Por Sergio García Long. Bachiller en Derecho por la PUCP. Asistente de Docencia en los cursos de Análisis Económico del Derecho en la Maestría de Derecho Bancario y Financiero de la PUCP y, de Obligaciones y Responsabilidad Civil en la Facultad de Derecho de la misma casa de estudios. Asistente de Investigación en temas de Contratos y Responsabilidad Civil. Asociado del Estudio Fernández & Vargas Abogados.

¿Por qué las personas ocupadas no se alimentan bien? ¿Por qué los pobres siguen siendo pobres? ¿Por qué las personas que están a dieta no dejan de pensar en comida? ¿Qué tienen en común la persona ocupada, el pobre y la que está a dieta? La respuesta está en las consecuencias psicológicas que se presentan en cualquier experiencia de escasez.

Sea que no tengamos dinero, que no tengamos tiempo para terminar unos alegatos que deban presentarse mañana a primera hora, o que estemos a dieta, la psicología de la escasez tendrá los mismos efectos cognitivos (ante la escasez de dinero, tiempo y calorías). La escasez produce su propia mentalidad (mindset), cambiando la manera como afrontamos nuestros problemas y tomamos decisiones[1]. Pero eso no es todo: la experiencia de la escasez nos hará menos inteligentes y más impulsivos[2]. Así como lo lee.

Cada vez que sentimos que tenemos poco de algo, la escasez produce dos consecuencias: (i) el focus dividend (el beneficio de la concentración), y (ii) el tunneling (o entrar en el túnel)[3].

La escasez hace que nuestro rendimiento mejore y ayuda a explicar la conocida frase “prefiero trabajar bajo presión”. Imagínese que tenía que terminar un escrito urgente y dispuso de poco tiempo para hacerlo. En ese momento fue pobre en tiempo y toda su atención y concentración se enfocó en terminar ese escrito. La escasez captura nuestra mente[4], lo cual permite que nuestra atención se enfoque en la falta de tiempo, y con ello, nuestro rendimiento mejore. Esto se conoce como el focus dividend y es el efecto psicológico positivo de la escasez.

Una de las ideas más importantes que debemos internalizar es que no solo nuestros recursos materiales son limitados (como el dinero), sino también nuestros recursos mentales: nuestra atención es limitada[5], nuestra capacidad computacional es limitada[6], nuestra capacidad de procesamiento de información es limitada[7], nuestra memoria es limitada[8], nuestro autocontrol y fuerza de voluntad es limitada[9] y –de gran interés para los economistas neoclásicos- nuestra racionalidad es limitada[10].

La escasez captura nuestros limitados recursos cognitivos, y al hacerlo, no solo modifica nuestra manera de pensar y tomar decisiones, sino que determina qué será lo primero que estará en nuestra mente.

En un experimento, rápidamente se pasaron palabras en una pantalla que dos grupos de personas tuvieron que identificar. Un grupo había almorzado y el otro no. Cuando salió la palabra “take” ambos grupos tuvieron el mismo rendimiento, pero cuando apareció la palabra “cake”, las personas que no habían almorzado reconocieron la palabra más rápido[11]. Lo mismo sucedió en otro experimento donde las personas reconocieron más rápido palabras como “water”, “bottle”, “glass”, “cup” y “juice” cuando tenían sed[12]. La carencia de algo hace que dicha escasez sea lo primera que tengamos en la mente, y dicha atención hace que nuestro rendimiento mejore.

En un primer experimento, se comprobó que cuando las personas tienen menos tiempo para realizar una tarea, el rendimiento es mayor. A un grupo de estudiantes se les pidió leer 3 artículos con el fin de encontrar errores gramaticales. La recompensa en dinero dependía de la cantidad de errores que encontraran. A un grupo se le pidió entregar cada artículo después de 7 días (un artículo por semana), mientras que a otro se le pidió entregar los 3 artículos dentro de 21 días. El grupo que tuvo menos tiempo para corregir cada artículo, logró un mayor rendimiento al detectar mayores errores gramaticales, ganar más dinero y ser más puntuales en la entrega[13]. En un segundo experimento, quienes tuvieron menos tiempo (5 días) para realizar una tarea, obtuvieron un mayor rendimiento (60%) que el rendimiento (25%) de aquellos que no tuvieron plazo definido. Nuevamente, a menos tiempo mayor rendimiento[14].

Lo mismo ocurre con la escasez de dinero. Solo recuerde cómo maneja su dinero cuando cobra su sueldo y cómo lo maneja al final del mes cuando no ha vuelto a cobrar. La abundancia hace que no prestemos mucha atención a nuestro dinero, mientras que la escasez hace que cada nuevo sol sea cuidadosamente gastado. Lo mismo ocurre con las personas a dieta: cada caloría es controlada.

Al menos en un plano psicológico, el pobre en dinero, el pobre en tiempo y el pobre en calorías se comportan de manera similar.

Ahora, existe el lado negativo: la escasez hace que seas negligente. Esto es el tunneling o entrar en el túnel. Cuando nuestra mente se ve capturada por la escasez, entramos en un túnel que permite que nuestra atención se enfoque en lo que está dentro del túnel, pero desatendiendo lo que se queda fuera de él. Delimitar implica excluir. Esto es lo que los psicólogos llaman como goal inhibition: cuando las personas se enfocan en algo desatienden todo lo que quede fuera de ese objetivo[15].

Pero ello no es todo. La escasez grava nuestra capacidad mental (bandwidth)[16], volviéndonos menos inteligentes y más impulsivos. Dado que nuestros recursos cognitivos son limitados (lo que usamos en un lugar no podemos usarlo en otro), la escasez hace que tengamos menos capacidad mental disponible para ser usada, lo cual implica tener menos recursos para razonar y resolver problemas (fluid intelligence) y para controlar nuestros impulsos (self-control). No queremos insinuar que algunos nazcan con mayor capacidad mental que otros, sino que la misma se encuentra menos disponible en determinadas circunstancias.

En primer lugar, se utilizó el test de las matrices progresivas de Raven para medir la inteligencia fluida de los mismos sujetos, antes y después de experimentar la escasez. En este caso se trató de agricultores que experimentaron la escasez cuando no había cosecha y experimentaron la abundancia cuando sí la había. Cuando los agricultores eran pobres (pre cosecha) se demoraron más tiempo y cometieron más errores que cuando eran ricos (post cosecha)[17]. La escasez afectó su capacidad cognitiva y la redujo, dejando menos capacidad mental disponible para resolver los problemas. Téngase en cuenta que estamos frente a los mismos agricultores. Se trata de verificar cómo la escasez afecta la capacidad cognitiva de la misma persona.

En el mismo experimento, se hicieron pruebas para medir el autocontrol de los sujetos en la etapa pre cosecha y en la post cosecha. Se realizó una versión numérica de la prueba conocida como Stroop task, el cual genera un conflicto interno en nuestra mente que será superado dependiendo de nuestra capacidad de autocontrol, entre otras cosas. Los sujetos tenían que decir rápidamente la cantidad de elementos que contenía la serie que se les presentaba. Claramente es más fácil decir que la serie “F F F”  tiene 3 elementos que en la serie “5 5 5”, en donde el número 5 viene a la mente más rápido que el número 3. Los resultados fueron los esperados: en la etapa pre cosecha los agricultores tuvieron mayores errores que en la etapa post cosecha[18]. En otras palabras, la escasez gravó nuevamente la capacidad mental.

Los mismos sujetos fueron más inteligentes y menos impulsivos cuando había abundancia que cuando había escasez.

Póngase a pensar las graves consecuencias de experimentar la escasez: si al mismo tiempo que desatendemos algunas cosas (tunneling), tenemos menos capacidad mental para resolver problemas y encima actuamos de manera impulsiva, las consecuencias serán desastrosas. Por ello, las personas con bajos recursos permanecerán endeudadas y las personas ocupadas no se alimentarán de manera saludable: será más probable que el pobre se endeude hoy para calmar alguna urgencia que luego no podrá pagar o que el ocupado compre comida chatarra cuando está ocupado.

La psicología de la escasez nos ayuda a explicar por qué la experiencia de carecer de algo puede exponer a las personas a tomar malas decisiones al volvernos negligentes, menos capaces para resolver problemas y más impulsivos.


[1] Shah, Anuj K., Mullainathan, Sendhil y Eldar Shafir. “Some consequences of having too little”. En Science, Vol. 338, 2012, pp. 682.

[2] Mani, Anandi, Mullainathan, Sendhil, Shafir, Eldar y Jiaying Zhao. “Poverty Impedes Cognitive Function”. En Science, Vol. 341, 2013, pp. 976.

[3] Mullainathan, Sendhil y Eldar Shafir. Scarcity. Why having too little means so much. New York: Times Book, 2013, pp. 29.

[4] Mullainathan, Sendhil y Eldar Shafir. Scarcity, Óp. Cit., pp. 5.

[5] Banerjee, Abhijit V. y Sendhil Mullainathan. “Limited attention and Income Distribution”. En The American Economic Review, Vol. 98, No. 2, 2008, pp. 489.

[6] Simon, Herbert A. “A Behavioral Model of Rational Choice”. En The Quarterly Journal of Economics, Vol. 69, No. 1, Feb. 1995, pp. 99. Posteriormente publicado en: Simon, Herbert A. “A Behavioral Model of Rational Choice”. En ID. Models of Man. Social and Rational. New York: John Wiley & Sons, Inc., 1957.

[7] Ellison, Glenn y Drew Fudenberg. “Rules of Thumb for Social Learning”. EnJournal for Political Economy, Vol. 101, No. 4, 1993, pp. 613.

[8] Mullainathan, Sendhil.  “A Memory-Based Model of Bounded Rationality”. En The Quarterly Journal of Economics, Vol. CXVII, Vol. 117, No. 3, 2202, pp. 735-736.

[9] Gailliot, Matthew, Baumeister, Roy F., De Wall, C. Nathan, Maner, Jon K., Plant, E. Ashby, Tice, Dianne M., Brewer, Lauren E. y Brandon J. Schmeichel. “Self-Control Relies on Glucose as a Limited Energy Source: Willpower is More Than a Metaphor”. En Journal of Personality and Social Psychology, Vol. 92, No. 2, 2007, pp. 325; Gailliot, Matthew y Roy F. Baumeister. “The Physiology of Willpower: Linking Blood Glucose to Self-Control”. En Personality and Social Psychology Review, Vol. 11, No. 4, 2007, pp. 304; Baumeister, Roy F., Bratslavsky, Ellen, Muraven, Mark y Dianne M. Tice. “Ego Depletion: Is the Active Self a Limited Resource”. En Journal of Personality and Social Psychology, Vol. 74, No. 5, 1998, pp. 1252; desde una perspectiva interdisciplinaria entre derecho, economía y psicología véase: Jolls, Christine, Sunstein, Cass R. y Richard Thaler. “A Behavioral Approach to Law and Economics”, Óp. Cit., pp. 1479.

[10] Simon, Herbert A. “Rationality in Psychology and Economics”. En The Journal of Business, Vol. 59, No. 4, Part 2: The Behavioral Foundations of Economic Theory, 1986, pp. S211; Simon, Herbert A. “Bounded Rationality”. En ID. Models of Bounded Rationality. Volume 3. Empirically Grounded Economic Reason. Cambridge: The MIT Press, 1997, pp. 291; Simon, Herbert A. “Rational Decision-Making in Business Organizations”. Nobel Memorial Lecture, 8 de diciembre, 1978, pp. 351; Simon, Herbert A. “A Behavioral Model of Rational Choice”, Óp. Cit., pp. 99; Kahneman, Daniel. “Maps of Bounded Rationality: Psychology for Behavioral Economics”. EnThe American Economic Review, Vol. 93, No. 5, 2003, pp. 1469; Kahneman, Daniel. “A Perspective on Judgment and Choice. Mapping Bounded Rationality”. EnAmerican Psychology, Vol.  58, No. 9, 2003, pp. 697; Kahneman, Daniel. “A Psychological Perspective on Economics”. En The American Economic Review, Vol. 93, No. 2, 2003, pp. 162-163; Conlisk, John. “Why Bounded Rationality”. En Journal of Economic Literature, Vol. XXXIV, 1996, pp. 669.

[11] Radel, Rémi y Corentin Clément-Guillotin. “Evidence of Motivational Influences in Early Visual Perception: Hunger Modulates Conscious Access”. En Psychological Sciences, Vol. 23, No. 3, 2012, pp. 233.

[12] Aarts, Henk, Dijksterhuis, Ap y Peter De Vries. “On the psychology of drinking: Being thirsty and perceptually ready”. En British Journal of Psychology, Vol. 92, 2001, pp. 635.

[13] Ariely, Daniel y Klaus Wertenbroch. “Procrastination, Deadlines, and Performance: Self-Control by Precommitment”. En Psychological Science, Vol. 13, No.3, 2002, pp. 223.

[14] Tversky, Amos y Eldar Shafir. “Choice Under Conflict: The Dynamics of Deferred Decision”. En Psychological Science, Vol. 3, No. 6, 1992, pp. 361.

[15] MacLeod, Colin M. “The Concept of Inhibition in Cognition”. En Gorfein, David S. y Colin M. MacLeod. Inhibition in Cognition. Washington: American Psychological Association, 2007, pp. 5; McCulloch, Kathleen C., Aarts, Henk, Fujita, Kentaro y John A. Bargh. “Inhibition in goal systems: A retrieval-induced forgetting account”. EnJournal of Experimental Social Psychology, Vol. 44, No, 3, 2008, pp. 857; Shah, James Y., Friedman, Ron y Arie W. Kruglanski. “Forgetting All Else: On the Antecedents and Consequences of Goal Shielding”. En Journal of Personality and Social Psychology, Vol. 83, No. 6, 2002, pp. 1261-1262.

[16] Mullainathan, Sendhil y Eldar Shafir. Scarcity, Óp. Cit., pp. 41-42.

[17] Mani, Anandi, Mullainathan, Sendhil, Shafir, Eldar y Jiaying Zhao. “Poverty Impedes Cognitive Function”, Óp. Cit., pp. 979.

[18] Mani, Anandi, Mullainathan, Sendhil, Shafir, Eldar y Jiaying Zhao. “Poverty Impedes Cognitive Function”, Óp. Cit., pp. 979.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here