Por Omar Alejos estudiante de la Facultad de Derecho de la PUCP y miembro de Khuska, la comisión de Desarrollo Social de THĒMIS.

 

“Si nuestra dignidad se mantiene es porque nuestra dignidad consiste en luchar contra todo cuanto se oponga a que esa misma dignidad alcance a todos”[1]

 

En 1919 un grupo de estudiantes, liderados por el joven Víctor Raúl Haya de la Torre, publicaron un  manifiesto de reforma universitaria en el que se demandaba la necesidad de vincular el estudio y la investigación con la “realidad”, la vida académica con la vida nacional, en búsqueda de transformarla. En la actualidad, casi 100 años después, la nueva Ley Universitaria reconoce la responsabilidad social como un ámbito importante en la formación integral: el impacto que las acciones universitarias pueden llegar a tener en la sociedad.[2]

Nuestra casa de estudios nunca fue ajena a esta labor. La PUCP ha logrado caracterizarse, a lo largo de todos estos años, por su compromiso con la realidad social, evidenciado no sólo en su visión humanista, sino también en su rol activo de fomento y contribución desde la academia para con nuestra sociedad. Esto lo vemos materializado en la existencia, por ejemplo, de una unidad  académica  encargada  íntegramente  de  diseñar,  promover  y realizar  iniciativas  de responsabilidad social: la Dirección Académica de Responsabilidad Social (DARS) [3], y en los fondos concursables que dispone para proyectos organizados por alumnos y maestros. Sin embargo, no es solo la existencia de esta unidad la que demuestra el compromiso de nuestra universidad para con la responsabilidad social. Incluso podríamos decir que no es suficiente. Para entender a qué me refiero, analicemos primero qué entendemos cuando hablamos de responsabilidad social.

Siguiendo a François Vallaeys[4], “[…] la responsabilidad social es ante todo eso: un deber ético de internalizar las externalidades, una obligación moral y epistemológica…”. El autor sostiene que la mayoría de las instituciones tienden a encerrarse en sí mismas para poder construirse y autoafirmarse, en una suerte de burbuja, calificando a todo lo demás como “externalidades”. Es entonces que realiza un llamado para internalizar estas externalidades: “hay que considerar los impactos colaterales internos y  externos de dicha gestión, para la sostenibilidad tanto de la organización como de su entorno”. Esto es, si bien una institución necesita concentrarse en sí misma para poder formarse, esta no puede ser ajena por siempre a lo que sucede a su alrededor, ya que estas externalidades también repercuten en la propia institución y viceversa.

Entonces, llevada al campo de la universidad, ¿A qué nos referimos por responsabilidad social? Más que un conjunto de iniciativas, la responsabilidad social se constituye como aquella política institucional destinada a estrechar los vínculos entre universidad y sociedad, donde la atención de estas “externalidades” se convierte en un deber para una institución que se aprecia de su formación humanista e integral. De esta manera, el compromiso que asume nuestra universidad se da no solo desde sus iniciativas y proyectos socialmente pertinentes, sino también mediante su interpelación para atender la realidad que nos rodea, a la cual nos encontramos invitados de manera transversal en todos sus espacios.

En esa línea, ¿Cuál es la importancia de la responsabilidad social universitaria? La respuesta se encuentra en su propia definición. Lejos de constituirse como un mero acto de caridad, la responsabilidad social universitaria constituye una relación de doble vía, y no una cuestión vertical o unilateral. En primer lugar, implica la capacidad de indignarse por los problemas que afronta nuestra realidad social actual, la capacidad de sentir como el otro, vivir como el otro. En segundo lugar, conlleva  una actitud activa frente a la problemática identificada, hacer algo desde la posición que se tiene para colaborar en beneficio de todos. Así, la responsabilidad social universitaria permite, por una parte, poner a disposición de una comunidad las herramientas que permitan responder a sus demandas y ofrezcan oportunidades para su desarrollo. De otro lado, esta colaboración permite al estudiante ser partícipe de un aprendizaje único en su tipo, por medio del aprendizaje de una realidad distinta, la cual lo desafía y amplía sus horizontes.

Mi  experiencia  a  lo  largo  de  estos  años  como  estudiante  y  voluntario  me  ha permitido comprobarlo. En participar, en el concurso de ciudadanía de Estudios Generales Letras con el proyecto Construyendo Promoción significó un profundo esfuerzo de alrededor de un año: diagnóstico, investigación y largas  jornadas de planificación; sin embargo, la retribución fue inmensa al ser testigos de aquello que habíamos logrado. Ver la evolución en la actitud de los niños: cómo en un primer taller pocos se  atrevían a levantar la mano para participar, a un festival en el que todos intervinieron liderando su propia actividad, fue para nosotros un indicador de que algún cambio habíamos logrado. De igual forma, Khuska me enseñó que el derecho puede ser una herramienta muy útil para impulsar el desarrollo de poblaciones y comunidades con distintas problemáticas, pero unidas por el deseo de aprender y empoderarse.

En conclusión, la responsabilidad social cumple un papel fundamental en la vida del estudiante universitario, no solo porque le permite aterrizar y poner a disposición de los demás sus conocimientos y habilidades, sino también porque le otorga la oportunidad de transformar su indignación   en   una   iniciativa   de   acción   para   afrontar   las problemáticas   sociales.   La responsabilidad social implica valor y coraje para romper con la continuidad de las cosas y buscar cambios, demanda la esperanza de un mundo mejor a partir del esfuerzo y el trabajo, implica la convicción de poder educar para que la gente actúe por amor al otro. La responsabilidad social me deja una de las experiencias más valiosas hasta ahora en mi vida universitaria: ser partícipe del desarrollo de comunidades y el empoderamiento de sus integrantes.


[1] CISNEROS, Luis Jaime (2007). “La felicidad y la Universidad”. La Republica. Lima, 30 de setiembre de 2007. http://www.larepublica.pe/30-09-2007/aula-precaria-la-felicidad-y-la-universidad

[2] CUENCA, Ricardo (2004). “De la extensión a la responsabilidad: universidad y sociedad”. Mural de Estudios Generales Letras. Lima, año 11, número 16, pp. 29.

[3] Dirección Académica de Responsabilidad Social (DARS) de la PUCP. http://dars.pucp.edu.pe/quienes-somos/que-es-la-dars/

[4] VALLEYS, François (2008). “Responsabilidad Social Universitaria: Una nueva filosofía de gestión ética e inteligente para las universidades”. Educación superior y sociedad. Año 13, número 2, pp. 191 – 220.

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