Por Julissa Mantilla Falcón, abogada por la PUCP, Docente de la Academia de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario del Washington School of Law de American University.

Esta semana la noticia que ocupó todos los medios fue la captura y posterior suicidio de Luis Vásquez Da Silva, el profesor denunciado por las alumnas y alumnos del centro educativo No. 112 de Cajabamba, en Cajamarca, por haber abusado de ellos durante varios años. Según la información periodística, Vásquez había abusado de más de 15 niñas, quienes fueron sometidas a golpes, violaciones sexuales, amenazas y manoseos durante los últimos años. Pero hay un detalle, tan horrendo como simbólico, en esta historia: todos los abusos ocurrieron en el salón de clases, durante el recreo y a pocos metros de la oficina del Director. ¿Cómo pudo suceder esto sin que el Director supiera? ¿Cómo ese maestro se sentía tan seguro de que no le pasaría nada que ni siquiera temía ser descubierto?

Hace unas semanas, un trabajador de limpieza en un colegio en Mirones Alto en Lima fue detenido cuando se descubrió que grababa las partes íntimas de las estudiantes con un celular que adhería al recogedor de basura. Cuando los padres se enteraron denunciaron que el Director sabía de los hechos con anterioridad pero solo había cambiado de horario al sujeto, en vez de despedirlo y denunciar los hechos ante la policía.

A fines del año pasado, en Chincha, se descubrió el caso de un conserje de escuela, al que se le encontraron videos de abuso sexual contra al menos 10 niños, todos ellos alumnos del colegio y a quienes regalaba celulares y dulces para que accedieran a los abusos.

Comprobamos, entonces, que los casos de violencia sexual abundan en el Perú y ante ellos las reacciones se centran en pedir mayores penas para los agresores –incluida la pena de muerte- sin entender que el tema es más complejo y que requiere una respuesta integral.

En primer lugar, es importante comprender que la violencia sexual incluye pero no se limita a la violación sexual, sino que hay una serie de hechos, como el acoso callejero que también constituyen agresión, que son parte de esta situación general de violencia sexual y que deben recibir atención.

En segundo lugar, el análisis de la violencia sexual debe ubicarse en un contexto mayor de violencia y discriminación contra las mujeres que las pone en mayor situación de vulnerabilidad ante las agresiones: en un país en el que las mujeres tienen menos acceso a educación, salud y empleo formal, sus posibilidades de defensa y reclamo es menor. Y la situación es aún más grave cuando quienes tienen a cargo el cuidado de las niñas y niños los someten a estos hechos de violencia.

En tercer lugar, es fundamental una aproximación interdisciplinaria al tema, que no se limite al Derecho Penal, sino que debe incluir políticas públicas en salud y educación que contemplen tanto la prevención como la atención de los casos de violencia sexual.

En cuarto lugar, urge una política de tolerancia cero ante la violencia sexual, que pase por examinar los antecedentes de aquellos funcionarios y funcionarias que acceden al sector público; establecer protocolos de denuncia para los casos de violencia sexual en las instituciones públicas; sancionar a aquellos funcionarios que no reciban las denuncias de violencia sexual, entre otras medidas.

En quinto lugar, se hace necesario trabajar con los medios de comunicación, de modo que puedan difundir información sobre lo que significa la violencia sexual y cuál es la ruta de denuncia ante estos hechos, así como colaborar con su visibilización.

En sexto lugar, es fundamental el establecimiento de servicios de atención en salud física y mental para las víctimas, de modo que puedan entender que no tuvieron responsabilidad ni culpa en lo sucedido y puedan iniciar el proceso de reconstrucción de sus vidas.

La muerte de Vásquez Da Silva no cambia en nada la realidad de los hechos, es decir, que la violencia sexual es tan generalizada que no se la ve ni siquiera cuando pasa delante de nuestros ojos. No la vio el Director. No la vemos nosotros.

 

 

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