de ese viraje guarda estrecha relación con lo que Beatriz Boza denomina el enfoque tradicional y el enfoque participativo del abogado. Atrás, quedó la visión que solía caracterizar al abogado como mero espectador o usuario del sistema de justicia, dando paso a otra que lo concibe como un agente proactivo, comprometido con una sociedad que en términos de justicia e igualdad se encuentra en grave estado de carencia. Con ello emerge un abogado que aboga no solo por los intereses de su cliente, sino por impulsar un impacto positivo en la sociedad, logrando que el Derecho funcione en un escenario en donde suele ser pasado por alto (sino, constantemente vapuleado). Pende sobre estos “nuevos abogados” un deber de responsabilidad social que no se restringe meramente a la prestación de servicios legales gratuitos, lo que se conoce como trabajo “Pro-Bono”, sino que se manifiesta a través de otras modalidades, una de las cuales comprende la difusión del derecho.

Se trata de una difusión de conocimientos de cara a una realidad donde las brechas y asimetrías de información juegan en contra de quienes desconocen qué derechos o deberes le asisten. Ahí es donde se hace más necesario comunicar, difundir, discutir y cuestionar el Derecho, asegurándonos siempre que el mensaje que emitamos sea comprendido, pues en vano será comunicar si el receptor no está en capacidad de comprender. Eso explica también la importancia de democratizar el lenguaje jurídico, siempre procurando además que una excesiva simplificación no melle la esencia de conceptos que suelen alimentarse de corrientes, ideas, teorías de complejas estructuras. Se requiere pues, poner en sencillo algo que propiamente no lo es, un reto que sin duda es difícil de consumar.

Si la regla es que la ciudadanía desconoce sus derechos u obligaciones con el Estado, ya sea porque no hay concientización de estos o porque simple y llanamente no les interesa -también hay que reconocer que hay quienes consideran que no afecta en lo más mínimo el devenir de sus vidas-, la excepción es que unos cuantos sí tienen el privilegio de conocerlos. Retomando el concepto de “responsabilidad social” del abogado, la difusión del Derecho comprendería el compartir un recurso como el conocimiento jurídico que, escaso en sí, es de suma importancia para regirnos en un Estado de Derecho. En esa misma línea, adheridos a esta responsabilidad, destaca principalmente la labor que realizan alumnos de Derecho que además de cursar esta ardua carrera, asumen otros compromisos con miras no solo a enriquecer su aprendizaje, sino a difundir la cultura jurídica y democratizar un mundo tan cercano a sí y ajeno a grandes mayorías. Sucede así con asociaciones civiles tan ejemplares como Themis; sucede así con Enfoque Derecho(ED), el portal de Actualidad Jurídica de Themis.

En este punto, permítanme hacer un paréntesis, porque como es claro, este texto responde a mi despedida de Enfoque Derecho y comprende, inevitablemente algunas injerencias de mi experiencia personal como directora. Julio Cortázar decía que las palabras nunca alcanzan cuando lo que se quiere decir desborda el alma, pero quítele los sentimentalismos, y lo dicho se adecua perfectamente a un sinfín de experiencias, incluso profesionales. Una de estas es mi paso por ED, y describirlo sería insuficiente cuando las palabras siempre faltan –propio de lo inefable. Por eso, en el marco de lo dicho respecto a la responsabilidad social del abogado, la difusión y comunicación del derecho, me remitiré a destacar lo que es y espero perdure detrás de este proyecto que imbuido por dichas premisas, permitió pudiese encontrar mi vocación en una manera distinta de ejercer el Derecho.

Así, este portal web que empezó siendo un Boletín en físico distribuido cada mes, nació como un proyecto que buscaba confluir el periodismo y el Derecho, que permitiese desvestir con una lupa jurídica cada suceso que adornase la coyuntura nacional e internacional. Precisamente, en este rol de abogado-periodista que cada miembro asumió quisimos continuar este proyecto mezclando el rigor jurídico propio del Derecho con el deber periodístico de difundir información de fácil comprensión, que obligase al emisor a “bajar” ciertos conceptos al llano para que pudiese ser comprendido por todo tipo de público. Bernardo Nespral, autor de un manual sobre periodismo judicial, lo explica muy bien cuando señala que “solo quienes se han graduado en la materia, han ejercido la profesión o magistratura, tienen el conocimiento científico para conocer la realidad jurídica, que si además es periodista, mejor porque sabrá decodificar los conceptos y vocablos jurídicos para transmitirlos de una manera clara y comprensible para toda la sociedad”.

Ese fue – y espero siga siendo- nuestro lema: democratizar el acceso a la justicia con un lenguaje que lo haga posible. Hoy, este proyecto dirigido y elaborado por alumnos de Derecho pretende desacralizar el Derecho y demostrar que puede ser una disciplina abierta a cualquier persona, y no solo a quienes tienen una formación jurídica. Pero, no solo eso. Característico de este proyecto por años, ha continuado aportando un enfoque multidisciplinario al Derecho que le permita relacionarse con otras corrientes como las ciencias políticas, la psicología, la historia, economía, las artes, la filosofía y demás. Esto último -me alegra acotarlo-, fue perfectamente complementado con la iniciativa de otros proyectos impulsados por Themis, como la Comisión de Arte & Derecho, el seminario sobre Derecho & Psicología, la publicación sobre Derecho & Ciencias Políticas, entre otros que reforzaron la idea que no puede concebirse un Derecho en condición de  aislamiento.

El abogado-periodista conocedor del tecnicismo y de los enclaves jurídicos propios de esta disciplina tiene el gran desafío de comunicar, enseñar, reflexionar y criticar para así contribuir al mejor entendimiento de las diversas problemáticas que afectan a la sociedad. Quizás en este punto cabría retomar algunos conceptos que nos enseñaron en Ética y Responsabilidad Profesional del Abogado, y esto es, la “misión del abogado” de defender el Estado de Derecho, pero uno que solo puede consolidarse si cuenta con ciudadanos que conozcan y confíen en un marco jurídico y legítimo que lo construya. Si los ciudadanos desconocemos las normas, pero principalmente su razón de ser, es poco viable que pueda generarse una conciencia crítica sobre hasta dónde alcanza el ejercicio de nuestros derechos, dónde terminan, cuáles son nuestros deberes, cómo reclamar mis derechos cuando el Estado o quien sea, los quebrante, etc. Esto es algo que quisimos resolver a través de iniciativas como las Consultas Legales, un programa que nos permite ayudar a resolver preguntas tan frecuentes y cotidianas en las que el Derecho implícitamente se encuentra presente.

El abogado-periodista al que cada miembro de ED aspira a ser, como todos los abogados, se enfrenta a una sociedad cuyas particularidades exigen una participación activa que genere un impacto positivo y una mejora en su desarrollo. No sólo tiene la difícil labor de comunicar el Derecho y fomentar espacios de debates públicos cuyos temas jurídicos, políticos, sociales, económicos afectan a los ciudadanos, sino debe decodificar una información que de por sí tiene barreras técnicas y lingüísticas que impiden muchas veces sea comprendido por los ciudadanos que más debieran conocer sobre esta compleja aunque útil herramienta de conocimiento. Más aun en una realidad en la que, como señaló Alejo Miró Quesada en los Premios Nacionales de Periodismo, es el periodismo el que reemplaza las instituciones deficientes; y qué mejor que uno especializado en conocimientos jurídicos.


*Hasta la vista Themis y Enfoque Derecho. Ha sido un honor ser parte de esta comunidad, muchísimas gracias por todo lo aprendido, especialmente a quienes fueron parte de ED los años 2013-2014, y a los miembros del Consejo Directivo 2014-1 y 2014-2.

Gracias:

ED: Ariana Lira, Manuel Ferreyros, Michel Salazar, José Antonio Salgado, Adriana Tapia (*CD), Aldo Cisneros, Ian Forsyth, Claudia Lovón, Adrián Lengua, Milagros Mutsios, Juan Diego Elías, Elody Malpartida, Francisco Mamani y Marco Gamarra.

CD: Francisco José Floríndez, Luis Fernando Roca, Kristiam Herrera, Andrés Toledo, Geancarlo García, Peps Díaz, Mariella Carrasco, Alejandro Cavero, Jadhira Unda y Fátima Benavides.

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