Por Giancarlo Palomino Cama analista de la Unidad de Psicología del Consumidor de PsychoLAWgy. Abogado por la Universidad Nacional Federico Villarreal.

En los últimos años, la economía colaborativa (sharing economy) quiere hacer del mundo un lugar mejor. Aplicaciones como Uber, Airbnb, Cookisto y ThredUP o páginas como Wikipedia o KickStarter han logrado cambiar la conducta de sus usuarios y se ha visto reflejada en la experiencia de consumo.

En efecto, una de las razones del éxito de Uber en Latinoamérica es la percepción de seguridad que ofrece a los usuarios. En una región donde la inseguridad es un problema y la figura del taxista se relaciona a delitos como el secuestro, el robo, la violación y la extorsión; la posibilidad de saber que los viajes de Uber quedan registrados y que el conductor se encuentra en constante supervisión hace que los usuarios puedan sentirse más seguros[1].

Sin embargo, ¿qué es la economía colaborativa? La economía colaborativa es un término paraguas que agrupa una multitud de fenómenos económicos, tecnológicos, sociales y políticos nacidos del auge de la Sociedad de Información[2] y la crisis económica sobreviniente del 2008 que tienen características en común:

  1. El uso de Tecnologías de la Información y Comunicación (TICs): Las TICs son herramientas que facilitan el uso y el transporte de información. Su característica más resaltante es su uso masivo por millones de personas, lo que hace que se acorten las distancias y conviertan al mundo en una “aldea global”.

El uso de redes, servidores y plataformas proporcionan a sus usuarios una constante información de acuerdo a sus intereses y que pueden ser adecuadas a las circunstancias del momento. El uso masivo de las redes sociales (Facebook, Twitter) por parte de la población jugó a favor en las elecciones presidenciales de países como Colombia, Estados Unidos[3] y Brasil.

  1. Redefinición del concepto de comunidad y vecino: La conectividad nacida de la disminución de la brecha digital ha logrado redefinir el concepto de comunidad y vecino entre las generaciones más jóvenes. Los millenials[4] tienen hábitos y se relacionan de manera muy diferente a sus padres y abuelos[5].

A menudo, tienden a tener mayor participación en foros, redes sociales y hacer grandes colaboraciones en proyectos comunitarios por medio del Internet sin tener la necesidad de conocer personalmente a nadie; lo único que los mueve son sus afinidades, intereses y estilo de vida. Wikipedia es un ejemplo claro de participación voluntaria: los artículos son redactados y editados conjuntamente por voluntarios de todo el mundo.

  1. Relaciones basadas en la horizontalidad. El uso de las plataformas digitales han logrado que la comunicación sea verdaderamente horizontal y democrática. Los intermediarios se ven invisibilizados y solo aparecen para resolver las controversias surgidas de las relaciones de consumo y el uso de servicios.

Un ejemplo de ello es ThredUP, que nació el año 2009. Es una plataforma de intercambio de ropa de segunda mano de hombre, mujer y niños. Uno se suscribe a la página, se paga una cuota y, en cuestión de segundos, se puede navegar por un mar de ropa usada[6].

Los usuarios no solo tienen la opción de comprar y vender simultáneamente entre ellos, también se tiene la opción del trueque y por último vender bolsas de ropa a través de ThredUP, quien establecerá un precio de salida según su calidad, marca y estado. Una vez que otro comprador se ha hecho con ellas, entonces el vendedor recibe su dinero.

En este tipo de relaciones, la reputación es importante.  Los usuarios pueden puntuarse mutuamente de acuerdo al nivel de sus interacciones. Los miembros de una comunidad  con un mayor número de críticas positivas respecto al estado de sus productos y la calidad de sus servicios obtienen un mayor reconocimiento; por consiguiente, refuerzan su posición en la plataforma. Esto tiene un efecto positivo: los miembros con mejor puntuación son más solicitados por los demás integrantes de la plataforma e incentivan a quienes ofrecen similares servicios a mejorar.

  1. La propiedad en debate. La economía colaborativa ha logrado que sus participantes reflexionen respecto a lo que en verdad les es “necesario” y se haya empezado a valorar la necesidad de compartir no solo para generar ingresos sino también como una medida para disminuir el derroche de recursos.

Los números cuentan, según la FAO “en los países industrializados más del 40 % de las pérdidas de alimentos se produce en la venta minorista y el consumo. Los consumidores de los países industrializados desperdician casi la misma cantidad de alimentos (222 millones de toneladas) que la producción de alimentos neta total del África subsahariana (230 millones de toneladas)”[7].

Eso nos lleva a preguntarnos ¿Se puede consentir tal desperdicio? ¿Qué pasa si alguien que vive en una calle cercana ha preparado más de lo que necesita y está dispuesto a compartirlo por un módico precio? ¿Te animarías a comprar? Aplicaciones como Cookisto o Share your meal[8] buscan combatir esta cultura del desperdicio mediante la experiencia de compartir los excedentes de comida entre los usuarios de una determinada zona.

Como vemos, las plataformas digitales no solo han ayudado a mejorar la distribución de los recursos sino que son una respuesta al pésimo servicio ofrecido por las empresas tradicionales, la excesiva regulación por parte del Estado y una progresiva desilusión frente al sistema económico actual al cual se ve como desigual y falto de oportunidades.

Sin embargo, ante todo debemos aclarar que la economía colaborativa en el fondo es un modelo de propiedad privada que es “compartida” por un número de usuarios porque no pueden disfrutar de un  producto o servicio.

Conclusiones:

Los desafíos a los que se enfrenta la economía colaborativa son múltiples. En primer lugar, debe superar las regulaciones impuestas al sector en el cual desarrolla sus actividades. Airbnb, un sitio de alojamientos para particulares, está en el ojo de la tormenta:  ciudades como Nueva York o Barcelona tratan de regular la actividad de esta plataforma dirigida a los alquileres de corto plazo debido a que “podrían restringir la oferta de inmuebles y volverlos menos asequibles en las grandes ciudades.”[9]

En segundo lugar, para que la economía colaborativa florezca, se necesita disminuir la brecha digital presente en nuestro país y eso solo es posible mediante una mayor inversión en la infraestructura de telecomunicaciones y de transporte. Según OSIPTEL el 56,4% de hogares peruanos cuentan con acceso a Internet, la mayoría de ellos concentrados en zonas urbanas[10].

Finalmente, no menos importante es generar un marco jurídico flexible que busque proteger al consumidor sin ahogarlo en la excesiva regulación así como el desarrollo de sistemas de pago confiables. Dicho esto, no solo está en manos de los  particulares el desarrollo de este fenómeno sino también es necesaria la participación del Estado para su ampliación.


[1] Dabdoub A. (2016). ¿Por qué la ciudad de México es la metrópoli que más usa Uber en el mundo?  noviembre 06,2016, de El País. Sitio web: http://verne.elpais.com/autor/alejandro_dabdoub_gonzalez/a/

[2]  Por sociedad de información se entiende como “El período de tiempo durante el cual tiene lugar una innovación de la tecnología de la información, se convierte en la fuerza latente de la transformación social, capaz de acarrear una expansión en la calidad de información y un aumento a gran escala del almacenamiento de la información. En: Masuda Y. (1984). La sociedad informatizada como sociedad post-industrial. Fundesco-Tecnos, Madrid.

 [3] Para una mayor información recomendamos leer a GONZALES J. “La base electoral de Obama, redes sociales reales y virtuales: Los casos de generation engage y moms for Obama”. En Revista de la Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas de Elche. Volumen I, Numero 6. Marzo del 2010, pp. 131-144.

[4] Se conoce como Millenials a aquellas personas que han nacido entre 1980 hasta el 2000. No existe un consenso claro respecto a las fechas de inicio y fin de esta generación.

[5] Diario El País. (2016). El consumo emergente de las generaciones más jóvenes. noviembre 06,2016, de El País. Sitio web: http://elpais.com/elpais/2016/10/21/media/1477070959_866858.html?id_externo_rsoc

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 [6] Ryan M. (2015). ThredUP, Seller Of Secondhand Clothes, Bags $81 Million From Goldman Sachs. noviembre 06,2016, de Forbes Sitio web: http://www.forbes.com/sites/ryanmac/2015/09/10/thredup-seller-of-secondhand-clothes-bags-81-million-from-goldman-sachs/#2bb7aaf738da

[7] FAO. 2012. Pérdidas y desperdicio de alimentos en el mundo – Alcance, causas y prevención. Roma.

 [8] Skarlatos T. (2013). Cookisto, una nueva forma de comer en Grecia. 06 noviembre,2016, de BBC Sitio web: http://www.bbc.com/mundo/noticias/2013/11/131019_salud_grecia_cenas_compartidas_en_finde

 [9] Pozzi S. (2016). Nueva York pone coto al negocio de Airbnb. 06 noviembre,2016, de Diario El País Sitio web: http://economia.elpais.com/economia/2016/10/21/actualidad/1477082409_035219.html

 [10] Semana Economica (2016). El 56.4% de hogares peruanos cuenta con Internet, según Osiptel. 06 noviembre,2016, de Semana Economica Sitio web: http://semanaeconomica.com/article/sectores-y-empresas/telecomunicaciones/192491-el-56-4-de-hogares-peruanos-cuenta-con-internet-segun-osiptel/

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