Por: Federico de Cárdenas Romero. Abogado por la PUCP. Máster en Teoría Política por la Universidad de Manchester – Reino Unido.

Ningún individuo o grupo tiene el derecho de utilizar la violencia y, menos aún, de acabar con la vida de una persona por criticar sus ideas, autoridades o prácticas religiosas (sean éstas católicas, musulmanas, judías o de cualquier otra índole). La libertad de expresión es uno de los pilares fundamentales de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y de las democracias modernas occidentales. Por eso, el asesinato de los periodistas del semanario francés Charlie Hebdo por publicar caricaturas críticas del islam ha causado tanto rechazo a nivel mundial y ha movilizado a mucha gente en marchas de apoyo de este derecho.

Sin embargo, existen algunos oportunistas políticos e ideólogos conservadores que pretenden utilizar como excusa la protección de la libertad de expresión para estigmatizar a una religión milenaria como el Islam y culparla de todos los problemas que están sufriendo las sociedades europeas actualmente. Este sector aprovecha los momentos de crisis social, de miedo y dolor de las personas para hacer avanzar su agenda política y justificar la imposición de cada vez más restricciones sobre los derechos y la forma de vida de las minorías religiosas y culturales de sus sociedades.

Su estrategia es bastante conocida: es la misma que utilizaron las principales ideologías políticas  de inicios del Siglo XX. Bajo la justificación de acabar con el conflicto entre los hombres y los pueblos, los Estados dominados por el liberalismo, el socialismo y el nacionalismo aplicaron una política homogeneizante con sus poblaciones, a través de la imposición, asimilación y/o exterminio de las diferentes culturas que se desarrollaban alrededor de la cultura dominante. Fue la estrategia que siguieron los nazis con los judíos a mediados del siglo XX, y ya sabemos como terminó esta historia.

El problema de Francia y de Europa no es el Islam ni los musulmanes, son los individuos y grupos radicales concretos que pretenden imponer sus ideas en la sociedad a través de actos terroristas. Y la solución a los problemas europeos no es expulsar o desaparecer a todos los musulmanes del continente o asimilarlos forzosamente a los “valores” nacionales y republicanos franceses, como pretenden algunos. Aplicar más violencia contra una minoría religiosa no es la solución ni la cura para crear una sociedad más justa e igualitaria. La violencia solo genera más violencia.

Defendamos el derecho de todos a la libertad de expresión y combatamos a los grupos terroristas que pretenden imponer sus ideas usando la violencia, pero no utilicemos estos asesinatos deleznables para destruir a las minorías religiosas y culturales que no comprendemos o nos parecen incómodas. La solución no está en desaparecer al diferente, sino en establecer una forma equitativa de diálogo intercultural que pueda ser justa para todos los interlocutores y en el que se escuche en igualdad de condiciones a todos los individuos, grupos y culturas (en sus formas de pensar y expresarse) que conforman la comunidad política.

La inclusión con respeto y reconocimiento de las diferencias y el mantenimiento de un diálogo abierto y constante entre los individuos y grupos, es un camino mejor y más promisorio para lograr una sociedad democrática más justa e igualitaria.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here