Por Roger Yon Ruesta, abogado por la PUCP y socio del Estudio Roger Yon & SMB.

Me parece sugestivo este dicho popular para graficar la actual situación de los miembros del  Consejo Nacional de la Magistratura (CNM). Y es que, de acuerdo al artículo 154 de la Constitución, esta institución es la encargada de nombrar, ratificar y sancionar a los jueces y fiscales de todas las instancias. Pues bien, estos miembros del CNM han desaprobado el examen de legitimación: el pleno, con el voto en contra de su presidente, ratificó como miembro de dicha institución al concejero Alfredo Quispe Pariona. Quispe había sido duramente cuestionado al vinculársele con actos de corrupción en un centro de estudios. Esta ratificación –con estos antecedentes-  trajo consigo la renuncia de su presidente, Pablo Talavera y fue recién con ella y con la protesta de los medios de prensa e instituciones civiles, que dieron marcha atrás y destituyeron a Quispe Pariona.

Queda clara y justificada la desconfianza de la ciudadanía respecto de si los miembros que quedan del CNM puedan llevar a cabo su función, si no han podido lidiar con la elección de uno de sus colegas. No se trata, como se ha escuchado decir a un ex procurador, que un sólo hecho como este sea insuficiente para destituir a todos los demás. ¿Cuántas más elecciones, ratificaciones o falta de sanción -abiertamente erradas- se necesitan para desaprobar una gestión la cual han demostrado no estar en capacidad de afrontar?. La fortaleza de una institución depende de cada actuación, no se mide por decenas o por kilos. Esperar a que se de una pluralidad de estas decisiones sería suicida, máxime si repercuten en otras instituciones, como son el tan criticado poder judicial y la fiscalía. De ahí que es necesario detener, de inmediato, lo que nació mal.

La respuesta, también prevista en la Constitución (artículo 157), permite que dos tercios del número legal de congresistas puedan remover de sus cargos a los miembros de CNM. Esta remoción permitiría que las instituciones pertinentes recompongan, mediante una nueva y mejor selección, el pleno del CNM.

Esta esperada respuesta puede quedar en mera ilusión si no se alcanza los dos tercios de congresistas que decidan la remoción señalada. El actual congreso tiene, una vez más, la oportunidad de cambiar el dicho “otorongo no come otorongo” y, ad portas de una elección, lavarse la cara. ¿Estarán a la altura de decidir optar por una institución cuyos miembros estén capacitados y legitimados para elegir jueces y fiscales probos y calificados? ¿Usted qué opina? ¡Su opinión sí recontra importa!

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