Como parte de nuestra Semana del 28, desde Enfoque Derecho entrevistamos a Carlos Meléndez, politólogo y columnista del diario El Comercio, para que nos brinde su análisis sobre el discurso presidencial.

ED: En este discurso no hubo anuncios importantes, podría llamársele más una rendición de cuentas de lo avanzado en estos últimos 4 años. ¿Qué opinión sobre esta situación? ¿Qué temas brillaron por su ausencia en el discurso presidencial?

CM: Bueno, ni siquiera ha sido una rendición de cuentas. Ha sido una enumeración de resultados de proyectos. En otras palabras, una lista de proyectos hacia beneficiarios, hacia pobladores, y no un discurso hacia ciudadanos. Lo que se dijo fue: yo tengo programas sociales, cumplo, y estos son mis beneficiarios. Pero no se está hablando de los problemas relevantes del país, que tienen que ver con dos grandes vacíos: la conflictividad social y la institucionalidad política.

Uno se puede beneficiar como si fuera el cliente de una maquinaria electoral o una maquinaria política, pero no estás construyendo ciudadanía. No se está enfocando en la reforma política que necesita el país. No se ha mencionado para nada la descentralización, no se ha desarrollado nada de fortalecimiento de la democracia respecto a las minorías. En fin, no ha sido un discurso dirigido al fortalecimiento de la ciudadanía.

ED: Se ha criticado bastante la estructura y forma de comunicación del Presidente durante los mensajes públicos. Se colocan cifras y avances en distintas carteras, pero  se mantiene una ausencia en responder a los grandes cuestionamientos de la ciudadanía y falta de autocrítica. ¿Le parece que este discurso ha caído en lo mismo, o podemos encontrar alguna mejora? ¿Resulta necesario que se mejore el manejo del mensaje a la nación, o es una misión imposible dado los temas sensibles y complejidad de los asuntos debido a la crisis por las que ha pasado el gobierno?

CM: Ha sido el peor de los cuatro discursos. Una cuestión fundamental es que este era su último discurso. Él tiene que empezar la interpretación histórica de su gobierno. Tiene que empezar a vender cómo va a pasar a la historia su gobierno. Se trataba de la última vez que tendría la posibilidad de dirigirse a la Nación, y de decir no solamente sus logros, sino las dificultades que encontró.

El problema de Ollanta Humala, no es la oratoria, su problema es el tipo de proyecto de país que tiene en la cabeza. Está muy ensimismado en pelearse con los fujimoristas y los apristas, y no de construir un proyecto de país propio. Asimismo, creo que este mensaje es muy importante para dar cuenta del desbalance que existe entre algunos ministerios con respecto a otros. Muy bien en educación, muy bien en transportes, muy bien en salud; y muy mal en todo lo demás. Lo de educación fue excepcional, fue lo mejor en términos de comunicación política en un mensaje presidencial, porque tenía los rostros de la reforma educativa en el Congreso. El resultado de las políticas estaba en carne y hueso en los balcones. Pero, ¿cuál es el rostro de la inseguridad?, ¿cuál es el rostro de la informalidad?, ¿cuál es el rostro de la conflictividad social? En seguridad me sorprendí para bien, porque no hay resultados, pero hay proyectos. Pero bueno, ¿un año es suficiente para visibilizar esos proyectos?

ED: Durante el discurso se hizo mucho énfasis en las políticas educativas y de inclusión social. Al parecer, han sido el mayor avance realizado en este gobierno mediante proyectos como Juntos, Pensión 65, Beca 18, Qali Warma, entre otros. ¿Qué se puede hacer en este último año para consolidar estos programas y capitalizar estas experiencias?

CM: El próximo año el nacionalismo va a ser un actor electoral, aparentemente, distinto a lo que ocurrió con Perú Posible y el APRA. Eso hace que sea un poco difícil vender su legado, porque la oposición puede interpretarlo como hacer campaña para las próximas elecciones. Esa es la parte desafiante, pero tienen que hacerla. Los ministerios en donde ya se ha avanzado, deben mostrar sus logros. Por suerte, son ministros técnicos, y se puede utilizar esta independencia técnica para poder transmitir, sin matices políticos, las cosas positivas que se han hecho.

ED: El discurso ha estado cargado de referencias a creación de programas, cifras y a enfatizar los logros, abordando brevemente temas de importancia y que son reclamados por grandes sectores de la sociedad civil como la seguridad ciudadana, corrupción y la reactivación de la economía. ¿A qué se debe esta ausencia? ¿Hay una falta de capacidad del gobierno para responder frente a estos temas o no son parte de las prioridades de la actual gestión?

CM: Hay que partir de la premisa que es muy difícil satisfacer a todo el mundo en un discurso presidencial, eso hay que que tenerlo claro. No obstante, tampoco no puedes caer en una lista de lavandería. Es decir, un discurso donde sobran los números y hay una ausencia de mención a sectores.

En pleno siglo XXI no podemos seguir teniendo discursos presidenciales de puro número. Esa era la política del siglo pasado y actualmente ya no vende ni tiene llegada. Se tiene que demostrar un equipo presidencial con vocación e iniciativa en áreas políticas, y eso faltó en este discurso. Resultaba necesario que se muestre preocupación por determinas áreas y sectores.

El gobierno no es ajeno ni desconoce los problemas que se puede venir. Tienen claro que la reactivación de la economía es importante o las consecuencias que podría tener un posible fenómeno del niño. Sin embargo, el problema es que no tiene señales o guías para mandar un mensaje sustantivo sobre estos temas.

ED: En el discurso se mencionó que existía voluntad política para combatir la corrupción desde el gobierno mediante el fortalecimiento de las procuradurías y planes sobre la materia. No obstante, la realidad es que hasta el momento no ha habido ningún destape importante acerca de esta materia. ¿Es este un reto pendiente para el gobierno? ¿Qué tan complicado es para el presidente hablar de corrupción cuando su esposa se encuentra actualmente investigada por el delito de lavado de activos?

CM: Es necesario que el gobierno demuestre que puede dar gestos y avances importantes en materia de lucha contra la corrupción. Lo que usualmente sucede en nuestro país es que al final del cada gobierno, el siguiente mandato comienza a investigar los actos de corrupción que hubo durante la gestión anterior. Es necesario cortar esta cadena.

Si bien es imposible que no existan casos de corrupción, pues lamentablemente la política es así, se podría marcar la diferencia si este último año el gobierno comienza identificar y sancionar los casos de corrupción que ocurrieron durante su gestión. Ya existen presunciones sobre cuanto los niveles de corrupción en el Palacio de Gobierno y, justamente, la mejor manera de zanjar con estos indicios es tener una vocación para combatir el tema y encontrar culpables dentro de sus propias filas. Ese sería un gran gesto que marque la diferencia con respecto al desprestigio de la política en general frente a temas de corrupción y claramente haría una diferencia con respecto a Alejandro Toledo o Alan García, que claramente tienen más pasivos en el tema.

ED: En materia de seguridad ciudadana, se comunicó que se ha incorporado el delito de sicariato en el Código Penal y que habrá cadena perpetua para quien contrate a un sicario que sea menor de edad. ¿Cree que estas medidas cambiarán la percepción de que el gobierno no está tomando medidas drásticas respecto de la delincuencia?

CM: Considero que es una de las mejores medidas que se han hecho en materia de lucha contra la inseguridad. No obstante, nuevamente, son medidas aisladas. No percibo que exista un plan más articulado o sistemático sobre qué hacer en materia de seguridad ciudadana. A diferencia de sectores como educación, transportes o comunicaciones, en este rubro uno no encuentra planes ni políticas sistemáticas.

ED: No hubo anuncios sobre el aumento del sueldo mínimo. ¿En qué medida esta expectativa generada podría afectar la ya dañada imagen del Ejecutivo?

CM: Hay que también cuidarse de no caer en el populismo. El aumento del sueldo mínimo es importante en temas de apoyo popular, pero también contribuye a la informalidad. Una medida de esta naturaleza no favorece a las MYPES porque así estaría cayendo mucha más gente en la informalidad.

Por otro lado, otra vez hay un mal manejo del tema. Se generó la expectativa del aumento del sueldo mínimo y al final no se explicaron las razones por las cuáles no se procedió como se esperaba. El Presidente no puede dejar sus acciones u omisiones en el término de la especulación. ¿No lo hizo porque no le interesa? ¿tiene pensado subir el sueldo mínimo en los próximos años? ¿o porque quiere prevenir el crecimiento de la informalidad? Dejar estas preguntas sueltas termina generando dudas y no marca seguridad en sus acciones.

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