Por César Landa, ex Presidente del Tribunal Constitucional y Profesor de Derecho en la PUCP.

Con motivo de la matanza en París, en nombre de Alá, de cinco caricaturistas del semanario Charlie Hebdo, por parte de dos jóvenes musulmanes franceses, por haber realizado viñetas satíricas de Mahoma; se pone en evidencia que en general la libertad de expresión y, en particular, la critica humorística no tiene cabida en las constituciones islámicas fundamentalistas.

Al respecto, luego de la Primavera Árabe, se produjeron procesos políticos de apertura de regímenes autocráticos- de corte monárquico (Marruecos, Siria) y republicano (Túnez, Egipto, Libia)- hacia regímenes democráticos, en los cuales se produjeron reformas políticas consagradas en cambios o nuevas constituciones, donde los derechos fundamentales fueron reconocidos de forma genérica, tímidamente o sujetos a las leyes religiosas, en el marco de las llamadas Cconstituciones islámicas.

En la medida que para las fuerzas fundamentalistas, el Islam no permite la separación del Estado de la religión; en los países donde han logrado capturar dichos procesos democratizadores, se ha instaurado la denominada Constitución Islámica, entendida como un orden jurídico divino otorgado por Alá y anunciado por sus profetas, para lograr la felicidad y satisfacer las necesidades del pueblo. Aquí, la religión se ha constituido en el fundamento del Estado y de la sociedad civil; por eso, no hay espacio para la laicicidad y menos aún para la critica a la fuente de legitimidad del régimen político: la religión islámica.

Lo cual colisiona tanto con la libertad de expresión que es un pilar fundamental de la democracia, como con la libertad de prensa -incluida la sátira- que es un instrumento valioso contra el poder. Ahora, como todo poder -en Oriente u Occidente- se extralimita (incluso el de los propios medios de comunicación); estos deben estar sujetos a un control democrático (como decía Popper) o contrapeso (como  lo afirma  Todorov) mediante los límites constitucionales y legales, que se garantizan ante los órganos judiciales a través del debido proceso.

Pero, el fundamentalismo islámico, como cualquier otro fundamentalismo, es incompatible con los valores democráticos del pluralismo y la tolerancia, que son constitutivos de un régimen constitucional. No obstante, hay regímenes políticamente laicos, pero de mayoría musulmana como Egipto, Marruecos, Turquía o Siria, en los cuales la crítica al poder de los medios de expresión tampoco se encuentra  garantizada; por el contrario, la censura en las redes sociales, así como la represión o encarcelamiento de periodistas es una práctica común.

Y con la aparición del autodenominado Califato del Estado Islámico, las decapitaciones a quienes se juzga infieles, se han convertido en una practica estatal de propaganda mediática para miles de jóvenes europeos; como, también, un sagrado deber civil de sus adeptos el realizar ataques mortales en sus ciudades de origen. Poniendo en práctica la intolerancia religiosa; la misma que no tiene argumentos para combatir la ironía, salvo con el crimen. Lo que revela una mentalidad totalitaria desde el punto de vista religioso, así como, una mentalidad autoritaria desde el punto de vista político.

Por ello, cabe preguntarse si la única respuesta de Francia, los demás países europeos y los Estados Unidos deben ser solo las medidas de seguridad, control y prevención contra los fundamentalistas, activistas o sospechosos de actividades terroristas, o, si también se debe revisar la formación educativa y cívica de sus sociedades modernas, que al parecer ya no responden a los patrones y valores republicanos que edificaron a los Estados democráticos constitucionales.

Solo así, aquellos jóvenes musulmanes occidentales dejaran de encontrar en las guerras  del Medio Oriente o en los atentados en los  países europeos, la fuente de realización de sus ideales musulmanes trastocados, y, alentados por la crisis de legitimidad económica y moral por la que atraviesan sus países de orígenes desarrollados.

Quebéc, enero de 2015.

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