Foto: Estudio Miranda & Amado 

Como parte de “Nuestras Firmas”, Enfoque Derecho entrevista a Enrique Felices, ex miembro de THEMIS, Presidente de la Alianza Pro Bono Perú, Socio de Miranda & Amado Abogados, y coordinador de la comisión Arte & Derecho de la Facultad de Derecho de la PUCP.

ED: ¿Cuáles eran sus expectativas de la Asociación?

EF: En realidad eran de las más variadas, porque si bien tenía una idea de lo que se hacía en Themis, no tenía del todo claro a qué me iba a dedicar dentro de la Asociación. Tanto es así que cuando me entrevisté para ingresar a la revista, me ofrecí para hacer lo que quisieran, que terminó siendo trabajar en lo que entonces era la Comisión de Imprenta. No era el trabajo más buscado por los nuevos miembros ni el más seductor, pero fue el que acogí de inmediato.

Luego transité por varias comisiones y cada una me dio una experiencia enriquecedora que al final se tradujo en este recuerdo maravilloso de Themis como un lugar donde pasé los mejores años. Lo que puedo decir entonces, es que Themis despertó muchas inquietudes en mí, y que la experiencia que tuve como miembro de la revista fue increíblemente enriquecedora y a la altura de todas las expectativas que se me fueron generando.

ED:  ¿Cuál considera que fue el proyecto más importante del cual participó dentro de Themis?

EF: Probablemente, la preparación de la edición número 25 de la revista, que fue una edición de aniversario y que a su vez estuvo acompañada de un homenaje al Doctor Manuel de la Puente. Fue la primera vez que se hacía un homenaje de ese tipo. Se trató de una ocasión muy especial para mí por la preparación de ese número. En términos personales, fue particularmente desafiante porque su preparación coincidió con un viaje que pude hacer para visitar algunas universidades americanas, para conocer a muchos profesores y convencerlos de que nos proporcionaran artículos que podamos presentar en esa edición de la revista. Todo eso hizo que fuera una experiencia singular que recuerdo hasta el día de hoy, incluyendo una gran celebración y una fiesta que tuvimos que contó con gran parte de la Facultad para conmemorar esa ocasión.

ED: ¿Qué reflexión haría de la Asociación por los 50 años de su primera publicación?

EF: Es un mérito increíble el que una organización fundada por estudiantes de Derecho y que se dedica no solo a la edición de una revista, sino a una serie de actividades que acompaña esa revista, y que es financiada, editada y preparada por estudiantes de Derecho, se mantenga vigente hasta el día de hoy. Yo intuyo que Themis debe ser la organización estudiantil que publica la revista más antigua o una de las más antiguas de América Latina, y que a diferencia de lo que sucede en otros lugares, particularmente en el mundo anglosajón, si bien recibe un gran apoyo de la Facultad, es mantenida, perpetuada e impulsada principalmente por medio del esfuerzo y del cariño de los miembros que se van sucediendo a lo largo de los semestres en ella, y creo que la han hecho una institución perdurable.

ED: Usted ha ganado el premio Líder Pro Bono del Año hace un par de años. ¿Por qué considera que es importante crear una cultura “pro bono” en el Perú?

EF: Como abogados, tenemos la posibilidad de dedicarnos a una profesión no solo estimulante, sino sumamente gratificante que nos permite estar de lado de personas que requieren asesoría legal. La mayor parte de las veces se trata de personas o instituciones que están en capacidad de pagar por esos servicios, pero particularmente en nuestro país, hay un número enorme de demandas de asistencia legal que permanecen desatendidas o insatisfechas. Me parece que nos corresponde a los abogados como profesionales dedicar un tiempo de nuestro ejercicio profesional a atender a esas personas u organizaciones que lo necesitan.

Crear una cultura Pro Bono es asegurarnos de que en el futuro esos esfuerzos no estén vinculados con la iniciativa individual de una o más personas. De la misma manera como Themis es una institución que puede mirar hacia atrás y reconocerse en la tradición que ha creado, si logramos crear una cultura Pro Bono; las futuras generaciones podrán mirar hacia atrás y darse cuenta de que esa dedicación en favor de estas causas ya no es el resultado espontáneo de un interés por ayudar a una persona; sino más bien que se ha enraizado en nuestro deber como abogados, en cómo nos vemos en el ejercicio de la profesión legal.

ED: En varias ocasiones ha afirmado que su verdadera pasión es la Literatura y el Arte. ¿Cómo logra cultivar dicha pasión?

EF: Yo creo que todos los que vivimos del Derecho o nos sentimos gratificados por la experiencia de la prestación de servicios jurídicos, no vemos como excluyentes el tener otras aficiones o intereses, y en algunos casos aficiones que puedan ser apasionantes para uno. En mi caso, sin duda, la Literatura lo es: es una parte importante de mi vida que complementa mi realización personal y no la veo para nada incompatible con el ejercicio profesional del Derecho, más allá de que el ejercicio dentro de una firma de abogados es bastante demandante. A mí me enriquece, me satisface, me estimula, me permite descubrir cosas en mí y en el medio en el que vivo. Se trata de viajar a través de los libros, de las historias y de las ficciones que uno lee, y proyectar en ellas también las inquietudes y muchos de los objetivos que uno se traza en la vida.

ED: ¿Cómo logramos compatibilizar el Derecho con otras pasiones?

EF: Yo creo que ese es un verdadero desafío, respecto del cual muchas veces perdemos la perspectiva. Conforme pasan los años, es muy fácil avocarse cada vez más al ejercicio profesional y dejar de lado aquellas cosas que a uno le apasionan o interesan. Esto no es inusual ni tan extraño porque con el transcurso del tiempo hay una serie de demandas tanto profesionales como familiares que ocupan el tiempo de cada uno. No obstante, creo que debemos guardar un espacio para aquellas cosas que en su momento nos apasionaron. En mi caso puede ser la literatura, pero puede ser realmente casi cualquier cosa que estimule la imaginación, la creatividad y la pasión. Ello no solo redunda en beneficio de uno mismo sino en la manera en cómo ejerce la profesión.

Yo no creo que sea incompatible pero creo que así como es necesario enraizar en nosotros la creación de una cultura Pro Bono, también en este caso es importante recordarnos con frecuencia que uno puede tener muchos intereses y no por ello disipar la atención que uno le debe a sus clientes como abogado, y que uno se debe desarrollar como ser humano también en el ámbito de su vida privada. Creo que es un deber con uno mismo el poder dedicarse un tiempo a cultivar aquellos intereses que a fin de cuenta definen quién es uno.

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