Entrevista a: Salomón Lerner Febres, abogado por la PUCP, doctor en Filosofía por la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica. Actualmente se desempeña como Presidente Ejecutivo del Instituto de Democracia y Derechos Humanos (IDEHPUCP) y profesor principal de la Especialidad de Filosofía en el departamento de Humanidades de la PUCP.

Como parte de la Semana de la Memoria, entrevistamos a Salomón Lerner Febres sobre la labor de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, la misma que presidió, y la justicia transicional en nuestro país, luego del conflicto armado interno desarrollado entre los años 1980 y 2000.

ED: ¿Cuál es la importancia de la justicia transicional en países que han sufrido un conflicto armado interno?

SLF: La importancia de la justicia transicional radica en esta necesaria etapa en donde se debe efectuar modificaciones, tanto en lo que toca a políticas cuanto a lo que toca a experiencias cívicas, dentro de una nación. La sociedad no cambia de la noche a la mañana, tampoco pueden hacerlo las políticas de estado, sino que requieren de un momento de reflexión, de reconocer las fallas que han podido ocurrir, tomar conciencia de ellas y plantear soluciones que no se pueden improvisar de la noche a la mañana. En ese sentido, la justicia transicional es el paso necesario entre dictaduras o autocracias y regímenes que quieren ser democráticos. No se trata propiamente de un aprendizaje pero sí del necesario espacio para el desmantelamiento de instituciones y prácticas que han sido atentatorias contra la democracia y la constitución de nuevas instituciones, de un nuevo espíritu; y que todo ello sea asumido, comprendido y aceptado por la población.

Aquí, nosotros, en el Perú, tenemos un ejemplo muy ilustrativo el que se expresa en los 8 meses de gobierno del Dr. Valentín Paniagua. Ello representó esa necesaria mediación entre un gobierno autocrático, como aquel de Alberto Fujimori, en donde aparentemente había democracia pero era una dictadura disfraza de democracia, y las elecciones que llevaron a que fuera elegido el presidente Toledo; quien terminó de consolidar, y culminar su tarea, lo que Valentín Paniagua había comenzado. Ese es un referente importante en un país en donde no solo tuvimos un gobierno autocrático sino también un pasado que tenía que ser conocido, entendido, asimilado por parte de la sociedad peruana. Aquel pasado que nos habla de 20 años de violencia con movimientos terroristas subversivos, como Sendero Luminoso y el MRTA, y el combate que se hizo por parte del Estado y la sociedad a estos movimientos en el cual, en fin, nos liberó de ellos pero también tuvo sus momentos monstruosos.

ED: ¿Cuáles considera que fueron los principales logros de la CVR y cuáles sus limitaciones?

SLF: Bueno, los logros de la CVR, de algún modo, están planteados con el fin de alcanzar en la constitución misma de este organismo, porque, en efecto, el decreto supremo que la crea le impone como tarea no solo esclarecer hechos de violencia ocurridos en los veinte años entre 1980 y 2000 sino que le exigía a la CVR una tarea muy grande, pero creo que fue cumplida, la de averiguar por qué es que en el Perú sucedió lo que ocurrió en esos momentos. No solo eso, se le pedía a la CVR que planteara reparaciones a las víctimas inocentes de la violencia y también reformas constitucionales de modo que el Estado peruano pudiera enmendar rumbos y hacer los ajustes necesarios que nos condujeran a una vida más armoniosa, pacífica y reconciliada en el que no fuera posible vivir la tragedia de nuevo.

En ese sentido, esas metas que tenía que cumplir la CVR, y que en efecto las cumplió, constituyen, a mi juicio, lo que le da valor al trabajo de esta comisión. Evidentemente, es un trabajo perfectible, un trabajo que tiene que ser revisado, un trabajo que deja tareas al Estado peruano: deja tareas en lo que toca a como así compensar a aquellos que sufrieron, reparaciones tanto económicas cuanto morales, y deja tareas también en lo que toca a cambiar políticas de estado, enfrentar de otro modo la educación, la salud, la formación de los operadores de justicia, la formación de nuestras Fuerzas Armadas. En ese sentido, hay una especie de diagnóstico del país, una especie de recomendaciones que lleven a superar los efectos, fuera de haber tratado de hallar el fondo mismo de verdad que tiene la violencia que se desató en el Perú, especialmente en el interior del Perú, a partir de los años ochenta hasta el 2000. 

ED: ¿Considera que el Perú es un país reconciliado? Si no es así, ¿qué medidas debería tomar el estado para serlo?

SLF: Yo fui presidente de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, la palabra reconciliación la añadió el presidente Toledo cuando ratificó a la Comisión de la Verdad que había creado el gobierno transitorio del Dr. Valentín Paniagua y, a decir verdad, menudo regalo que le hizo Toledo a la comisión al añadir la palabra reconciliación. Una palabra muy grande, muy problemática y creo que sobre ella lo que dice la comisión, voy a resumir someramente, es que no puede entenderse la reconciliación simplemente como un hecho por el cual gente que antes estaba en armonía se distanció y ahora vuelve a estar en armonía, porque en nuestro país sucede que no es a partir del conflicto armado interno que hay una división de los peruanos, sino que esta división viene desde atrás. Nosotros nunca hemos estado plenamente conciliados. Por tanto, la reconciliación debería entenderse más bien como una marcha permanente, como un horizonte que no se alcanza nunca pero tras el cual hay que marchar de modo infatigable para que los peruanos nos tratemos mejor y esto implica un buen contrato del estado para con los ciudadanos y de los ciudadanos entre ellos.

En su informe final la Comisión de la Verdad señala que la reconciliación es una refundación del pacto social, es decir, es este nuevo modo de ser a través del cual luchamos contra la marginación, contra la discriminación, luchamos por la igualdad de oportunidades, luchamos porque todos sean ciudadanos plenos y no solo en la letra, en la ley. Esto implica que teniendo derechos podamos efectivamente ejercerlos: que la educación llegue para todos los peruanos, que la salud llegue para todos los peruanos, que tengamos la igualdad de oportunidades para crecer, unos crecerán más, otros menos, eso ya depende del esfuerzo y voluntad de cada cual pero en el punto de partida debemos estar todos en un nivel de igualdad esencial.

La reconciliación, creo yo, consiste en eso, en saberme igual al otro y reconocer que el otro como yo tenemos como facultad principal la de ser felices, ser iguales en la diferencia, creo que esa es la reconciliación. Eso no se logra en un año, ni en cinco, ni en diez, eso se va conquistando poco a poco y creo que no hay país en el mundo que pueda hablar de una reconciliación total o de una sociedad plenamente armónica. Esa puede ser una meta inalcanzable pero no por ello debemos dejar de perseguirla.

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