Por Carlos Rojas Klauer, Abogado por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Con estudios en Psicología del Consumidor en la Escuela de Post Grado de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas y Neuromarketing en Biia Lab. Asociado de Lazo, De Romaña & Gagliuffi Abogados.

Lo recientemente ocurrido en París despierta en nosotros un debate sobre si la estrategia contra el terrorismo resulta efectiva y sostenible, considerando el peligro que representa dicho fenómeno social para la libertad de expresión y la seguridad que pretenden brindar los Estados democráticos a sus ciudadanos. Sin embargo, en esta oportunidad, queremos ir un paso más atrás o incluso más adelante y analizar los factores psicológicos que integran o recubren el problema de los actos terroristas, así como observar si es que existe algún sesgo cognitivo en cierto sector de la opinión pública, el cual plantea al fanatismo religioso como el único factor u origen que estimula este tipo de violencia.

Aproximaciones  sobre la conducta terrorista

Para Humberto Trujillo de la Universidad de Granada, “la violencia terrorista es a menudo, al menos en los líderes, deliberada, no impulsiva, estratégica e instrumental, y se asocia a objetivos ideológicos desde los cuales se justifica. (…) Las ideologías terroristas tienden a proporcionar una serie de creencias que ayudan a justificar comportamientos violentos. (…) la forma de pensar de un terrorista muestra el mismo tipo de distorsiones cognitivas observada en personas que se ven envueltas en actos violentos, ya sea individualmente o como miembros de un grupo. El pensamiento terrorista puede desplegarse a partir de las siguientes premisas: (i) mecanismos de generalización (el enemigo es toda la población); (ii) pensamiento en dicotomía, la gente es totalmente buena o absolutamente mala; y, (iii) visión de túnel, en la que inmersos en su misión, el pensamiento se centra en acciones que le permitan eliminar un objetivo”[1].

A efectos de explicar la construcción de la conducta terrorista, Trujillo cita el análisis realizado por el psicólogo forense Maxwell Taylor respecto a la relación entre la ideología y la acción violenta de un grupo terrorista, planteando la combinación de los siguientes tres aspectos: (i) la ideología legitima la violencia considerándola como el medio para conseguir un fin moral y divino; (ii) la ideología parece controlar conductas específicas vinculadas a lo político y a lo religioso, pero no parece controlar todas las cadenas conductuales de una persona; y, (iii) la ideología favorece la distorsión perceptiva de inminencia del logro histórico deseado y muy esperado.

El reforzamiento de una imagen: el fanatismo religioso como principal factor o vehículo de la violencia terrorista

Cuando la opinión pública reflexiona sobre las recientes acciones del terrorismo yihadista, se suele asociar dichos actos como consecuencia del fanatismo religioso, llegando a la premisa de que ello se genera por el fundamentalismo religioso de un sector del islamismo.

Sin embargo, el fundamentalismo religioso no es una afección que solo podamos diagnosticar en el Islam, ya que dando una revisión a la historia de la humanidad, podemos recordar que la tolerancia no es precisamente una virtud de las religiones. Ante ello, debemos distinguir entre el fundamentalismo de las creencias religiosas y la violencia terrorista, la cual es un mecanismo de lucha ideológica.

Ahora bien, ¿qué está detrás de la mediatización de los actos terroristas? El fundamentalismo es un mecanismo de persuasión de adeptos; sin embargo, no es la finalidad o ideología de dichas causas. En tal sentido, resulta evidente que la utilización del fanatismo responde a una estrategia de las propias organizaciones terroristas, las cuales aprovechan el impacto y polarización que ello genera en la opinión pública.

De otro lado, “suele pensarse que las oleadas terroristas anteriores pretendían reproducir el esquema mental de los terroristas: pocas muertes y mucha publicidad. Sin embargo, en la actualidad se ha producido un cambio en los esquemas cognitivos del terrorismo yihadista: producir muchas muertes y mucha publicidad”[2]. En suma, el reforzamiento de la imagen “fanática religiosa” a través de los medios de comunicación, permite generar mayores sesgos en la opinión pública, a efecto de permitir una polarización de grupos. Nos explicamos. El efecto que genera y permite que los actos terroristas sean efectivos a las “causas” que persiguen quienes los ejecutan es que dichos actos inducen a la opinión pública a un sesgo denominado “cascada de disponibilidad”:

  • Existen dos tipos de cascadas: de información y de reputación[3]. La primera se presenta cuando los individuos basan sus opiniones en creencias aparentes de los demás. Mientras más heterogéneo sea un grupo, es más simple que una creencia se expanda y se convierta en “información confiable”, pese a no existir un sustento conocido. Por supuesto, no todos los miembros de la sociedad son influenciados por una cascada de disponibilidad, aquellos que tienen información confiable privada probablemente no serán parte del fenómeno. Es común apreciar esta situación en manifestaciones, mítines políticos o marchas, donde muchas veces los participantes siguen a un líder o reclaman por una situación de la que no están correctamente enterados. Esto, al mezclarse con el componente emocional (religión, por ejemplo), bloquea cualquier información de terceros que debiera modificar el punto de vista inicial del individuo. En los niveles de fanatismo religioso, también resulta común observar a quienes establecen reglas muy estrictas para el cumplimiento de la doctrina (conservadores), quienes motivados por dicha emoción, llevan, en nombre de la fe que profesan, los niveles de violencia que conocemos (terroristas).
  • El otro tipo de cascada, la de reputación, se maneja por interdependencias entre decisiones individuales. A diferencia de la cascada de información, aquí los individuos no toman como suyas ciertas creencias que consideran más informadas, sino que su motivación está basada en el afán de obtener la aprobación social y evitar la desaprobación. Un ejemplo cotidiano de esto se da cuando las preferencias de las personas son determinadas en función a la moda vigente.

En ese escenario, la gente tiende a pensar que los riesgos que se le vienen más rápido a la mente son más probables[4]. Es decir, la imagen de un fundamentalista islámico es asociada a la de un posible terrorista yihasdista encubierto, cuando ello no corresponde a la realidad (conocimiento privado del individuo).

Para Paul Slovic, la noción de la disponibilidad es potencialmente una de las ideas más importantes para ayudar a entender las distorsiones que de manera más probable pueden ocurrirle al individuo en su percepción de los peligros naturales o humanos como el terrorismo[5]. Incluso, es posible que algunos eventos memorables lo sean no por su relación con la probabilidad de ocurrencia, sino con factores completamente ajenos a ella. Esto explica por qué luego de un terremoto, por citar un ejemplo distinto al terrorismo, la gente es más propensa a comprar seguros contra desastres que cuando no ha habido un desastre de similar naturaleza en los últimos años[6]. Así, los eventos recientes tenderán a estar más disponibles en nuestra mente[7] que aquéllos que no hemos experimentado en mucho tiempo o que, incluso, nunca hemos vivido[8]. En el Perú, no hemos reportado un atentado yihadista, pero tenemos una imagen negativa del islamismo alimentada por la cascada de disponibilidad reforzada por los medios internacionales y nacionales.

Ante ello, debemos evitar generar una creencia o sesgo respecto a quienes se tornan asociados al yihadismo, ya que dicha creencia permite la polarización o dicotomía que precisamente buscan los terroristas en su estrategia de medios (cascada de disponibilidad).

La polarización de grupos se genera comúnmente a través de las cascadas de reputación que no son otra cosa que tomar un argumento como propio porque cierta persona (o grupo de personas), en el que el individuo confía, así lo cree. Así, las opiniones de las personas más respetadas o admiradas de la zona suelen seguirse y el islamismo es sometido a dicha reputación, conforme a la estrategia de los propios terroristas.

Alternativas para la estrategia antiterrorista

Cass Sunstein opina que, para la definición de políticas públicas, es mejor que las decisiones las tomen expertos imparciales que no se dejan influenciar por los sesgos creados por un fenómeno social (como el terrorismo) conforme alimentan los medios. En tal sentido, resulta necesario que la opinión pública tome conciencia del sesgo generado contra el islamismo y que los ejecutores de las políticas de seguridad observen que el problema no se centra en atacar al fundamentalismo religioso, ya que ello es lo que precisamente buscan los terroristas a efectos de lograr polarizar a quienes se sienten acusados por tener la misma fe o doctrina y lograr tener más adeptos a su causa.

En conclusión, debemos dilucidar e identificar a quienes profesan un fanatismo de quienes utilizan la violencia como ideología de adoctrinamiento, ya que creer que el terrorismo lo genera la religión es pretender ver solo un árbol dentro de un bosque o incluso creer que dicho fanatismo es un valor intrínseco de la propia ideología. Si bien esto puede generar niveles de intolerancia o rechazo de los grupos conservadores, no genera un rechazo a la violencia, la cual responde a otro tipo de condiciones conforme hemos podido revisar.


[1] TRUJILLO, Humberto y otros. “De la agresividad a la violencia terrorista: historia de una patología psicosocial previsible (Parte I) En: Psicología Conductual, Vol. 12 N° 2, 2006, Universidad de Granada, pág. 281

[2] SAÍZ, Enrique.”Unas primeras aproximaciones a los sesgos cognitivos en el análisis de inteligencia”. En: Inteligencia y Seguridad N° 7, Universidad de Valencia, pág 226.

[3] KURAN, Timur y Cass SUNSTEIN. “Controlling Availability Cascades”. En: SUNSTEIN, Cass (editor). Behavioral Law & Economics. Op. Cit. p. 375.

[4] SUNSTEIN, Cass (editor). “Behavioral Law & Economics”. Nueva York: Cambridge University Press. 2000. Reimpresión de 2007. p. 5.

[5] SLOVIC, Paul. “The Perception of Risk”. Londres: Earthscan Publications Ltd. 2000. p. 14.

[6] SUNSTEIN, Cass R. y Richard H. THALER. “Libertarian paternalism is not an oxymoron”. Op. cit. p. 1170.

[7] SCHWARTZ, Hugh. “A guide to Behavioral Economics”. Op. cit. p. 30.

[8] TVERSKY, Amos y Daniel KAHNEMAN. “Introduction”. En: Judgment under uncertainty: heuristics and biases. Op. cit. p. 11.

1 COMENTARIO

  1. Para conocer mas sobre este debate, recomiendo ver “A Most Wanted Man”, ya que si bien no toca el tema del fanatismo religioso como eje central, muestra como la estrategia contra el terrorismo debe ser reorientada desde la visión norteamericana e incluso europea. Ademas es la película póstuma de Philip Seymour Hoffman.

    Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=OUyYBrlF_W8

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