Por Rodrigo Vega, estudiante de la Facultad de Derecho de la PUCP y miembro del Consejo Editorial de Enfoque Derecho.

En los últimos días, se ha comentado mucho la posibilidad de aumentar el sueldo mínimo en dos tramos de s/.75. En efecto, se rumoreó que este era uno de los temas que el presidente Humala iba a mencionar en su mensaje a la nación[1], pero que finalmente se dio marcha atrás. No obstante, de acuerdo a ciertas declaraciones de algunos ministros –pese a que algunos han señalado que el momento no es propicio – y del mismo Presidente, el tema aún está en discusión y evaluación. En caso no se llegue a un acuerdo en el Consejo Nacional del Trabajo[2], será el Jefe de Gobierno quien tome la decisión de adoptar o no la medida. En ese sentido, se han alzado numerosas voces discutiendo si realmente es oportuno y viable incrementar el sueldo mínimo dado el contexto actual.

Quizá el argumento principal que se utiliza para elevar el sueldo mínimo es que este generaría un incremento en el consumo privado que llevaría a la reactivación de la economía. Se afirma, pues, que dicha medida aumentará la cantidad de dinero en los bolsillos de las personas, lo que acabará incrementando la demanda agregada interna en un contexto de desaceleración económica. Así, se daría una inyección de dinero que dinamizaría el mercado interno. A su vez, estas voces afirman que esta medida se encontraría justificada, debido al incremento de la productividad laboral y el desfase entre el sueldo mínimo actual y la canasta básica.

A mi parecer, el otro lado de la moneda suena más sensato. Primero hay que tener claro que, debido al mínimo porcentaje de la población económicamente activa (PEA) que recibe el sueldo mínimo, dicho aumento tendría efectos menores. En cambio, como bien se sabe, un incremento en el sueldo mínimo implica generar mayores costos de contratación, lo cual intensificaría la persistente rigidez laboral. Es decir, un pequeño porcentaje de la PEA se beneficiaría –los que actualmente perciben el sueldo mínimo- a costa de una mayor brecha para contratar a muchísimos otros. Esto se ve agravado en el contexto de desaceleración económica, en la cual se estima un crecimiento de apenas 2.5%. Con respecto a este punto, cabe recalcar que si bien el último aumento de sueldo mínimo no tuvo mayor incidencia en la informalidad, en ese entonces nos encontrábamos en una etapa de crecimiento que permitió costearlo. Por ello, fijar una cifra de salario mínimo sin atender a estos asuntos puede ser peligroso y dar como resultado mayor informalidad y desempleo.

Como mencionan los promotores del incremento del sueldo mínimo, sí es cierto que ha habido un aumento de la productividad. No obstante, de acuerdo a Semana Económica, si bien entre el 2003 y el 2010 la productividad incrementó en promedio 4.1% anualmente y el sueldo mínimo se elevó en un 3.4%, las cifras se han revertido en los últimos años. Luego del último incremento del sueldo mínimo en el 2012, se ve que este incrementó en un promedio anual de 5.4% mientras que el crecimiento de la productividad se redujo a 3.2%, a causa de la desaceleración económica. Esto se ve respaldado con el hecho de que a nivel internacional, el Perú tiene un nivel de productividad promedio por debajo de los países de la Alianza del Pacífico y una proporción de sueldo mínimo a sueldo promedio por encima de todos los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. Con lo cual, no es justificable invocar el aumento de la productividad.

A su vez, es clave tener en cuenta que la productividad varía muchísimo de acuerdo al sector y al tamaño de empresa. Al respecto, el economista César Peñaranda advierte que aquellos sectores de baja productividad –agropecuario, pesca, construcción, etc. – serían los afectados por un incremento en la remuneración mínima debido a que no se está analizando la productividad del sector individualmente. Además, José Carlos Saavedra, jefe de análisis macroeconómico de APOYO Consultoría, hace énfasis en que son las micro y pequeñas empresas las que principalmente deben lidiar con bajos niveles de productividad. Por eso, el dejar de lado estas diferenciaciones es una condena a la informalidad y el desempleo para estas empresas debido a un sobrecosto insostenible.

En base a esto, APOYO Consultoría viene proponiendo la medida del salario diferenciado. Se trata de una iniciativa que busca atender a este divorcio que existe entre el sueldo mínimo actual y la realidad de las micro y pequeñas empresas. La consultora propone que el sueldo mínimo distinga entre las empresas previamente mencionadas y las empresas medianas y grandes, en alusión a los distintos niveles de productividad. Luego, sugieren que el incremento del sueldo mínimo se implemente únicamente cuando este sea menor al 50% del sueldo promedio de cada ámbito.

Si bien algunos podrán afirmar que se trataría de una “discriminación”; tal como afirman César Puntriano y Jorge Toyama, socio de PricewaterhouseCoopers y socio laboralista del Estudio Miranda y Amado respectivamente, sería incorrecto emplear este término dado que existen razones objetivas para justificar dicho tratamiento diferenciado. Así, si atendemos a la situación de la microempresa, vemos que los trabajadores, además de ser menos productivos que una mediana empresa, son mayormente informales y suelen ganar menos de s/.700.

Otro punto que debemos recordar es que a fines del año pasado se promulgó la fallida “ley pulpín”, la cual buscaba flexibilizar y reducir el costo de contratación del mercado laboral juvenil. Ahora, se vocea la posibilidad de un aumento al sueldo mínimo, lo cual, como se ha mencionado, incrementa los costos de contratación. Tal como afirma el economista Juan Mendoza, esto resulta en una confusión de las expectativas de los empleadores, pues no refleja una política laboral clara a nivel de gobierno.

Entonces, ¿toca incrementar el sueldo mínimo? No, en el contexto desacelerado actual, eso llevaría a una serie de percances negativos atendiendo más a criterios populistas que técnicos. Lo que toca es evaluar propuestas innovadoras que verdaderamente atiendan a los diferentes niveles de productividad de acuerdo al tamaño de empresa, a fin de reducir la informalidad laboral y el desempleo. De lo contrario, seguiremos dando vueltas en círculos y empeorando las cosas.


[1] Cabe recalcar que en el actual gobierno se ha dado un incremento de s/.150 en el sueldo mínimo, lo cual constituye el mayor aumento que se ha dado en los últimos 20 años. En los dos últimos gobiernos el aumento fue de s/.100 y s/90.

[2] Por ejemplo, los gremios de trabajadores han propuesto anteriormente un incremento de s/.105. Por su parte, luego de su evaluación técnica, los empleadores afirman que el momento no es propicio.

 

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