El pasado domingo, se cumplieron 17 años desde la primera victoria que celebró Hugo Chávez en la República Bolivariana de Venezuela. Con la pena de algunos y alegría de otros, esta fecha no se llevó de manera habitual. Y es que, tras la celebración de los comicios parlamentarios, por primera vez desde aquel entonces, la oposición venezolana obtuvo 112 diputados, mientras que el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) obtuvo solamente 51. Ante este resultado, el actual presidente venezolano, Nicolás Maduro, no tardó en responder, declarando una guerra institucional a la Asamblea Nacional, aludiendo que “a cada medida que tome la Asamblea le tendremos una reacción, constitucional, revolucionaria y, sobre todo, socialista.” Es en mérito al presente panorama que el siguiente editorial analizará las implicancias que tiene la victoria de la oposición y su importancia para el sistema democrático venezolano.

Es menester mencionar que la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), como oposición, está conformada por cuatro grandes partidos y otros grupos pequeños. En efecto, la MUD es el segundo intento de unir a la oposición después del fracaso de la Coordinadora Democrática, el primer esfuerzo por unificar a los adversarios del gobierno de Hugo Chávez tras el fracaso del paro empresarial entre diciembre de 2002 y febrero de 2003.

Con 112 diputados, la diferencia es crucial para la MUD, en tanto esta ahora supera la mayoría de dos tercios en la Asamblea Nacional. De esta manera, puede aprobar leyes que habiliten al Poder Ejecutivo a legislar sobre ciertas materias, y a su vez, se le permitirá regular materias económicas y de seguridad nacional. También podría emitir votos de censura contra los integrantes del Gabinete Ministerial y el Vicepresidente Ejecutivo de la República, así como designar o destituir a las autoridades de instituciones como el Tribunal Supremo de Justicia o el Consejo Nacional Electoral. Además, podrá promover referendos, reformas constitucionales y la formación de asambleas constituyentes. Paralelamente a estas facultades, la oposición en el parlamento será también capaz aprobar amnistías y fiscalizar el manejo económico del ejecutivo y la política exterior.

Como podemos advertir, el impacto que importa la obtención de una u otra cifra es considerable. La amplitud de facultades que ostenta hoy la Mesa de Unidad Democrática, coadyuva, sin duda alguna, al objetivo de la creación de la misma, que no es otra cosa que la necesidad de conciliar los intereses contrapuestos de una nación que, dadas sus diferencias políticas, hoy vive un panorama poco afable.

Desde esta casa editorial saludamos la victoria obtenida por la oposición venezolana en los últimos comicios parlamentarios. Sin duda alguna, esto representa una nueva esperanza para una nación aún insípida en el ejercicio de la democracia, y la cual se ha visto resquebrajada por la imposición de un sistema socialista al cual buena parte de sus ciudadanos no se adscriben y que día a día sufren las consecuencia de las limitaciones impuestas por dicho régimen. Si bien a Venezuela aún le espera una apuesta por la crisis institucional y la confrontación, confiamos en que esta nueva etapa importe grandes avances en aras de contrarrestar este continuo deterioro de su democracia.

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