El martes pasado, la Comisión de Justicia y Derechos Humanos archivó el predictamen del proyecto de Unión Civil no matrimonial entre personas del mismo sexo. Si bien la decisión será sometida a reconsideración la próxima semana, es muy probable que la mayoría de parlamentarios impulse en su lugar la Unión Solidaria. Esto ha generado debate en la opinión pública, la cual discute los beneficios y perjuicios de ambas figuras. No obstante, pareciera ser que hemos olvidado discutir una tercera alternativa: el matrimonio civil y la unión de hecho para todos. Por ello, en el presente editorial se analizará por qué la Unión Civil y la Unión Solidaria no satisfacen la búsqueda de la igualdad y dignidad de las personas, en referencia a su orientación sexual y vida en pareja.

En primer lugar, cabe analizar la figura de la Unión Solidaria. Este Proyecto de Ley fue presentado por la congresista Martha Chávez, del grupo parlamentario “Fuerza Popular”, el 14 de marzo del 2014. A resumidas cuentas, la medida establece la creación de la “Sociedad Solidaria”, la cual permitiría el acuerdo entre dos personas que hacen vida en común y originaría derechos patrimoniales. Este régimen crearía derechos y deberes similares a la copropiedad, permitiría derechos sucesorios y pensionarios entre sus integrantes, pero no alteraría el estado civil ni la relación de parentesco de quienes la conforman. Ahora bien, ¿por qué esta medida resulta insuficiente para la comunidad LGTBI? Porque este tipo de sociedad es, en verdad, un contrato entre partes. La vida en pareja no es regulada, no se define ningún estado civil, y no posee todos los derechos y deberes presentes en el matrimonio o en la unión de hecho.

matri igualitario

Por su lado, tenemos al proyecto de la Unión Civil. Este fue presentado por el congresista Carlos Bruce, del grupo parlamentario “Concertación Parlamentaria”, el 12 de setiembre de 2013. Esta medida crearía la institución Unión Civil no matrimonial -distinta al matrimonio y a la unión de hecho-, cuyos integrantes se denominarían compañeros civiles y se registrarán en un libro específico del Registro Civil. Asimismo, este régimen establece casi los mismos deberes, derechos, impedimentos, formas de disolución y causales de nulidad que un matrimonio o una unión de hecho. Entonces, ¿por qué consideramos que es una medida incompleta? Porque lo que se está haciendo es crear una nueva institución específica para parejas homosexuales, concediéndoles un estado civil distinto al matrimonio y a la unión de hecho. Es decir, no se está reconociendo a este tipo de familias como iguales a aquellas conformadas por personas heterosexuales.

Es por este motivo que esta casa editorial se pronuncia en favor del Matrimonio Civil y la Unión de Hecho para todos. Consideramos que todas las personas deben gozar de los mismos derechos civiles y la misma protección bajo la ley. El hecho de que las parejas homosexuales no puedan acceder a las mencionadas instituciones – a pesar de tener los mismos deberes y derechos que cualquier otro ciudadano- es discriminatorio. Nuestra Carta Magna establece en el artículo 2°, inciso 2 que “nadie debe ser discriminado por motivo de origen, raza, sexo, idioma, religión, opinión, condición o de cualquier otra índole”. En esto último se incluye la orientación sexual al ser inherente a la persona. Por ende, las parejas homosexuales merecen los mismos derechos y deberes que las parejas heterosexuales, en aras de la igualdad que establece todo Estado de Derecho como el nuestro.

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Reconocemos que habrán personas que indiquen que la Unión Civil o la Unión Solidaria son figuras que se deben de crear puesto que la mayor parte de la sociedad peruana rechazaría que se les permita a las parejas homosexuales acceder al Matrimonio Civil o a la Unión de Hecho; pero tal y como afirmó Lucía Corpacci, representante del oficialismo durante el debate por el matrimonio igualitario en Argentina, “eso es sólo dar un poco y no sirve para igualar. No hay que hacer tanta polémica, no estamos quitándole derechos a nadie sino dándoselos a los que no los tienen”. Reconocemos, también, que es muy poco probable que este Congreso -retrógrado y conservador por decir poco- apruebe la medida que proponemos. ¿Qué nos queda a los peruanos que sí creemos en la verdadera igualdad de derechos? Salir a las calles, informar a quien desconoce y exigir lo que corresponde hasta que se cumpla. Solo entonces podremos decir que la igualdad ha ganado esta batalla.

1 COMENTARIO

  1. Aburre bastante que nos la pasemos insultándonos porque otros no piensan como nosotros. Que nuestros congresistas no piensen como tú no los hacen retrógrados.

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